«Soy el Sr. Lobo, soluciono problemas»

A mí me gusta reírme por no llorar. Es una extraña manía adquirida hace años. Extraña en el sentido, tal vez, que es extraño rezar y esperar que después suceda algo. Todos tenemos manías. Conozco a una profesora de matemáticas que lee a Faulkner el día 7 de cada mes. Nada es raro en materia de manías extrañas. Algunas veces también me río por reírme, porque hay algo que me hace una gracia de cojones, sobresaliente, incontrolable. Pasa poco. Cada día encuentro menos motivos para reírme por una buena razón. Cada vez que me río, pues, es porque existe una desgracia justificada, objetiva, de esas que convocan a cualquiera a la depresión. Estilo Bankia. No tiene porque ser ajena. En cierta medida, mis desgracias también me hacen disfrutar. Naturalmente, en un marco de moderación. Tengo tendencia –o quizás manía– a relativizar los problemas. Nunca me parecen bastante graves, lo que tiene una incidencia directa en la risa, que pierde protagonismo.

Cuando alguien acude a mí con un problema, yo siempre acudo a Pulp Fiction. Es decir, si el problema no consiste en un cadáver dentro de un vehículo, muerto en circunstancias desfavorables para mi amigo, le quito hierro. Malo será. Todo tiene solución. Incluso cuando el problema es un cadáver con los sesos desparramados por el habitáculo. Pertenezco desde los diecinueve años a la escuela del Señor Lobo, que en una de las escenas más inolvidables de Pulp Fiction sale en rescate de John Travolta, Samuel L. Jackson y Quentin Tarantino, incapaces de deshacerse de un fiambre con la cabeza reventada. Proporcionaba mucha tranquilidad oírle decir a Winston Lobo que si hacían lo que él decía y cuando él decía, todo iría bien. No entiendo cómo a estas alturas de la descomposición total en la que está inmerso el país, aún no hemos acudido a alguien que entienda algo del tema. Alguien que solucione problemas. Estilo Sr. Lobo. Esto comienza a parecerse demasiado a un coche en el que se ha disparado una pistola por accidente y la bala le ha reventado la cabeza al fulano que viajaba en el asiento trasero.

Foto: Pulp Fiction, de Quentin Tarantino (1994).

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6 respuestas

  1. Hola,

    estupendo Mr. Wolf, sí; si has seguido la (también estupenda) serie Breaking Bad, existe un personaje calcado del de Tarantino, de nombre Michael, que resuelve todo tipo de problemas, disuelve fiambres, borra huellas, cambia historiales policiales. Aunque no sé si Wolf y Michael, incluso juntos, tendrían capacidad de resolver esto. Un fuerte abrazo, Andrés.

    • Tal vez no hemos llegado a la fase en la que el problema lo resuelve el Sr. Lobo, sino Vincent Vega (John Travolta) y Jules Winnfield (Samuel L. Jackson), con sus armas del calibre largo y sus salmos bíblicos. Hay un momento, limpiando de sesos el coche, que un breve diálogo entre ellos resume la situación que vivimos nosotros:
      -Tengo un límite Jules, hay un tope en la cantidad de abusos que puedo aguantar, ahora mismo estoy como un coche de carreras y tu me estás forzando y sólamente digo, sólo digo que es peligroso forzar demasiado un coche de carreras, sólo éso, podría estallar.
      -Oh,oh,oh… ¿Tú vas a estallar?… pues yo me parezco a la puta bomba atómica cuando estallo ¡cabronazo! ¡Cada vez que mis manos tocan cerebro soy supermosca TNT, soy los cañones de Navarone! de hecho ¿¡Que cojones hago yo aquí detrás!? ¡el cabrón que recoge cerebros tendrías que ser tú!¡Cambiemos joder! ¡Yo limpio los cristales y tú te ocupas de los sesos de ese negro!

  2. El Señor Lobo era un hombre de bien (no era político, sólo tienes que oir su jerga), pero lo que más me gusta de su personalidad celuloide es que en ningún momento edulcora la realidad ni lo da todo por hecho hasta que no está hecho. Tanto cine bueno en nuestras retinas para que después no aprendamos una mierda (quizá solucionaran más dos negros empapados en crack).

  3. Todos sabemos que la gran frase de Pulp Fiction es precisamente aquella en la que el señor Lobo sentenciaba: “No empecemos a comernos las pollas todavía”. Esa merece un post, Xoán. Enhorabuena por tu blog. Ya estoy enganchado.

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