Hay días que da gusto ser un criminal

Hay una modalidad de contradicción, tan especial, que no resulta contradictoria. Son incoherencias, en cierto modo, plenamente coherentes. Si usted es entrenador de fútbol, y adelantando cuál será la actitud de su equipo en el partido del domingo sostiene que la mejor defensa es un buen ataque, incurre en una contradicción, pero sólo aparente. Si usted no es entrenador, sino un gánster, también se verifica que anticiparse y matar a sus enemigos es el mejor modo de defenderse para no caer ametrallado como consecuencia de un ataque rival anterior. Pero este tipo de contradicciones son rarezas del idioma. No siempre se es un gánster. Ni siquiera es posible jugar al ataque todos los domingos. En cambio, sí es común ser paciente de nuestra sanidad todos los días. En pocos ambientes como el sanitario los argumentos con los que pretenden disimular los atroces recortes se vuelven más irrespirables y groseros. En esta trasiego no hay cumbres, y cada día es posible dar un paso más allá. De hecho, avanzamos sin descanso, en una fiesta perpetua en la que nos vamos diluyendo en silencio y lentamente, como zombis, en la búsqueda del déficit cero, total, definitivo, cuyo instante perfecto se conseguirá con la desaparición de la sanidad tal y como la conocemos. Acaso la incoherencia más hermosa sea la difusión que adquirió la idea de que «menos es más». Es decir, el sueño de cualquiera contable, desde que existe la contabilidad. Produce gozo ver a los responsables de la sanidad decir que reduciendo el gasto hasta límites desconocidos, y gracias a una eficacia que acaba de inventarse, es posible que los pacientes estén mejor atendidos. Aquí la contradicción se mantiene fiel a lo que entendemos, desde hace siglos, por contradicción irrespirable y sofocante. Hay días que da gusto ser un criminal, aunque sólo sea por una cuestión del coherencia.

Foto: Johan Cruyff.

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2 respuestas

  1. “Y que no nos pongamos malos…”, decía esta mañana una mujer en el bus, que cinco minutos antes le había contado a su vecina que el mes pasado echaron a su marido y que estaban pensando irse a Sudamérica, pues ella también llevaba en paro 3 años (justo la edad que tiene su hijo el chico, que la echaron por preñarse por segunda vez y como le habían obligado a hacerse autónoma…).

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