Se acabaron los sorbos

Me infunden mucho respeto, desde siempre, las personas fieles a sus aborrecimientos. Hay odios muy sanos. Respiras por ellos. No imagino cómo podríamos sobrevivir a la vida diaria sin nuestras alergias personales, como cuando se te atragantan el brazo de gitano, Javier Marías, la falda plisada o el Gobierno. Te conviene recordar que la vida diaria se divide en veinticuatro horas, y que cuando no es el brazo de gitana son los garbanzos, y cuando no es la falda de pliegues es el pantalón de pinzas. Naturalmente, si no es el Gobierno es la oposición. Un horror. Siempre hay que odiar algo. Hay un instante desgarrador en Suave es la noche, de Scott Fiitzgerald, en el que Dick Diver sostiene que «a veces resulta más difícil privarse de un dolor que de un placer». En mis horas muertas, cuando todo me resulta muy triste y divertido, a menudo recuerdo a Joao José, un vecino de origen portugués que me surtía con las historias de su familia para proveer el insomnio. Todas transcurrían en Trás-os-Montes. En una ocasión me relató la vida de su tío Serafín. Era un tipo tranquilo, incluso aburrido, aunque con un pronto bonito. Una noche de mayo, en medio de tanta felicidad, mató a su suegro. «No era de los que reaccionaban a capricho», según Joao. «Nst nst», negaba. Ese día simplemente lo fustigaron por encima de lo que podía soportar su ilimitada paciencia, y se

cuchillo1calentó. «Le llenaron los huevos». Hay cosas que no se planean y pasan. Te sobrevienen. La sorpresa les otorga toda su superioridad. «Lo buscaron y, como acostumbra a decirse, lo encontraron».

Las cosas, según las recordaban en la familia, sucedieron así: era domingo y la mujer de Serafín propuso pasar el día en casa de sus padres. Su marido no quería discutir y dijo que sí. Dijo que sí por contentarla, porque si tenía que ser sincero, los padres de Esmeralda no eran santos de su devoción. Un fin de semana consiste a veces en ir en tu contra. Sólo puedes soñar con que al siguiente cambie tu suerte. Llegaron a las siete de la tarde. El señor Ferreira estaba en el jardín, leyendo el Jornal de Noticias, tumbado en la hamaca y bebiendo un vino blanco. Empezaron mal porque entró Serafín, saludó y nadie le ofreció una copita de nada. Ni una mierda de cerveza. Afortunadamente, sabía dónde estaba la nevera y había llevado consigo su propio periódico, así que cuando vio que la cosa no prometía buscó la otra hamaca y se acomodó. A las nueve Doña Amândia anunció la cena. Serafín se sentó enfrente del señor Ferreira.

En el primer plato ya las cartas quedaron boca arriba. Había sopa de pescado y el señor Ferreira no sabía comerla si no era sorbiendo. Aquel hombre no sorbía de cualquier manera, explicó Serafín a Joao pasado un tiempo. En realidad, seis semanas después, desde la cárcel. Serafín aborrecía los sorbos por encima de todo. Era su odio íntimo. No tenía otro. Y el señor Ferreira sorbía como un aspirador, como si sorber fuese su hobby secreto. Fffff. Cada cucharada era un espectáculo. Fffff. A su yerno se le retorcían los nervios con aquellas succiones estrepitosas. Hacían vibrar las copas en la mesa. Fffff. Qué asco. Serafín se descomponía en silencio, para sus adentros. «No hablábamos de un sorbo puntual». Eran sorbos todo el tiempo, absolutos. Ffff. Fffff. Fffff. En realidad, eran campanadas a difunto. Serafín perdió el control. Enloqueció. Ffff. Por si fuese poco, el señor Ferreira había pedido otro plato de sopa. «Al parecer estaba espléndida». Y de nuevo a sorber. Cuchara, plato, boca, ffff. Cuchara, plato, boca, ffff. Reiteradamente fffff. El segundo plato trajo el desenlace. Había espaguetis y se repitió la partitura. Ffff. Ffff. Ffff. Insufrible. Ffff. Ffff. Serafín no aguantó más y tomó el cuchillo. «Aquí se van a acabar los sorbos, me cago en la virgen», anunció mientras rodeaba la mesa.

Foto: Psicosis (1960), de Alfred Hitchcock.

Anuncios


Categorías:Literatura, Vida diaria

Etiquetas:,

9 respuestas

  1. Ya en cierta ocasión le dije que eso de los sorbos lo tolero, porque hay que reconocer que la sopa sabe mejor si se sorbe, hostias, otra cosa es que una tenga buena educación y no haga ruido cuando hay otra gente delante, pero en la intimidad, mi cocina es un festival, se lo aseguro.

    Hoy no puedo hacerle un top Five de las cosas que más odio, porque se me quedaría muy corta, se ve que son muchas las boyas que me sostienen a flote y yo sin enterarme, pero voy a proponer una solo, que ara mi es más graves que su fijación por la sopa:

    -Que la gente apure su gintónic más de cinco veces. Realmente odio esa froma en la que el hielo que queda choca contra el labio superior del bebiente y sabes que él o ella saben que no hay donde rascar. ¿No ves que lo que bebes ahí es agua del hielo ya derretido? No seas una puta rata y pide otro, no te quedes ahí esperando que lo pida yo, mierda.

    Entenderá usted que yo saque el machete por esto y perdone lo de la sopa, ¿no?

    • No sólo la entiendo, sino que además no la entiendo: por qué es fijación por el cinco. Por qué esperar a la quinta maniobra succionadora. A esa gente que intenta obtener ginebra de donde no la hay sólo hay que darle margen para una segunda oportunidad. A la tercera ocasión, zas!!!! No me pida que le explique “zas”. Imagine.

  2. Fíjese si escribí esto indignada que me dejé atrás múltiples erratas, el wordpress es una mierda, no me deja corregir una vez le doy a enviar…

  3. Como me reconforta constatar que somos bastantes los náufragos sostenidos gracias a
    las protectoras tablas del rebote que nos evita ahogarnos de la sofocante contención a que
    nos obligan las buenas maneras, o la cristiana resignación.Mis hijos le llaman los brotes d nuestra madre, que “disfrutan y sufren entre escandalizados y jocosos. Es uno de´los legados de la genética por parte de padre.. era un hombre pacífico y discreto al que sacaban de quicio algunas chirriantes miserias cotidianas que solía sufrir hasta que “le llenaban los huevos”. Una de estas era la mala baba estridente de una administrativa con la que trabajaba, que además, o mas bien por ello, gustaba de tocar las pelotas a sus compañeros, inclinación a la que , quien sabe, contribuía su pequeña estatura. Un día, especialmente iluminado de la tal eficiente concertista testicular, mi padre soltó el brote
    llevado de dos mil diablos, y ante el asombro de todos los compañeros le lanzó una Olivetti
    que sobrevoló la cabeza de la señora, y se estrelló contra la pared salvándome de una precoz orfandad. En cuanto a los sorbos,prefiero los de la sopa a los de los mocos…

    Eugenia

    • Pero me está proporcionando usted una historia maravillosa! Olivettis por el aire!!! Yo le tiré una vez una naranja a mi abuela. No le di. Bueno, mejor. Me hubiesen ingresado en algún reformatorio. Pero una máquina de escribir dice mucho a favor de su padre. Y me proporciona una idea muy exacta de la calaña de la compañera de trabajo que lo exasperó. Sinceramente, un hurra por su padre. Acaso solo le reprocharía la mala puntería. Con una Olivetti no se puede errar el tiro.

  4. Gracias. En atención a su generosidad, algún día le proporcionaré másmaterial para historias maravillosas, si bien sospecho que lo hace sólo por animarme. No se imagina
    mi estado de ánimo desde que supe que había fallado.Siempre pensé que hubiera sidomejor lanzarla a ella contra la Olivetti, hubiera sido un tiro con más swing.Pero como ya le conté era un blando

    • Un blando dispuesto a perder la cabeza durante un segundo de su vida. Eso, en el fondo, es ser un duro. Yo siempre he querido ser un tío con “pronto”, capaz, en un instante de tormenta y lucidez, de arrojar a alguien a la chimenea. Pero no. Me tengo que conformar con arrojar naranjas.

  5. Una vez más, mi felicitación. Hay crímenes que, de tan absurdos, son verdaderamente terroríficos. Este de Serafín hubiera entrado por méritos entre los “Crímenes ejemplares” recogidos por Max Aub, al estilo de aquel “Lo maté porque era de Vinaroz” (el verdadero microrrelato más corto jamás escrito en castellano), o de aquel otro individuo que no soportaba la paella y ante los requerimientos de la patrona: “un poquitín más”, decidió acabar con ella. Yo siempre había pensado que estas cosas eran poco más que literatura hasta que un día mi trabajo de entonces me llevó hasta una dependencia judicial, y me dio por hojear una sentencia abierta frente a mí, en la que a un tipo le había ido de un milímetro de morir degollado, simplemente porque en el lugar donde decidió detener su auto, un individuo estaba convencido de que iban a aterrizar los marcianos. De poco le sirvió haberle seguido la corriente al pirado, que le había ordenado que se levantara las perneras de los pantalones para comprobar si tenía vello en las piernas.

    • Yo me hubiese dado por satisfecho -más que satisfecho- en esta vida si hubiese podido ser yo el autor de “Crímenes ejemplares”. El caso que citas es uno de mis preferidos, junto a otros cincuenta. Por ir sólo a los muy breves, ¿te acuerdas de?:
      “-¡Antes muerta! -me dijo. ¡Y lo único que yo quería era darle gusto!”.
      “Lo maté porque estaba seguro de que nadie me veía”.
      “Lo maté porque, en vez de come, rumiaba”. (Este se parece al caso de Serafín):
      “¡Que se declare en huelga ahora!”.
      “Lo maté porque bebí lo justo para hacerlo”.
      “Tenía el cuello tan largo…”
      “Lo maté sin darme cuenta. No creo que fuese la primera vez”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: