Domina Perú, avanza Perú, ay Perú… gol de Chile

A veces, como esta tarde, aparece algún conocido al que hace tiempo que no ves y te cuenta que su vida es maravillosa. El trabajo maravilloso. La pareja maravillosa. Los hijos –los dos– maravillosos. El coche maravilloso. La salud maravillosa. Desconfías, obviamente, porque tú y las personas con las que te relacionas a menudo, no levantáis cabeza. Siempre a la cuarta pregunta. Esta gente continuamente feliz resulta deprimente. Apesta. No está bien decirlo, pero merecen todo tipo de mala suerte. En el fondo, la vida radiante que llevan sólo les está preparando el camino hacia una desventura sin fin. Acabará por ocurrirles como en aquella retransmisión radiofónica de un partido de la selección peruana, que cuenta Bryce Echenique: «Domina el juego Perú, avanza Perú, ataca Perú, ay Perú… gol de Chile». Tanta felicidad sólo puede traer calamidades. En cambio, los individuos que se arrastran por los días, y llevan consigo promesas de desgracias infinitas, son los que están en mejores condiciones para prosperar. Por esa razón, cuando el conocido acaba de enumerar los apartados en los que es inmensamente afortunado, tú no titubeas y afirmas: «Soy un hijo de puta fracasado. No tengo trabajo, ni pareja, solo un blog. Bebo más de la cuenta, tengo un coche que consume un 14, se me ha muerto el perro. Pero aparte de eso, todo maravilloso, igual que tú». En ese momento, el fulano no sabe qué decir ni cómo ponerse. Con suerte ya le has jodido el día. Tal vez se invierta la tendencia. Para ser feliz también hace falta ser un desgraciado.

Foto: Bryce Echenique.

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8 respuestas

  1. Mi abuelo (el de los motes) era un sabio de pueblo, tengo muchas de sus enseñanzas muy frescas en la memoria. Él también desconfiaba de la gente a la que todo le iba bien, y decía: niña, ¿ves a esos de ahí que están todo el día haciéndose carantoñas delante de la gente? Eso es porque a solas no se las hacen. No sé si será muy científico, pero me consuela.

  2. El término medio también es una cosa que me consuela mucho, aunque su frontera sea difusa, claro.

  3. Quién dijo que todo los consoladores no lo sean?

  4. Completamente, pero estará conmigo en que es en sí término medio (a no ser que sea de un tamaño excesivo).

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