La noche del bigote

¿Qué empuja a alguien a dejarse bigote? No me parece que se trate de un afán estético, o una maniobra en busca de la felicidad, el poder, tal vez el conocimiento. Demasiado evidente. A veces creo que el bigote no es sino el reflejo de un fantasma interior, el signo de que hay algo que nos persigue. Cierta manifestación de algo que no se ve, pero que nos conduce lentamente a la ruina. Naturalmente, esto sólo son conjeturas. Hay verdades que nunca se abarcan. En relación al bigote, así como al misterio de por qué algunas personas escriben, nunca he hallado una respuesta verdadera, perfecta, que me tranquilice y libere del peso de estas inquietudes. Algunas veces, ante el retrato de Faulkner, o la imagen de Nietzsche, o Charles Bronson, o Frida Khalo, siento que el bigote no es una propuesta externa, pública, sino sólo una fase de los estados turbios que caracterizan a una mente trastornada: desesperación, relámpagos de felicidad, angustia, huída, egoísmo, miedo, noche, muerte…

Foto: Charles Bronson.

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