¡Yo no soy el Mesías, coño!

Un país necesita mitos, saber que, en caso de ruina, algo quedará en pie. Cada época tiene su tótem. En la actualidad veneramos el AVE. No nos queda nada, ni Baltar, pero está llegando el tren rápido. No comprendía yo qué significaba esta infraestructura para Galicia hasta que reparé en La vida de Brian, de los Monty Phyton. La trama no puede resultar más simple: narra la historia de un muchacho que nace el mismo día que Jesucristo, y esa coincidencia hace que sean confundidos continuamente a lo largo de su vida. El film es una parodia de la filosofía mesiánica, en la misma medida que la devoción por el AVE, cuya llegada probablemente será posterior al entierro de la provincia, podría ser una pantomima.

Por seguir con los paralelismos, digamos que La vida de Brian tampoco estuvo libre de problemas de financiación antes de triunfar en las carteleras. Días antes del inicio del rodaje, el presidente de EMI Films, tras leer el guión, consideró que aquella historia era sacrílega, y se negó a pagarla. «No permitiré que la gente diga que me burlé del jodido Jesucristo», alegó. Sólo la clarividencia del exBeatle George Harrison salvó el proyecto. En la misma línea histórica, la alta velocidad ferroviaria encontró grandes trabas para arrancar, ya que antes de irrumpir en Galicia –dentro de unos cuantos anos– debía llegar al resto de España, como es preceptivo. Pero ahora parece un éxito imparable, efervescente.

Continuemos. Una de las escenas de mayor simbolismo de la película se produce cuando Brian, después de una persecución, desemboca ante una tribuna de oradores, durante una concentración de aspirantes a profetas. Obligado a hablar para pasar desapercibido, Brian propone varias verdades pseudo-religiosas. Como la gente necesitaba creer en algo, en el que sea, se rinde a su pies. Dos milenios después, en la hora en que todo se hunde, nosotros tampoco tenemos nada en lo que creer, excepto el tótem. Sin querer, Brian acababa de inspirar un movimiento religioso, por lo que fue aclamado como «el salvador».

No importaba que él no fuese el salvador de nada. Esa modestia lo hacía aún más admirado. «¡Yo no soy el Mesías, coño!», exclama desesperado Brian en un momento del film. Pero la multitud no escucha: «¡Ahí está! ¡Es él, el Mesías!» «¡Iros todos a la mierda!», declara harto Brian. «¿Cómo vamos a la mierda, Mesías?», preguntan, para su desesperación, entre la muchedumbre. Los individuos necesitamos creer. No soportamos el vacío. Cualquier cosa, con tal de llenar la bancarrota.

(Publicado en La Voz de Galicia)

Foto: La vida de Brian, de los Monty Phyton.

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