El mundo se derrumba y nosotros nos morreamos

Todos atesoramos períodos de oscuridad. A veces duran años, o semanas, en ocasiones sólo son unos confusos y verdinegros segundos. Porque son tenebrosos, permanecen siempre en un cajón cerrado e inhóspito, como patrimonio de nuestra «cuenta B». Todos poseemos una, en la que cada quien guarda sus cadáveres personales, que muchas veces sólo son ovillos a los que nunca encuentras las puntas. Esa contabilidad negra que ocultamos con llave, y no ningún bello texto invadido de adjetivos, conforma nuestra autobiografía. Nadie escribe la verdadera historia de su vida. La verdadera historia de tu vida, aseguraba Vijay Seshadri, es la historia de tus humillaciones. En ocasiones, ni tú sabes cuáles son. En la oscuridad sólo intuyes. Yo, por ejemplo, nunca supe bien besoqué sucedió aquella noche, durante el viaje de tercero de BUP, que Paula y yo nos morreábamos en Pachá Mallorca mientras el mundo a nuestro alrededor se derrumbaba.

No nos habíamos hecho demasiado caso en todo el curso hasta esa noche. Ella se limitaba a copiarme en los exámenes y yo a observarla comer y escupir pipas en el recreo. Esa falta de atenciones previas nos evitó marear la perdiz en la discoteca. Simplemente, de pronto, yo estaba balanceándome en su boca, como cuando saltas en un nube, y viceversa. Nos recuerdo pegados a la barra, en una esquina, mientras una intensa música llovía sobre nosotros. En ese ínterin entre morreo y morreo en el que mientras ella no te ve te limpias las babas, discretamente, Paula acercó su boca a mi oído y me susurró: «Tócame el coño». Caramba, pensé. Nunca me habían dado una orden tan bella, y para un minuto tan feliz, como cuando en Fuego en el cuerpo Kathleen Turner dice: «Necesito que me cuiden. Alguien que se ocupe de mí. Que masajee mis músculos, que alise mis sábanas». William Hunt le sugiere que se case, y ella precisa: «Lo necesito sólo por esta noche». Me pregunté si habría oído bien. Estaba convencido de que sí. Ese no era el tipo de frase que ibas oyendo por ahí, confundida, si nadie la pronunciaba textualmente. Allí, en directo, pese a la música, habría jurado que fueron las palabras más claras que nadie me había dirigido nunca. Ni siquiera cuando otra compañera de clase, ese mismo curso, después de una irresistible oferta, me dijo «Ojalá te mueras, Tallón».

Máxima nitidez, pues. Pero como todas la cosas claramente descritas, creí distinguir en ella una gran complejidad. ¿Y si había truco? ¿Y si había dicho, en realidad, algo muy parecido, pero opuesto, tipo «Tócame, coño»? No era lo mismo. Ese «Tócame, coño» habría significado, como mucho, que le tocase las tetas. Cierto es que yo tengo un oído especial para las comas, y si hubiese introducido una entre el verbo y el sustantivo la habría detectado a leguas. Poseo un radar especial para cosas así de inútiles, con el que seguramente me haría rico en la teletienda. Me comían las dudas. No me parecía Paula la clase de mujer que, después de meses de frialdad, excepto los días de examen, te dijese de pronto «Tócame el coño». Sin embargo, me lo había dicho. Sí, sí, sí. Quién era yo para cuestionarme si tenía o no sentido, a la deriva y –olvidaba anotarlo– empalmado desde hacía hora y cuarto. En el peor caso, dieciséis años. ¿Acaso ahora era filósofo?

Al menos tuve claro qué no haría: no podía pedirle que me repitiera la frase. Me habría hecho parecer cohibido, además de imbécil. Justo eso es lo último que necesitas en tercero de BUP. Puedes serlo todo, hasta un vulgar tripitidor, pero nunca un mojigato. Ciertas cosas, por otra parte, sólo deben decirse una vez. «Tócame el coño» es, claramente, una de ellas. Después de una hora morreándonos bajo las bombas me parecía que ya habíamos hablado demasiado. No era el momento de proveerse de una red, ni de estar seguro de todas las cosas. Tenía que triunfar o matarme rápido, pensé, y mientras volvía a colgarme de su boca –que el Señor me perdonase– le toqué el coño. No tenía nada que perder. Nada, con matices. Tenía la erección. Enseguida advertí, por su alejamiento, que Paula no había dicho «Tócame el coño». No no. No era su tipo de frase. Estaba clarísimo, cómo no lo vi, me reproché inmediatamente. Se apartó medio metro de mí, me soltó un bofetón que acalló el Así me gusta a mí, de Chimo Bayo, que sonaba en ese momento, y se fue con sus amigas. Nunca más volvió a dirigirme la palabra. Algunas noches, cuando estoy a solas con mis tesoros oscuros, todavía me preguntó qué pudo haberme dicho en realidad. Me gusta pensar que, en el fondo, dijo «Tócame el coño», pero se arrepintió.

Foto: Desayuno con diamantes (1961), de Blake Edwards.

 

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Categorías:Bares, Cine, Música, Vida diaria

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32 respuestas

  1. Se me ocurre, don Juan (y nunca mejor dicho) que fuese una frase en gallego. ¿Cómo lo ve…? Piense, piense. Y ayúdenos a los forasteros.

    • No, no, descartado. Español puro y duro, en mitad de la noche mallorquina. Aunque con acento gallego. Un misterio. Pero fíjese, sería un desastre, en alguna medida, saber por fin qué dijo. Estos veinte años transcurridos desde entonces me han permitido hablar tanto de ese día, gracias a que el misterio nunca ha sido revelado. El misterio, pues, conviene. La ignorancia provee mejores momentos que el conocimiento, a veces.

  2. Se da cuenta de otra cosa, también? Todos los nacidos en los 70s nos fuimos de viaje de fin de curso de octavo de EGB o de tercero de BUP a Mallorca. Todos con recuerdos tan similares… El mío, de octavo, está unido a la música de Alaska y su grupo de entonces, no sé si los Pegamoides o Dinarama. Terrible, eso de ir cumpliendo años, ayns.

    • En el viaje de EGB se perdía la inocencia, con suerte, y en el de BUP, la virginidad, con más suerte todavía. Si nos robasen ese iniciación, ¿qué sería de nuestra generación? ¿Cuáles serían nuestras batallas de la adolescencia? ¿Qué nuevos relatos construiríamos? ¿Qué sería del mito? ¿Y de nosotros sin emito? A mí quítemelo todo, pero déjeme Mallorca, a donde he regresado en otras ocasiones, pero nunca volvió a ser parecido.

  3. Lo que se dice con Chimo Bayo de fondo puede ser cualquier cosa, uno escucha lo que quiere escuchar, y a veces, sirve para decir algo y luego desdecirse, es cierto. Alégrese usted de aquel morreo, porque en mi ovillo negro figura que yo con 16 me pasaba horas y horas hablando en la discoteca sobre si mi acompañante y yo debíamos morrearnos o no, lo cual no dejaba espacio alguno a la acción, claro está. Morrearse era lo que queríamos, pero eramos amigos y eso jode, claro, a veces. También había erecciones y humedades, la palabra es lo que tiene, pero no es lo mismo, se lo aseguro, hablar sobre morreos mientras el mundo más que derrumbarse nos retumba. Menos mal que luego espabilamos y dejamos de ir a las discotecas 😉

    • Las discotecas sólo han deparados grandes oradores, después de todo. También era el lugar preferido de los tipos tímidos. Su silencio era perfecto, y pasaba desapercibido su carácter. Podías ser un cohibido enfermizo, que si sabías meterme las manos en el bolsillo con un poco de clase, y mover un talón con cierto sentido musical, pasabas por lo contrario. Los grandes folladores de mi generación se iban enseguida de la discoteca.

  4. Confundiste tus deseos con la voz de Paula. Tú gimiendo mentalmente “tocame el coño”, todo el rato, hasta que te pareció verdad,
    O eso, o es que lo hiciste fatal, Juan, que por mucho que tripitieses, seguro que tenías menos maña que los manzanillos de primero.

  5. Felicidades, es un texto espectacular, como siempre. Todavía me estoy riendo. Digo yo que tan bueno como el c… Bueno, me callo 😉

  6. Yo le creo, ella dijo eso…y luego se arrepintió. Revise usted la letra de la canción de Chimo Bayo que sonaba el día de autos.
    Las chicas que comen pipas en el recreo son chicas que escuchan las letras de las canciones…conviene no olvidarlo.Porque una se anima con lo de “que tun pan pan que tun pan que tepe tepe…pan pan pan que tun pan que pin” y el “así me gusta a mí”… pero después del “no no no no no no no no si si si no no no no no no hoo ha! Si-si no-no si-si no-no si no-no si no hoo ha! Hoo ha! Si-si no-no si-si no-no si no-no si no hoo!” qué menos que una buena bofetada.
    No hay que subestimar la importancia de las bandas sonoras de nuestras vidas. Pero no se preocupe…como diría Soraya “esto nos puede pasar a cualquiera”. ;^)

  7. las excursiones de tercero de Bup siempre han traído borrones al currículum amoroso de los adolescentes. Pero no se crea, yo también soy de la hipótesis de que ella se incendió y como se le hizo la boca agua susurró lo del coño con la esperanza de no ser entendida. Mál sabía de su fino oído.
    En una semejante se vió un alumno mío, pero a él no lo rechazaron. Vino luego a visitarme muy compungido y me dijo el muy mamón “Ay eugeniña, era puta!” No pude menos de responderle “¿E logo, Cobrouche?”.

  8. Seguro que lo que ha pedido de oío lo ompensa de sobra con la vista y me atrevo a aventurar qu con el olfato de escritor sagaz. De todos modos, ya sabe donde me tiene para escuchr atentamente sus confidencias,como profesora ya no soy gran cosa, pero como esa vieja tía a quien confiábamos nues
    tros tropezones,puedo hacer un papel adecuado.

  9. En mi vida me han ocurrido dos episodios apasionantes. Los he repetido tantas veces que el relato ha llegado a ser mucho más redondo que el propio acontecimiento. Tanto, que ya no soy capaz de asegurar que aquello sucediera así. Háztelo mirar.

  10. Buenos días.
    LLego tarde, lo sé. Aún así no puedo resistir interpelarle.
    Es necesario, ¿qué digo?, imprescindible que busque a Paula y, con el falso aplomo que dan los años y las cicatrices, le pregunte.
    En cualquier caso, usted actuó como es debido. En las cosas del sexo adolescente, más vale que le afeen la conducta por exceso que por defecto. Yo mismo sigo estupefacto por los desintegradores reproches que he tenido que oír, pasados los años, de alguna señorita: “Eras demasiado prudente”, “te hubiese dicho que sí a todo”, “al final me fui con fulano porque necesitaba más, mucho más”.
    Inconsolable me hallo desde entonces.

    • No ser ocurre fracaso más grande que el suyo, si no contamos el de la duquesa de Alba, que murió sin haber dilapidado su fortuna. Ya decía Erol Flynn que cualquiera que al morir deja más de 10.000 euros sin gastar es un fracasado

  11. Yo con esa edad, los 16 años del tercero de BUP, en mi cajón guardaba revistas porno, bajo llave (“son apuntes míos de la vida, madre, respeta mi identidad y singularidad, por favor”). Ahora guardo un frasquito de minoxidil que compré en agosto de 2014, tras descubrir alopecias incipientes, y que no me he atrevido a abrir por sus efectos adversos. Prefiero vivir como calvo que morir prematuramente como mediochopeta.

    Por lo demás, alabo tu iniciativa de obedecer la orden femenina. Yo siempre obedezco órdenes femeninas. La reflexión que harías, caso de no haber ido a por ello en 1991, estaría cargada de dolor y autoreproches. ¿A que recuerdas el tacto de su coño perfectamente?

    PD. Leyendo Fin de Poema en la actualidad, al tiempo que leo Aquí viven leones, de Savater, me vienen sensaciones placenteras y confusas entre ambas obras, mezclándolas cuando paseo, por ejemplo. Leo Fin de Poema cuando descubrí a dos psiquiatras catalanes hablar del libro, en unas jornadas sobre suicidio, y me llamó la atención.

    • Qué interesante, y qué comentaban esos dos psiquiatras catalanes?

      • Al principio hablaban en catalán entre ellos y no pillaba mucho, pero al unirse al grupo un madrileño y servidor sureño, pasaron al idioma del estado.
        Yo colegí que hablaban de un autor catalán (Ferrater supe posteriormente), fundamentalmente, hablando (ahora encajo piezas), del episodio del accidente automovilístico.
        Luego nos medio explicaron de qué iba el libro, y como eran jornadas monográficas sobre suicidio, opinaban de manera humorística que podría invitarse al autor a una ponencia. Uno de ellos recomendaba la lectura y remarcaba la “atmósfera suicida poética” en el libro.
        Le hice caso y ahora mismo estamos en plena lectura.

      • Nunca se sabe dónde va a encontrar uno una propuesta de lectura. Bienvenido!

  12. Buenísimo “el tócame el coño”. El universo de las tías siempre tan complicado, si haces porque haces, sino haces porque no haces, llega un punto que en mi caso, mejor no hacer nada y de esta manera te olvidas de los posibles chascos….
    Eso si, el momento te lo llevaste (que eso no tiene precio) y como dicen por arriba pienso que en un fue una calentura de ella que te lo llegó a decir, pero luego se arrepintió, un clasicazo de tía, porque lo pensó, lo dijo, pero no podía quedar como una “guarrindoga” delante de todas.

    Felicidades Xoan!!!!

    Pd. Te descubrí en una entrada que hablabas de Yosi (me la he leido 30 veces) y estoy muy enganchado a tus relatos.

  13. Grande Juan. Buenísimo. El primer párrafo me hizo sonreír, el segundo reír, el tercero desencajar la mandibula y ahora es mi esposa la que aparece a ver qué “cóño” estoy leyendo..
    Por cierto, a qué instituto fuiste?

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