Rajoy se fuma un puro

Si eres presidente, y no puedes fumarte un puro cuando paseas por las calles de Nueva York, para qué cojones vale ser presidente. Yo diría que Mariano Rajoy ha viajado a la ONU no para defender la Alianza de Civilizaciones. Todavía recuerdo cómo se hacía pis en ella cuando la proponía Zapatero. Tampoco creo que se haya metido ocho horas  de avión para ser entrevistado por la dirección del Financial Times y menos aún para largar un rollazo podrido ante la Asamblea General de Naciones Unidas. Está clarísimo que Rajoy ha ido a Estados Unidos a fumarse ese puro. Y no me parece mal. Las cosas por las que merece la pena vivir, decía alguien tan duro como Raymond Chandler, al final son como «el brillo lejano de las alas de un insecto, a la luz de un sol mortecino». Es decir, un buen puro, en un día soleado, paseando frente al Radio City. El puro de Rajoy es una bella metáfora. Y una respuesta a esa foto que aparecía estos días en The New York Times, donde se retrata a los españoles como comedores de basura. El mensaje del presidente español no puede ser más nítido: no tendremos qué comer, pero miren que puros, cabrones. Sólo por mensajes como este, mamarrachos como yo somos seguidores de Mariano Rajoy. Superfáns. Nuestro presi sabe cómo pasárselo a lo grande. Es cierto que no sabe muchas más cosas. Sabe las importantes. La vida, hostias, son estos instantes ínfimos pero inolvidables, que engrandecen la nación. Entretanto no llegan, capeas la crisis como puedes, recortas, apaleas al personal con mentiras u ordenas a la policía que lo haga con sus medios. Después de toda esta mierda, un purito y todo arreglado.

Nunca se sabe de dónde va a uno a recibir una lección que lo vuelva mejor presidente, o simplemente mejor persona. Álvaro Mutis, por ejemplo, llevó su literatura más lejos gracias al tiempo que pasó en los billares. Un día le preguntaron qué aprendía un poeta en esos locales, y explicó que una especie de ritmo. «Hay que golpear la bola de forma que golpee a otra y a otra más, como las imágenes de la poesía. Uno menciona una cosa, pero al mismo tiempo está mencionando una o dos más. Todo un mundo, pues». No me atrevería yo a rebajar a anécdota ese paseo de Rajoy con un puro entre manos. Las grandes cosas no afloran sino de las pequeñas. En la vida, de algún modo, todo lo bueno empieza por un puro. He ahí la metáfora de Rajoy en Nueva York. En una ocasión le preguntaron a Thomas Mann qué gran proyecto se traía entre manos, y el escritor alemán respondió: «Por el momento estoy buscando un título, tranquilamente, sin pensar más allá. Ya veremos después». A su modo, Mann también empezaba sus mejores obras por un puro en una tarde de sol, camino del otoño. Después, sí, escribió La montaña mágica o Muerte en Venecia. Pero antes, una conquista insignificante, un detonador de placeres. Un puro, señoras y señores.

Foto: Fidel Castro.

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14 respuestas

  1. … y que manera de echar el humo. es un estilo que, de patético o pretendidamente señorial, no deja de darme miedo. es un personaje, a la par simple, a la par siniestro, pero inevitablemente fúnebre.
    en la imagen se efectúa una suerte de trasunto, devaluado eso sí, casi un espejismo, del ‘reservoir dogs’, pero en plan ibérico-desahogado en la gran manzana. ese hombre que gesticula sobre su propio cuello, el de barba que expele el humo, su acompañante con la vista absorta, aquel que mira cámara. una composición de cine de misterio, en la que, mientras ellos caminan relajados tras el trabajo hecho, al fondo suena el ‘que soy compañero, coño’ como leitmotiv.

    • Sí, el modo en el que te deshaces del humo es determinante para dejar claro qué clase de persona eres. No recuerdo ahora mismo qué autor afirmaba que a la mujer fatal se la reconoce en la manera con la que apaga el cigarrillo en el cenicero. Vista la foto, coincido en que hay cierto hálito a “Reservoir dogs”. Hasta estaría dispuesto a creer que entre el pantalón y la espalda Rajoy acomodaba una pistola. Es mucho decir.

  2. ¿Y qué pasaría si, en vez de fumar el puro se arrodillara en plena y concurrida calle y se pusiera a rezar? Yo creo que los asesores de los presidentes nunca son gente imaginativa.

  3. Estoy tentado de escribir un ensayo que lleve por título “Como fumar un puro y no parecer un facha deleznable”. Pero es que yo no fumo.

    • Cuando mis padres olían mi ropa, incluso mi habitación, y apestaba a tabaco, yo le aseguraba y les juraba que no fumaba. El tabaco admite todas las mentiras posibles. Y las ideas no menos, de modo que si lo desea también podrá hacerse por facha, o por comunista, donde también se fuma de puta madre, aunque en otro estilo.

  4. En el fondo no es sino un juicio de apariencias. El puro vende mal. Si hubiera estado paseando fumándose un Ducados, no habría ni foto. Pero el puro escandaliza porque es símbolo de opulencia. Prejuicios, demasiados prejuicios.

  5. Yo pertenecería a una religión así. Y si el profeta fuese Mariano Rajoy me volvería sacerdote

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