Gente que mata por una ensaladilla rusa

No suelo hablar de comida. Pero la ensaladilla rusa es la ensaladilla rusa. Ha sido mi menú este mediodía. Se trata de algo más que comida. No entraré en su historia, ni en la de Lucien Olivier y el restaurante Hermitage. Cualquiera tiene una historia. Incluso el número cero. Diré que siento un respeto supremo por ella. No la respeto menos que una novela de Raymond Chandler o las Soledades de Góngora. Bajo su vulgaridad total se esconde una mecánica imposible de atrapar, como cuando Lorca, ya que hablamos de poetas, escribe «Con todo lo que tiene cansancio sordomudo / y mariposa ahogada en el tintero». No hay, probablemente, plato más elemental en su estructura, fácil de elaborar, pero al mismo tiempo impenetrable, misterioso, fugitivo. Tal vez no exista, o exista muy pocas veces, una ensaladilla rusa perfecta. Tengo un amigo arquitecto que desde los años 90 anda a la búsqueda de la mejor. Creo que mataría por encontrarla. Mataría a su pareja, mataría a Dios, mataría a quién fuera. Como dice Brian Donlevy en The Big Combo, «matar es muy personal». Le gusta tanto, husmea con tanta pasión por bares y restaurantes, que disfruta incluso cuando está nauseabunda. En el fondo, la vida va de buscar. Que más da qué busquemos. Como si buscamos unas llaves, hostia. Recuerdo un relato de Italo Svevo en el que el personaje protagonista, después de hacer el amor, preguntaba a las mujeres a las que seducía si conocían el secreto para preparar una buena ensaladilla rusa. Había otros temas, sin contar el silencio, que en el fondo es otra variante de la conversación, pero él se interesaba por la ensaladilla rusa. Cosas. Inexplicable. Cuando acababa el relato, el porqué de aquella cuestión desconcertante quedaba en el aire, en armonía con los misterios que, de por sí, ya esconde la ensaladilla rusa. Menos enigmática, pero apropiada para poner fin a esta diatriba, resulta la poesía de Gloria Fuentes: «En USA / no se usa / la ensaladilla rusa».

Foto: The Big Combo, de Joseph H. Lewis.

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3 respuestas

  1. La ensaladilla no tiene secreto, todo el mundo lo sabe ya, sólo sale buena si pasas las papas por el chino y hace más de dos semanas que no pruebas la de tu madre, esos dos factores, combinados, la hacen siempre inmejorable…

  2. Pues entonces siempre te saldrán perfectas (porque no hay comparación superior posible).

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