Si necesitas lupa, entonces es un atraco

No sé usted, pero yo este martes estaba desesperado y me puse a pensar en el asterisco. Tal vez sea una gilipollez, pero aún así, creo que hay algo en él que… Según la Wikipedia, sus orígenes se remontan a la necesidad que tenían los tipógrafos de un símbolo con el que indicar las fechas de un nacimiento en los árboles genealógicos. Ha llovido mucho sobre los tipógrafos y sobre el asterisco. Incluso sobre los árboles genealógicos. Muerto de asco, acabé el martes pensando en las mentiras que la publicidad cuela en sus mensajes y que se redimen, precisamente, porque incluyen un asterisco que remite a la verdad, en letra más pequeña, pero en la que nadie se detiene porque no tiene una lupa. Si usted es observador no habrá pasado por alto la proliferación de asteriscos que invade la publicidad, en especial la que aparece en los medios escritos. No existe, si me aprietan, un anuncio pretendidamente impactante que al final no se corone con un asterisco, incluso dos. Se ha dado el caso de tres.

Los asteriscos tienen como misión remitir a un segundo mensaje, menos visible pero tan o más importante, que si lo lee creerá que los titulares de la publicidad no mienten, cuando en realidad mienten todo el tiempo y en grande. Si les sigue la pista y llega hasta su escondite, comprobará que las condiciones que harían verdadero el mensaje resultan leoninas. Un anuncio muy habitual en prensa es el de la entidad bancaria que ofrece, en grandes letras, un interés cojonudo para su dinero. Pero si sigue el asterisco descubre que el depósito mínimo para beneficiarse del interés es una cantidad que usted no tiene ni tendrá nunca, aunque la robe.

No menos común es el asterisco en la publicidad de las agencias de viajes. Cuando todo apunta a que viajará a mitad de precio, el asterisco dice que la ganga no incluye las tasas del aeropuerto, los impuestos, ni los cargos de emisión o resulta que la empresa se reserva el derecho de modificar las condiciones de la oferta, y en lugar de costarle la mitad, el viaje le sale por el doble. Como era martes, y estaba cansado, no me tomé el trabajo de buscar más ejemplos. Si le parecen pocos o irrelevantes, busque usted alguno más. Repito que era martes y no me dedico a la estadística profesionalmente. A mí me llegan dos casos para concluir que algo está generalizado y resulta evidente. Me ocurre como a Rosa Chacel, cuando en una ocasión un periodista le preguntó en qué obra trabajaba. Ella dijo que quería acabar una novela que se titulaba El pozo artesiano. El periodista inquirió de qué trataba la novela. Rosa, irritada, replicó: «¿Pues de qué va a tratar, criatura? De un hombre que camina por un campo y se encuentra un pozo artesiano».

Foto 1: Atraco perfecto, de Stanley Kubrick.

Foto 2: Rosa Chacel.

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