Heroes del cine western

Vamos camino de convertirnos en un género. Nunca un territorio ha sido más vulnerable a una metáfora. Puestos a elegir, abogaría por ser un western. Tenemos el desierto, tenemos los indios, disponemos de héroes…  Héroes a nuestro estilo, naturalmente. Pongamos que en el cine western hay dos modalidades de héroes. En primer término está el tipo que desenfunda su Colt y dispara más rápido. No acostumbra a fallar el tiro. La historia es amable con él y siempre lo recuerdan. En un plano más secundario encontramos esa otra clase de personaje que, después de recibir cuatro disparos, se arrastra por el suelo, consigue subir al caballo, cruza inconsciente las llanuras desérticas, y después de varias jornadas de cabalgadura, llega a Kansas City. En Ourense conocemos bien a este héroe. Está en nuestra idea de la épica. Nuestros políticos tienen todos media docena de balas alojadas en el cuerpo, y continúan cabalgando. Tal vez no crean en la muerte, en la línea del rey Gustavo Adolfo de Suecia, cuyas primeras palabras del testamento que escribió a los 92 años fueron: «Si algún día yo muero…»

Personalmente, tengo admiración por el Superdelegado de la Xunta, Rogelio Martínez. Es inmune a las balas. Se enfrentó a Baltar, y salió vivo. La Audiencia Nacional dictaminó que había defraudado fondos comunitarios, y se mantuvo en pie. Otro juzgado incoó contra él procedimiento del jurado por falsedad y malversación, y ni un pestañeo. Tal vez por eso es Superdelegado. No tanto porque tenga amplias atribuciones políticas, como porque sobrevive a toda hecatombe personal. Nuestros héroes quizás no sean grandes tiradores, pero cabalgan bien. En política lo más importante es no caerse del caballo. Me resulta inevitable no recordar la escena inicial de Hasta que llegó su hora, de Sergio Leone. Tres hombres duros, sin nada que hacer, castigados por el calor, esperan en el apeadero del ferrocarril a que ocurra algo. Nada especial, sólo algo. Como aquí. Cuando llega el tren, baja un solo hombre. Nadie lo esperaba, pero ahí está, tocando la armónica. «¿No me habéis traído un caballo?», pregunta. «Vaya, parece que nos falta uno», lamenta con cinismo uno de los anfitriones. Todo está en contra del forastero, como en el caso del Superdelegado, pero cuenta los caballos y dice: «Yo juraría que sobran dos». Un segundo después se produce un tiroteo. Hay balas para todos, pero el forastero se levanta y se monta en el caballo. Como nuestro Superdelegado.

Foto: Hasta que llegó su hora, de Sergio Leone.

(Publicado en La Voz de Galicia)

Anuncios


Categorías:Sin categoría

Etiquetas:,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: