La literatura sólo es literatura

En algún momento del pasado había palabras e ideas frente a las que reaccionábamos como resortes. Pero también el lenguaje se domestica. Tal vez uno de los grandes descubrimientos de la gestión política no haya sido tanto la transformación de la realidad como la del lenguaje con el que nos referimos a la realidad. Si conseguimos dormir la comunicación es natural que a continuación, lentamente, se precipiten al sueño los individuos, que en un estado somnoliento siempre serán más vulnerables a la persuasión. Alcanzamos ya esa fase en la que cada vez nos afectan menos, en términos de repulsa, las decisiones que nos perjudican.

Envidio cuando Lugones y Borges, conocidos por el mal oído que tenían para la música, se ponían de pie cada vez que en un acto social sonaba un acorde por miedo a que pudiese tratarse del himno nacional. Aquí seguimos una dialéctica inversa, y cada vez que escuchamos determinados mensajes desfavorables para los intereses comunes, perseveramos en el asiento. En último término, hace falta estar cómodo para digerir los dramas. Ya nos han convencido de que la realidad no cambia en nada si modificamos la postura de estar sentado por la de estar de pie. Quizás por esta razón no ocurra nada si finalmente desaparece el Festival de Cine Independiente de Ourense. Sólo es una rama más del árbol. Hay más ramas. De hecho, hay más árboles. Este pueblo ha asumido con ejemplar resignación su otoño perpetuo.

En la teoría de instituciones como la Diputación de Ourense, el Festival de Cine sólo es cine, en la misma medida que la literatura sólo es literatura, y la música sólo es música. Nada que admita comparación con la trascendencia de la comida o el saneamiento, que son la clase de necesidades con la que en esta provincia comparamos la cultura. No es tanto una buena estrategia como un argumento bárbaro para retraer partidas presupuestarias de un lado y enviarlas a otro. Ni siquiera es una mala estrategia política. Sólo es una tragedia para una parte de la sociedad. En el peor caso, para la civilización entera. Nunca se sabe en que medida transforma a las personas una canción, un poema, una ópera… Keith Richards sostiene que el pelo es una de esas insignificancias en las que nadie piensa, pero que cambian culturas enteras. Nunca hay que despreciar el poder de una manifestación cultural. Eso que la Diputación considera una mamarrachada en comparación con un menú para quinientos comensales, es una semilla que explota en el futuro.

Foto: Keith Richards.

(Publicado en La Voz de Galicia de Ourense)

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