Nuevas ideas para vagar por el desierto

Arrojados al desierto de la crisis, para que busquemos agua en la arena, alguien ha tenido la magnífica idea de fabricar una ginebra, y abandonar las gilipolleces. Por fin. Tal vez esta provincia, contra todo pronóstico, aún tenga futuro. En otra cosa no, pero en la capacidad de la bebida para estimular nuevos descubrimientos, incluso crear sinergias, deposito cierta confianza. Yo estoy en la línea de los viejos economistas, que sostenían que dónde hay destilación, hay civilización. Una copa lleva a otra copa, y esta, a veces, a una nueva idea, que transformará la sociedad siguiendo la misma dialéctica de contagio.

Quizás aparezca, en una de estas, el gran poeta ourensano de la ginebra Entropía Gin, a semejanza de Gabriel Ferrater, que en los años sesenta se reivindicó como el gran poeta barcelonés de la ginebra Giró, un trago seco y aromático elaborado a partir de una receta original de 1860. Sobre su consumo, unas veces desaforado, y otras comedido, Cataluña vio brillar los versos más hermosos y las novelas más intensas de varias generaciones. Gabriel Ferrater no fue un caso aislado. Fue el faro que alumbró a sus coetáneos. La ginebra de Pedro Giró proporcionó puntos de luz a muchos autores catalanes. Un de esos instantes deslumbrantes se produjo durante los días de agonía de Juan XXIII, en el otoño de 1963. Juan Marsé, Gil de Biedma, García Hortelano y Jaime Salinas, entre otros, decidieron acompañar al pontífice en los estertores, lo que implicó no cambiarse de ropa ni meterse en la cama, y mantenerse sólo a base de ginebra Giró.

Urge distinguir entre alcohol y alcoholismo. Una sociedad próspera precisa bebida, y gente dispuesta a dar de beber a otra gente. Sospecho que la vida de esta provincia sería insoportable sin la existencia del vino, el aguardiente o el licor café, no tanto porque habría que ir a beber a otro sitio, como porque, a lo mejor, no existirían novelas como A Esmorga para leer mientras vagamos en el desierto. En una etapa compleja de mi vida quise ser alcohólico para parecerme a tipos infames como Brendan Behan, un caso inédito de alcohólico con problemas de escritura, o John Belushi, propietario del humor más explosivo que conocí. En realidad, quería ser Brendan Behan o John Belushi, a secas, pero ese plan planteaba ciertas dificultades. Lentamente, me curé de estas ambiciones. Pero sigo pensando que la sociedad, en dosis razonables, necesita bebida. Y si es del país, mejor.

Foto: Gabriel Ferrater.

(Publicado en La Voz de Galicia)

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