¡Quieto todo el mundo!

En uno de los alegatos más famosos a favor de la estabilidad, Pike Bishop, en Grupo Salvaje, le dice a uno de sus socios, mientras éste apunta a los empleados del banco con el revólver: «Si se mueven, mátalos». La frase convoca a la tranquilidad. No es, en realidad, una simple frase, como cuando dices «esta mañana dejé de fumar» o «me voy a hacer una paja». Se trata de una doctrina de hondas raíces. Hay gente que agradece, cuando tiene una pistola en la mano, la calma por encima de todo. El movimiento la pone muy nerviosa, y no hay necesidad. En este país, a nuestro estilo, naturalmente, también poseemos esos sólidos dogmas. ¿Por qué, sino, aún seguimos jugando a la brisca o al cinquillo los domingos por la tarde? Somos individuos serenos, fuera de tiempo, que con el movimiento experimentamos cierto malestar. Necesitamos que el futuro se parezca al pasado, y sobre todo, que el presente se esté quieto.grupo salvaje Eso es básico. Se trata de la versión sociológica de aquel «niño, no jodas», que de pequeños nos dirigían cuando molestábamos. Pongamos que aquí sólo pasan aquellas cosas que sólo pasan cuando no pasa nada.

En estos meses y años ha habido crisis, austeridad, recortes, huelga general, más crisis, más austeridad, más recortes, más huelga general, y entretanto elecciones, nuevos gobiernos, otra vez elecciones, gobiernos viejos, discursos y, después de toda esa mierda muy resumida, nada nuevo. Transcurridas todas las cosas que han pasado, todo continúa igual: la misma política, las mismas caras, la misma oposición, los mismos versículos… Lo viejo es ya la única novedad que podemos permitirnos. En esta revolución por falta de revolución que acometemos, en la búsqueda de transformar el país por la vía de no tocar nada, nos gustan de vez en cuando presumir de que, en el fondo, no estamos tan mal. Hemos acomodado nuestros sueños a nuestras posibilidades, como en ese spot de la lotería en el que los personajes sueñan con cosas tan aburridas y accesibles cómo levantarse de la cama y encontrar las zapatillas, abrir la puerta del salón y descubrir el sofá…

En otros sitios, como nos recuerda de vez en cuando nuestro presidente, ni siquiera pagan lo que deben. Nosotros, por fin, hemos aprendido a no gastar lo que no tenemos. Es difícil, en ese sentido, estar mejor de lo que estamos. Ya nos parecemos mucho a Bill Shankly, aquel gran entrenador del Liverpool, que cuando no tenía nada bueno que hacer, esos días tranquilos en los que permanecía en casa tumbado en el sofá, absolutamente quieto, disfrutaba mirando hacia el fondo de la clasificación de la Premier League para ver cómo iba su odiado Everton.

Foto: Grupo salvaje (1969) de Sam Peckinpah.

Anuncios


Categorías:Cine, Fútbol, Política

Etiquetas:, ,

5 respuestas

  1. Recordé el texto suyo aquel de la señora ajetreada dentro de una tienda vacía y sin clientes; el del ventilador encendido -que intriga tengo aún al respecto.
    Tenemos una clase dirigente que finge trabajar y moverse a ritmo frenético, cuando en realidad son lo más inercial que existe. Sentados en un tren detenido en la estación, mueven decorados en las ventanas para que creamos que ‘avanzamos’. Ni para atrás ni adelante. No nos movemos y ya. Lo que mejor nos ha calado como progreso es esa quietud confortable del discurrir ocioso de los días. Una quietud que suele ser adormecedora y embriagante.

    Un pausado saludo,
    Ma

  2. Narcolepsia. Pienso que nos han adormecido y aunque despertemos , el Dinosaurio, todavía estará allí, tal como contaba el gran Monterroso. A fuerza de escuchar agoreros cuentos que
    nos amenazaban con terribles intervenciones si no nos comportábamos, si no aprendíamos la lección de que estaba mal, muy mal que todos acabásemos pareciendo a lo ricos, comprando casas, coches, viajes, ¿Donde s ha visto tamaño despropósito? ¿Como osaba el populacho emular la forma de vivir de aquellos a quienes debía admirar y servir? Lo dicho, esto estaba
    mitigando, aunque fuese sólo en aparincia, las antaño naturale diferencias… Ya se sabe, después del cuento con moraleja, un sueño a ser posible adobado conpesadillas que nos disuadan de rebelarlarnos. No importa la nada que nos precipitan, el caso es pagar las deudas
    y seguir durmiendo….

  3. Creo que fue Thatcher, una de las madres de todo este show, la que afirmó que no existía la sociedad (en referencia, imagino, al ser social, al ser solidario), sino el individuo, y como máximo la familia. También animó una y otra vez a esos “individuos” a ser propietarios, emprendedores, “dueños” de su destino sin tener que confiar en papá Estado. Una doctrina que sin casi darnos cuenta, y con la inestimable colaboración de los poderes político, financiero e incluso mediático, fue calando en el ya desclasado individuo de este país hasta finalmente dejarlo a solas y en cueros, cautivo y desarmado. No creo que hayamos estado quietos. Simplemente hemos remado en la dirección equivocada, la que sin nosotros saberlo, siquiera intuirlo, o peor aún, confiando en la bondad del lobo, nos llevaba de cabeza al matadero. Un cordial saludo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: