Nada bajo el vestido rojo

Esta semana, con una precisión obcecada, enfermiza, vi cruzar por la Alameda, a la misma hora, a una mujer vestida con gabardina y zapatos rojos. El lunes, el martes, el miércoles… así hasta el infinito. Me recordó a esa mujer enigmática que aparece fugazmente en varias novelas de George Simenon, de la que el narrador dice que «llevaba un vestido rojo y era evidente que no llevaba nada debajo». Pero esa insistencia de la gabardina roja y los zapatos del mismo color, esa irrupción en la Alameda a las diez y media de la mañana, cada día de la semana, la fidelidad del personaje, en fin, a la ropa y el espacio, me hizo pensar más que en Simenon, en Juan Filloy. Nunca he conocido a un autor más fiel a una pauta. Filloy vivió 106 años y todos los títulos de sus obras –entre las que hay novela, relato, ensayo, historia, poesía–  tienen siempre siete letras. Ni una más. Siete. Entre 1930 y 1997 se publicaron 27 de sus libros, de los que podemos citar títulos como Periplo, ¡Estefan!, Balumba, L´AmbigúOp Oloop, Aquende, Caterva, Finesse, Yo, yo y yo, La potra, Vil & Vil, Tal cual… Cada historia sigue su camino, pero todas comparten una pauta, un tic tac idéntico, que se abriga en todos los casos con la misma gabardina roja, aunque debajo lleve otra vestimenta. O ninguna.

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