Pase sin llamar

Nunca puedes estar seguro de qué vas a encontrarte al otro lado de una puerta cerrada. Mike Tyson compartía estos días el recuerdo dichoso de una tarde de 1988 en la que llegó al apartamento y, al franquear la puerta, tal vez pensando que era feliz, descubrió Tysona su esposa, la actriz Robin Givens, follando a todo trapo con Brad Pitt. «Deberíais haber visto su cara cuando me vio», rememoraba el exboxeador en una entrevista. Nos hacemos una idea, Mike.

A menudo hay un momento en tu vida en el que aprendes que conviene llamar varias veces antes de empujar una puerta y hacerte ver. Me refiero a un momento crítico, turbador, sin retorno, escenario de esa clase de experiencia que, en el instante de suceder, te parece la puta peor experiencia de tu vida. Mi amigo Benito suele referirse a la dramática tarde que su madre entró en el dormitorio, calculando que el hijo estaría estudiando para un examen de matemáticas, y lo descubrió haciéndose la primera paja de su vida. ¡Menudo debut! Creo que la historia de la puerta está muy unida, en alguna medida, a la del pene. En casos excepcionales, como en El resplandor, también a la amenaza de muerte. En mi caso, no recuerdo haber expuesto la chorra a grandes contingencias. Soy algo cobarde. Tampoco creo que sea lo peor que pueda pasarte. Gracias a que con el tiempo las grandes humillaciones se vuelven grandes relatos, ahora puedo contar cómo fue mi primer día de trabajo en un gabinete de prensa. El primer día, a primera hora, es el momento que eligen tus nuevos compañeros para alertarte de la clase de hijo puta que es tu jefe, el secretario general. Tú te dejas impresionar porque es el primer día, precisamente. Lo que menos deseas es pisar en falso. Agradeces el background. En sólo dos horas, un jefe que te parecía cercano y agradable pasa a ser, con la nueva planilla, un fulano peligroso.

Eres tan aprensivo que, en cuanto tienes un minuto de tranquilidad, vas al baño. Cosas de los nervios. Inopinadamente, sucede algo atroz. Una buena mañana se convierte en una mañana terrorífica. Recuerdas a Benito, a su madre, su pajilla. Ojalá te hubiese pasado a ti eso en lugar de abrir la puerta y ver a un tipo sentado en el inodoro, leyendo la revista Tiempo, con los calzoncillos en los tobillos. Paralizado, lo miras, él te mira a ti, retrocedes, te disculpas, cierras la puerta. Sudas hielo. Piensas: Hostia, Tallón, tu primer día y sorprendes a tu jefe en el váter. Las siguientes horas son, en efecto, las putas peores horas de tu vida. ¿Cómo vais a reaccionar cuando os crucéis? Te pasan mil cosas por la cabeza. Ves la escena una y otra vez: la postura del secretario general, la revista, las piernas blanquísimas, los calzoncillos… Intercalas sonrisas y lágrimas. En pleno desasosiego, te acuerdas de Gene Tierney en Laura, de Otto Preminger, cuando reprende a otro personaje por entrar sin llamar: «¿No has oído hablar del último descubrimiento de la ciencia… el timbre?».

Foto: Mike Tyson.

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Categorías:Cine, Vida diaria

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8 respuestas

  1. Eso no es nada, yo vi a una profesora de instituto sacándose un tampax, oiga, porque una compañera abrió la puerta del baño para mirarse en el espejito, y flash, fue un flash, y lo que nos costó sacar nota, ni se lo imagina.

  2. Le felicito por su entereza ante la inesperada ducha que lo amenazó este domingo,su nivel de ciudadan,ia es admirable; sólo hubiese faltado que invitase al incontinente joven a compartir el martini.La historia de su amigo Benito me enternece, que quiere que le diga, y me trae al recuerdo un momento memorable que viví hace años ya, con un querido amigo y compañerode profesión en aquel tiempo. Estábamos ambos de guardia ante un aula de bulliciosos alumnos con los que el mantenía una muy cordial relación. Uno de ellos con aire preocupado le mostró sus reservas a raiz de las amenazas que el cura de religión había vertido sobre sus ingenuas cabecitas. Incluso les había prevenido aerca del riesgo de quedarse enanos. Mi amigo, grande donde los hubiere, miró al atribulado chaval con gesto
    desafiante y le respondió:”Tú me ves, pues esta aula no llegaría para contener las pajas que me evhé en mi vida.” El d,ia que sorprendí a uno de mis hijos en tan ardua tarea, decidí cambiarlo a una habitación más amplia. Y con pestillo.

  3. jajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajajaajjjjjjjj
    ay, que me ahogo…
    ¡Qué lunes nos regalas, Juan!, Te estás jugando que un buen día decidamos tenerte como tenía Gala a Dalí, secuestrado, encerradito en un cuarto y escribiendo a golpe de látigo.

  4. Yo sólo me pregunto cuánto de suculenta estaría la tal Robin Givens para que Brad Pitt se la jugara de esa manera. Lo último que a mí se me habría ocurrido es dejar un mínimo resquicio para que un boxeador como Tyson me cazara con su mujer. Es una forma de rifar tu cara bastante gratuita. Y todo por un mísero polvo. ¿Mísero?
    Leer la revista Tiempo en el w.c. es muy apropiado. No se me ocurre otro contexto. Hay publicaciones que ni para el excusado sirven.

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