Al final juegan los mismos once cabrones

Existe un tipo de bancarrota –más emocional que económica– de especial aplicación a este territorio, que también es más un espacio sentimental que físico. En inglés el término que define esa quiebra es crack-up. Nadie reflexionó con tanta precisión sobre el crack-up como Scott Fitzgerald, que habla de dos tipos de golpes. El golpe que viene de fuera, y resulta visible en el momento, y la hostia que procede de dentro, que no se siente hasta que ya es tarde para tomar medidas. Ocurre mientras parece que no ocurre gran cosa. Este estacazo es lo que golpea en este país. Aquí nunca pasa nada, pero silenciosamente, por debajo, la estructura se debilita a diario. Galicia es, en tener fitzgeraldianos, un proceso de demolición que nadie detiene. Sólo le buscan nombres nuevos, como «deberes hechos» o «solvencia financiera», que después de semanas, minutos, son superados por la silenciosa realidad del crack-up. Esta carácter inevitable del mal lo definía con mucha gracia el ex entrenador del Madrid John Toshack: «Los lunes siempre pienso en cambiar a diez jugadores, los martes a siete u ocho, los jueves a cuatro, el viernes a dos, y el sábado ya pienso que tienen que jugar los mismos cabrones».

Hay gente con nervios templados que dice que sólo vivimos una mala época, que siempre vivimos una mala época, seguramente, pero que hay esperanzas. Admiro a esa gente. Es la clase de gente que más necesita el país, es decir, gente –como afirmaba Fitzgerald– con la «capacidad de sostener en la mente dos ideas contrarias al mismo tiempo sin que haya un desgaste en su funcionamiento». En la teoría de este especialista del fracaso, uno debería ser quien de entender que algo es irremediable, imposible, inviable y, sin embargo, decidirse a cambiarlo. Naturalmente, nada de esto tiene sentido si, a las lesiones que ya acusa el país, añadimos la destrucción del sistema educativo, que nos hace ser mejor de lo que somos. Es cierto que la educación nunca está en crisis. Sólo quiebra la fe de algunos en la educación. La educación, como tal, es un plan infalible. Eso lo sabía incluso Michael Corleone, que decía no necesitar matones, sino abogados. Tal vez exista esperanza, sí. Porque para acabar con las ansias de superar el crack-up que tienen los ciudadanos el Gobierno va a necesitar algo más contundente que su Plan de Demolición.

Foto: John Benjamin Toshack.

Anuncios


Categorías:Sin categoría

Etiquetas:, ,

2 respuestas

  1. No me hable del sistema educativo que estoy sensible, tengo las hormonas alteradas e igual escupo que se me vino el alma a los pies cuando me dijo una profesora de infantil que conozco que los padres de sus alumnos habían tenido que hacer una colecta para comprar un aire acondicionado para la clase de sus hijos de tres años, en plena Sevilla, oiga.
    ¿¿Cómo queremos que no nos salgan todos con ganas de coger un arma??

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: