Necesitamos mentiras nuevas, gracias

Es urgente: necesitamos nuevas citas y nuevas mentiras. Este país no levantará cabeza mientras tengamos a un señor como Gallardón que no para de citar a Azaña. Y no es el único. No tengo nada contra Azaña pero… aburre. Azaña aquí, Azaña allí, Azaña en el cocido… No podemos seguir remitiéndonos, cada vez que hay un discurso, a este señor tan culto, tan ingenioso, tan interesante, tan admirado, tan inteligente. Tan tan tan. Hay empacho de Azaña. No nos den más la paliza con él. Permitan que pase de moda y descanse. Hasta los muertos precisan reposo. No le pido la Gallardón, y a los que sufren su enfermedad, que rompan con Azaña de golpe y comiencen a citar, por poner un caso, a Clint Eastwood. No. Eso, no. Pero… ya que hablamos de Eastwood, y hablamos de gente cansina, podríamos citar una de las frases más afortunadas del cineasta californiano, cuando interpretó al sargento Highway: «Puedes pegarme. Puedes tirarme al suelo, incluso puedes escupirme y mearme. Pero por favor, no me aburras». No podría venir más a cuento. Una reflexión así nos permite conectar, sin estridencias, con la segunda necesidad que acusa este país. Precisamos nuevas farsas. Las actuales, aburren. Huelen. El ejemplo está en el incendio das fragas do Eume, enclave mágico de la naturaleza europea, hasta que lo arrasaron las llamas… y algo más.

No pido verdades, que alguien nos diga, desde fuentes oficiales, las cosas con ánimo de describirnos cómo son en realidad. No soy subnormal. En realidad, un poco. Ni siquiera pido nuevos embusteros. Valen los que tenemos. Pero sería preciso que incorporasen variaciones en sus trolas. Es hora de exigir falsedades de estrena, calientes, extrañas, que nos arranquen de esta escombrera y, si es preciso, nos trasladen la otra escombrera. El olor comienza a ser insuperable. Recuerdo cuando Estanislao Figueras, presidente catalán de la I República, dijo un día en un Consejo de ministros: «Señores, estoy hasta los cojones de todos nosotros». Josep Pla, en una crónica posterior, escribió que Figueras, al emplear aquel «nosotros», no había hecho más que demostrar su buena educación. No quiero extenderme más: citas nuevas y mentiras nuevas. Y a partir de ahí remontaremos.

Foto: El sargento de hierro, de Clint Eastwood (1986).

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2 respuestas

  1. Lo de Gallardón y su (h)Azaña huele a intento cutre de unir sus discursos a una palabra mágica. El contrapunto cómico, para explicarme, es el nombre de un monologuista que conocí el otro día: David Guapo, y sin embargo, su cara era extraña y sus ojos saltones. Un personaje ambiciona un polvo después de cada actuación, y Gallardón ambiciona ser recordado como héroe, más a lo Clint Eastwood. Amplificadas por los medios de comunicación, parece que la opinión pública acaba por convencerse de que las mentiras no son tal cuando se las repiten muchas veces.

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