Si eres una rata entonces eres alguien

Ya no se escriben crónicas célebres sobre ratas. Ni siquiera la metáfora de la rata funciona en la comunicación oral con el poder evocativo de antaño. Hubo un tiempo feliz en el que la rata era un signo, como el león, o la cobra, o el perro, o el águila imperial. Por no hablar del elefante o la mantis religiosa. Si eras una rata, las otras especies –en especial la humana– te rendían un respeto. Normal. Eras un rata, hostia. Tenías galones. Eso era como ser Vito Corleone, o Cleopatra o Alfredo di Stefano. Pero las ratas, con la irrupción de la ultramodernidad, se convirtieron en algo así como dinosaurios extinguidos. No recuerdo, por ejemplo, la última vez que me crucé con una buena rata en una buena novela. La rata conoció su gran momento narrativo con la literatura postindustrial. Lentamente se volvió un habitante urbano, con un puesto destacado en la comunidad. Las alcantarillas que siguieron a las grandes obras de saneamiento en las metrópolis sólo tenían un dueño: la rata. Después de ellas, aunque a mucha distancia, venían los parias. Eventualmente, un cocodrilo. La lectura de la trilogía USA, de John Dos Passos, me impactó por muchas razones, entre ellas por una escena –no recuerdo en cuál de las tres novelas que la forman aparece– en la que una banda de ratas le comía un brazo a un vagabundo borracho que se había caído en el muelle de una de las ciudades en las que transcurren las muchas historias sobre el fin del American Way of Life que narra Dos Passos. Las ratas, como metáfora de la miseria y el fin del patético sueño del hombre moderno, estaban por todas partes en El paralelo 42, 1919 y El gran dinero. Pero todo esto es historia. La prolongada dolce vita a que nos acostumbramos erradicó la influencia de la rata. Y agotó su metáfora. Vinieron otros iconos. Incluso vinieron los gatos, que asumieron el rol –de aquella manera– de los viejos roedores. Pero creo sinceramente que todavía hay esperanzas. Ayer coincidí con un ejemplar digno de John Dos Passos o Víctor Hugo, otro especialista en el tratamiento simbólico de las ratas. Yo salía del Mercadona cuando nos cruzamos. Era una rata negra, gorda, pero también era una metáfora exuberante. No en vano estábamos ante el Mercadona, sobre cuyas prácticas he oído contar cosas terribles, y en España, un lugar del que lo peor, supongo, está por contar. La rata ha vuelto. Viva la rata.

Foto: John Dos Passos.

Anuncios


Categorías:Sin categoría

Etiquetas:,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: