Las atroces etiquetas de Zara

Entiendo a la gente que se vuelve loca por nada. Estoy cansado de que me digan «eso no es nada», cuando secretamente sabemos que nada, o poca cosa, es muchísimo. Yo tengo un balón Molten que robé en un entrenamiento de la selección soviética durante el Mundobasket 86, en Ferrol. Está hecho un harapo. Mi madre, cuando lo ve dentro de mi armario, siempre pregunta: «¿Cuándo vas a tirar esta mierda?» No vale para nada, según ella. No vale, de hecho, para jugar al baloncesto. Pero, ¿y qué? Pasó por las manos de Sabonis, Belostenny, Kurtinaitis, Tikhonenko, Volkov… Para mí, como se pueden imaginar los entendidos, vale más que veinte madres. Tal vez convenga revisar el valor de toda esa mierda de cosas que «no son nada». Hace una semana me corté pelando un ajo, por ejemplo. Era Nochevieja. sabonisMi casa estaba infectada de parientes y no sé quién dijo de pronto: «Eso no es nada». También me refiero a esta clase de cosas. Cualquiera con dos dedos de frente sabe que sangrar un poquito por un dedo es gravísimo.

En mi pueblo hay un tipo que el día de su boda acudió a la iglesia como si nada. Había algo en su traje –un traje de Zara, todo sea dicho– que lo incomodaba, pero todavía no lo bastante. Tal vez su madre, para tranquilizarlo, le dijese «eso no es nada». Hay madres así. Yo tengo una. En la iglesia lo esperaba su novia, feliz. Y la familia de su novia y su propia familia. Todos felices, probablemente. Como si nada. En el fondo, la desgracia es eso, unos pocos individuos dispuestos a declararse dichosos. Y vestidos de Zara, guapísimos. Al poco de arrancar la ceremonia, el tipo empezó a rascarse en un costado. Bah, poca cosa. Un escozor. Eso no es nada. Antes del intercambio de anillos, ya se retorcía, desesperado. Parecía una metáfora de la retractación y la huida. La novia lo miró con cara de «vas a fastidiar el vídeo». En efecto, su hermano grababa la boda como si supiese lo que hacía. Ninguna mirada podía evitar que el novio, cada vez más indispuesto, se tocase el costado continuamente. Había algo en la camisa. Nada relevante, pero atroz.

Los invitados no tardaron en advertir el desasosiego y los espasmos. Nadie entendía nada. Cuando el cura puso fin a la ceremonia, todo se precipitó. El novio salió trotando de la iglesia, dos metros por delante de la novia. Les llovió el arroz, pero brevemente, porque él continuó recto, sin detenerse. Se dirigió a su coche. Abrió el maletero. Se quitó la chaqueta. Mientras farfullaba «putas etiquetas» se arrancó la camisa de un tirón violento. Los botones se mezclaron con el arroz. El alivio fue inmediato, como cuando encuentras el punto exacto de picor, y rascas. Hurgó entre el caos del maletero hasta encontrar la camiseta del Real Madrid. La vistió, convencido. Ninguna novia ni ninguna madre lo detuvieron. Alguien acosado por una etiqueta es, en el fondo, alguien perseguido por un fantasma. Sólo puede huir. La indumentaria le producía consuelo. Todo había empezado por una etiqueta de Zara. Seguramente «eso no era nada», por supuesto, pero hoy podemos imaginar qué clase de desgracia familiar es tener unas fotos del día de tu boda cortando la tarta con la camiseta de Raúl.

Foto: Arvydas Sabonis.

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Categorías:Vida diaria

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30 respuestas

  1. un final como ese en la historia, confieso, me produjo mas miedo y vértigo que el propio ‘almohadón de plumas’ de h. quiroga. y no me diga que ‘no es nada’, porque ha diseccionado ud buena parte de la idiosincracia ‘española’ con ese giro hacia la camiseta de fútbol. admirable.

    Un saludo,

    ma

  2. Así es: alguien etiquetado es alguien que otros quieren que sea, para siempre, sin solución.

    • La etiqueta es la losa que nos cae encima. En algunos casos, de tan amplias que son, en no sé cuantos idiomas (para que después de meter la prenda en la lavadora encoja) amenaza con volverse un género literario. Se leen más rápido algunos cuentos de Quin Monzó.

  3. Dios mío, qué atrocidad, y ahora me dirá usted que vestir esa camiseta ridícula no es nada, ¡motivo de divorcio! se lo aseguro… claro que, ¿quién dice que sí a casarse con un tío que lleva una camiseta del madrid en el maletero? Igual estaba hasta sudadilla, no me haga usted imaginar cosas desagradables que es muy temprano.
    Dígame, por favor, eso sí, que el balón de baloncesto roñoso que usted guarda no está en contacto directo con las camisetas interiores o los calzoncillos, sino que está en esa parte del altillo donde se guardan los juguetes viejos y los apuntes importantísimos de la carrera que jamás hemos vuelto a abrir, no me sea, haga que duerma tranquila, gracias.

    • Antes de nada, la tranquilizo: ese balón está con la colección de revistas porno que llevé hasta que… No hablemos de fechas. No importa el día, decía un maestro que tuve en EGB, lo importante es vivir. Es más, para que duerma en paz, le confieso uso camisetas interiores. Son todas exteriores. Harapientas, pero exteriores. Los calzoncillos sí son interiores. Ahora que ya no me los compra mi madre -cosa que ocurre desde hace sólo unos años-, son siempre monocromáticos. Pero nos estamos cayendo por una pendiente…

      • Gracias a Dios no tengo nada contra las colecciones de porno, al contrario si son ochenteras, mi visceralidad es sólo hacia las camisetas deportivas con el nombre de otro impreso en la espalda sobre todo, esto es: harapientas sí, con el nombre de otro, no, ¿por qué me hacéis esto? Creo que me entiende, porque desde que me compro yo las bragas (hace más de diez años) el monocromatismo se ha instalado en mi vida, el fetiche infantil para otro, las bragas con piruletas y corazones, también, gracias. Le dejo, que me voy rodando por su pendiente.

      • Antes de pillar velocidad de cuesta abajo, déjeme recordar otra de las frases preferidas de mi madre cuando salía de casa para pasar la noche fuera: “¿Metiste una muda limpia?”.

      • Tengo una mucho mejor de mi progenitora: ‘Ten cuidado, que el hombre, se lava y se estrena, pero la mujer, no’. Reflexione, reflexione.

      • Hostia. Intentaré darle una vuelta, pero soy malísimo tanto para las evidencias como para los misterios.

  4. Recuerdo perfectamente el instante que refleja la foto que ilustra este texto. Fue un torneo de Navidad. Real Madrid contra la antigua selección soviética, creo. Sabonis rompió ese tablero y nos tuvo rato esperando delante del televisor a que se pudiese reiniciar. Yo conservo una pelota de tenis con la que España ganó la primera Copa Davis.
    “Ya que me van a etiquetar quiera o no, deja al menos que elija mi etiqueta”, debió decirle aquel recién casado a la mujer que asintió minutos antes querer estar con él en su salud y en su enfermedad madridista.

  5. Eso no es ‘pendiente’. esas confesiones de uds rayan la caída libre.

    Un saludo

  6. En cuanto e mete una camiseta por medio, no hay caída libre que se resista….Son ustedes incorregibles, y no quiero ni pensar en la leria de los calzoncillos monocromáticos´todavía se los compro a uno de mis dos hijos gemelos, al otro, el pobre, se los agencia su novia y on hasta de ositos ¡Horror!, lo malo de los del monocolor es que alguna vez , en el fragor de la cesta de la ropa seca, los cogí con la miraa extraviada por el mareo y me los puse tan contenta. He de ronoer que son francmente cómodos…Me estoy perdiendo. Pobre novia, no se casa una impunemente con un hincha del Real Madid, aunque hubiese sido más grave si es del Atlétic,imagínese el toqu de color de la fotografía.
    No me resisto a contarle el número de la boda de mi tío Marcial. Casaba con una eñorita de linajudas familias y, hete aquí, que no se le ocurrió mejor cosa que llevar de oficiante a un tío, cur rural dode los hubiere…La sotana era un poema de lamparones de laconadas, caldos y vinos no sólo d misar. Tuvieron que fregarlo y cortrle las uñas a la vez que las refinadas tía de la novia le remataban el aderezo con una manicura ad hoc. La sotana fué “salcochada”, y la ceremonia resultó buñuelesca. Al Tío abuelo Don Rude, se le veían los pantalones dos palmos por debajo de las vestiduras. Hubiera sido mejor que le dejasen nólo la casulla, y en piernas. Lo que se prdió D.Ramón del Valle Inclán. ¿No cree?

    • Esas bodas son las que no se olvidan, las únicas que debería ser legal celebrar, porque son un gran espectáculo. Se me hace la boca agua imaginando la cura de humildad que recibió la “linajuda familia”. Con un poco de suerte se le quitan las ganas de más bodas por la iglesia. En cuanto a lo otro, no me hable de calzoncillos en el cesto de la ropa sucia. Todos tenemos antecedentes penales.

    • “Ni cura discreto, ni fraile humilde, ni jesuita sabihondo” [don Ramón-María, en el instante en que se le ofreció la extremaunción]. La que se perdió, desde luego. Un cordial saludo.

      • La extremaunción, en mi humilde opinión, deberían ofrecerla sólo unos años después de la comunión. Así, a última hora, apenas se disfruta. Ni siquiera te hacen un regalo. Para qué, se dice la gente.

  7. Mundobasket 86, Ferrol, mesón de la calle Pardo Bajo. Se acerca un hombre a la barra y saca de una bolsa la gigantesca zapatilla Adidas Forum de Sabonis como un trofeo. ..¿A cuantas madres equivaldría?

  8. Me sabe mal decírselo, pero con su relato hoy me ha hecho un poquito más feliz, es más, me ha hecho descojonarme, del novio, la novia y la suegra, las madres y de la vida en general. Además, leyendo el comentario de postoulipo y su respuesta, me ha venido el recuerdo de, creo, uno de sus paisanos, Héctor Quiroga, para mí inseparable de ese Torneo de Navidad tan añorado. Un abrazo.

  9. Le felicito, tiene usted lectoras sensibles. Recuerdo una entrevista a Amancio Amaro en la que confesaba que sus admiradoras le pedían los pelillos del afeitado y camisetas preferiblemente sudadas. Claro que no serán lectoras suyas de usted.
    A mi me pasó esto no hace mucho.

    http://nuncaestardesilachicallega.blogspot.com.es/2010/11/burrotex.html

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