Mató al joyero. Y luego, disimuló

En cualquier sociedad, hay siempre un grupo de individuos apestados que no soporta las obviedades, muy inferior en número a los partidarios de que las cosas, cuanto más evidentes y simples, mejor para todos. En este bando consideran que nunca está de más subrayar ideas elementales, del tipo «vamos a hacer lo que hay que hacer», o «para salir de la crisis lo primero que haré será salir de la crisis». El mundo quiere simplezas, claridad. Tanta como sea posible. Caso contrario, pasa lo que sucede. No hay peor pecado que dejar a un paisano con una duda. Todo problema comienza por una incertidumbre, un titubeo, un hormigueo en el cuerpo. Si eso ocurre, podemos tener la certeza de que todo irá mal. Hay que atajar el problema antes de que explote. André Gide cuenta en Los falsificadores de moneda que lo importante en la vida es no dejarse arrastrar. Una cosa trae otra, decía, y después no sabe uno hacia donde va. «Conocí a un muchacho de buena familia –le dice un personaje a otro– que iba a casarse con la hija de mi cocinera. Una noche, entró por casualidad en una joyería. Mató al joyero. Y después le robó. Y después, disimuló. Ya ves a dónde llegan las cosas. La última vez que lo vi se había vuelto un mentiroso. Ten cuidado». No hay que complicarse con ideas abstractas, retorcidas, que para ilustrarnos exigen recurrir a su vez a otras ideas atravesadas. La filosofía es esta: una idea, y clara, pelada, por favor. A poder ser, vacía. Cuanto menos pese, más fácil será de transportar y propagar.

Las ideas duras, complejas, ricas, sugerentes, que lamentablemente obligan a pensar, acaban persiguiendo a uno durante mucho tiempo. Horas, semanas, a veces años. En algunos casos, toda la vida. Nunca olvidaré una tarde, en la planta de transformación cárnica en la que trabajaba, durante la que oí una de esas frases impenetrables que sabes que no pasarán en balde por tu vida. En el momento que la escuchas adviertes que te acompañará mucho tiempo, que tardarás años en descifrarla. Tal vez nunca la descifres. En un contexto que ya olvidé, alguien dijo de pronto: «¿Cuándo será lunes para volver el domingo a misa?» Se me grabó. Pasaron los días, vinieron las semanas… Ya transcurrieron tres años desde entonces. A veces creo que, por fin, agarré el significado. Pero sólo es un espejismo.

Foto: André Gide.

Anuncios


Categorías:Sin categoría

Etiquetas:, ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: