Ningún libro se puede resumir

Sólo hay un momento crítico, insuperable para un escritor, y llega cuando alguien le pregunta: «De qué va la novela», o «cuánto tardaste en escribirla», o «a qué dedicarás los 6.000 euros del premio». Mamarrachadas, sí, pero mamarrachadas capaces de destruir tu reputación. Da igual qué respondas. A la luz de las preguntas ya eres el imbécil del año. Por suerte, son pocos los autores que no sufren en algún momento de su carrera una entrevista así. Eso, aunque parezca que no, proporciona cierta felicidad. En realidad, todo este descrédito al que uno se ve sometido por hacer frente a preguntas pánfilas, podría evitarse si el escritor se limitase a no decir nada de su libro. Un autor expresivo también puede ser un individuo que calla. No deja de haber elocuencia en las maniobras silentes que suceden a la escritura. Mantengo la teoría de que los autores no tienen gran cosa que decir en relación a sus textos. Sigo al pie de la letra la norma de Jean Echenoz, que sostiene que «un libro no se escribe para después hablar de él, sino para no tener que hablar». En caso contrario, puede aparecer un periodista, que sin tiempo ni ganas de leer la novela, te propone: «Y dime, ¿qué ropa vistes para escribir?».

César Aira maneja la convicción de que la relevancia de un escritor viene dada por las preguntas a las que lo someten durante la promoción de sus libros. Cuanto más destacado es un novelista más simples resultan las preguntas. Al principio de su carrera era común hacer frente a cuestiones como: «¿Qué opina usted del estructuralismo?», o «¿Qué rastro han dejado en su narrativa las vanguardias francesas de principio de siglo XX?». La dificultad que convocaba el periodista en sus interrogantes era síntoma de que lo tomaban por un escritor del montoncito, del que nadie se acordaría a la vuelta de unas semanas. A medida que su carrera se consolidó, Aira comenzó a tomar conciencia de que lo respetaban porque las preguntas cambiaron de tono: «¿Escribe con ordenador o a mano?», o «¿Tiene miedo al folio en blanco?». En los últimos años advierte que su prestigio ha dado un salto de gigante, a raíz de preguntas como «¿Está casado o soltero?».

En última instancia, uno puede responderlo todo, aunque pagando cierto precio. En el camino de la entrevista, de hecho, hay que afrontar imposibles, como resumir en un puñado de palabras eso que te ha llevado un año, tres, seis escribir. Ninguna novela, ningún poema, por breves y simples que parezcan, se pueden resumir. Es imposible. ¿Quien emplearía diez años escribiendo un libro que se puede simplificar en cinco minutos de charlatanería? Enrique Vila-Matas cuenta la historia de un amigo escritor que cuando le preguntan de qué trata su novela, responde muy brevemente, resumiendo a la perfección: «De todo lo que va escrito en ella». Es una tarea absurda intentar el resumen de tu novela. Nunca acertarás del todo. En ocasiones, trata de algo muy distinto a lo que tú habías presumido, cuando no lo opuesto. Después de todo, tú sólo la has escrito.

Foto: Enrique Vila-Matas.

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14 respuestas

  1. Yo confieso: lo escribo y lo olvido, es como un exorcismo. Muchas veces mis amigos, que son los únicos que me leen porque no he publicado nada de momento, me preguntan por un personaje o un capítulo y me sorprendo mucho: ¿yo he escrito eso? Já!

    • No está de más que de vez en cuando nos sonrojemos con las cosas que escribimos. Yo he llegado a ponerme de color azul, después de pasar por todas las gamas de rojo. Le permite a uno no seguir empeorando.

      • Lo malo es cuando uno lee lo que escribió y se dice: joder, ¿así era capaz de escribir yo? ah, el cambio no siempre es bueno, los best sellers (y Reverte, acuérdese, aunque usted nunca lo abra) empeoran nuestro estilo y hace ya demasiado que leímos a los rusos, acuérdese.

  2. ¿Y qué preguntas le hacen a usted?

  3. Permítame la maldad. ¿”Escritor en paro” no es redundante en sí mismo?

    • Sí, es usted muy malo, algo cabronazo.

      • Lo redundante es escribir gratis. Si una pequeña parte de los seis millones de parados se dedicase a escribir en poco tiempo tendríamos un problema de superpoblación en la literatura, y habría tanta gente escribiendo gratis que España acabaría desapareciendo del mapa, como la Atlántida. Por supuesto esto no pasará; una cosa es estar en el paro y otra estar loco.

        Que siga usted tan bien, Tallón.

      • Si una parte de los seis millones escribiese nos iría fatal, y si leyese no quiero ni pensar cómo le iría al Gobierno. De pronto, seis millones de tipos con la cabeza emancipada. Creo que moriríamos de éxito, y también seríamos una Atlántida. Bienvenido, amigo Marcos. Le vigilo a diario.

  4. Ya hay quien escribe gratis. Mire si no las ofertas de amazon para bajarse libros por 0,50€. Si eso no es lo más parecido a escribir de balde, ya me contará. Yo no me arriesgaría a poner un pie en esa literatura. Sobre todo porque por puro cálculo estadístico, puedo caer en las garras de un joven Wittgenstein. O un nuevo Javier Marías. Horror.

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