La realidad no existe, evidentemente

Las paradojas de Zenón, ideadas para afirmar la doctrina de que las sensaciones que obtenemos de la realidad son ilusorias, permiten negar los fenómenos más evidentes. Incluidos los recortes en la sanidad ourensana. De hecho, la merma en el servicio sanitario sólo puede negarse ya apelando a Zenón de Elea, en ningún caso al razonamiento lógico. En la imaginación de Zenón, Aquiles proponía una carrera contra una tortuga. Convencido del triunfo, permitía que el animal tomase ventaja. Eso le impedía ganar la carrera, porque incluso para llegar al punto del que había partido la tortuga, antes debía alcanzar la mitad del trayecto. Pero si deseaba hacerlo, antes debía, su vez, llegar a la mitad de esa mitad, y antes a la mitad de la mitad de la mitad… Como puede intuirse, esta progresión continuaba hasta el infinito, con lo cual, según Zenón, Aquiles ni siquiera llegaba a empezar la carrera, al no realizar movimiento alguno. En la misma lógica, la merma de los presupuestos de la sanidad ourensana nunca podrán conseguir la merma en la calidad del servicio.

Entre todas las miserias de nuestra sanidad, como las esperas de ocho horas en urgencias, me conmovió la avería del ascensor de psiquiatría desde hace dos semanas, que obliga no sólo a subir en volandas a los pacientes sedados, sino las comidas de una en una por las escaleras. En materia de ascensores, después de todo, cuesta progresar. Hace sesenta años, Borges esperaba por la llegada del ascensor de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires, que hacía poco tiempo que lo habían instalado. Como no llegaba, la paciencia del escritor se desbordó, así que le propuso a la mujer que lo acompañaba: «¿No prefiere que subamos por la escalera, que está totalmente inventada?»

En este país tenemos algunos problemas para llamar a las cosas por su nombre. Incluso a aceptarlas. Es cierto que tampoco en esto somos especiales. Cuando ya la fama de Borges era más europea que argentina, porque en Argentina aún no lo reconocía ni dios, el escritor apareció un día por la biblioteca, y un compañero de trabajo que se entretenía con un volumen de la Larousse, y al que le costaba reconocer la realidad, le dijo: «Mira, Borges, aquí hay uno que se llama como tú». En nuestra sanidad tenemos la teoría de que la evidencia es sospechosa. Desconfiamos de las cosas que están muy claras. Algo que parece clarísimo es porque, seguramente, tiene mucho que ocultar. De ahí que la gerencia de la sanidad niegue la mayor, es decir, la existencia de la realidad.

(Publicado en La Voz de Galicia de Ourense)

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