Últimas tardes de fútbol y bata

Durante una etapa de mi vida usé bata para estar en casa, como George Roper. Fue una etapa oscura y atroz, a la que me precipité, por cosas de la vida, para dar gusto a una novia atroz y oscura. Me la había regalado por mi cumpleaños y me dio apuro tirarla a la basura, como me pedía el cuerpo. Acabé acostumbrándome a ella. En el fondo, soñaba con ser como Evelyn Waugh, cuando después de años resistiéndose, concedió una entrevista a The Paris Review. Convocó al periodista a su casa y, con la charla a punto de empezar, le advirtió que, si no le importaba, se iba a la cama. Cuando salió del baño, apareció en pijama y bata. Cogió un puro, lo encendió y, en efecto, se metió en la cama. «Traiga una silla, caballero, y empecemos», le recomendó al periodista.

La bata quedó atrás, felizmente, el día que me llamaron del periódico para empezar a trabajar. Fue un momento de ruptura, de cambio de paradigma, como cuando empiezas a fumar delante de tus padres. «Si no tienes nada que hacer, empiezas el domingo», me dijo el subdirector. Miré a mi novia, me miré a mí, miré a la bata, y dije que «de putísima madre». El domingo era un día perfecto, cojonudo, ni elegido a propósito. «Pues te vas al campo de fútbol del Ourense y cuentas lo que veas. A poder ser, no hables demasiado de fútbol; eso ya lo hacen los que saben», precisó, pero sin precisar demasiado. Ni que decir tiene que el domingo, después de salir hasta las ocho de la mañana, llegué al partido con una resaca notabilísima, dispuesto a contar cualquier cosa, aunque fuesen los palos de córner. Porque durantelos roper esa etapa de mi vida, paralela a los meses de la bata, disfrutaba yo mucho quedándome a solas con los camareros, después de echar a los últimos clientes. Me gustaba verlos contar el dinero y servirse una copa de buenos días antes de irse a la cama.

Así empecé a hacer periodismo, sin hacer demasiado periodismo. Aquel idilio de los domingos, en el fútbol, duró seis semanas, hasta que el presidente reclamó mi cabeza al jefe de deportes. No se habían recibido con agrado unos comentarios míos sobre el jamón que el club sorteaba en el descanso del partido. Cuando yo era un niño, en mi casa, después de regresar del partido del Vilardevós CF, en segunda regional, lo primero que me preguntaban era a quién le había tocado el cordero que se rifaba. En alguna medida, aquel jamón me ayudó a recuperar trozos rotos de la infancia y a pegarlos. Mi error fue sugerir, en un momento de la anti-crónica, que el sorteo ganaría vistosidad si algún día conocíamos al jamón en persona. Hasta entonces, en rigor, sólo se había sorteado la idea de jamón, lo que conectaba con la idea de tongo. Aquello fue la última gota, ya que tampoco habían sido del gusto de la directiva mis apreciaciones sobre los fumadores de puros. «Estábamos más contentos cuando sólo dabais el resultado», le hizo saber el presidente a mi jefe. Naturalmente, caí en desgracia. Me degradaron y, por cosas otra vez de la vida, acabé siguiendo a Manuel Fraga. Nada volvió a ser igual.

Hace unas semanas comí con una institución del periodismo que me recordó dos historias que conviene tener en cuenta para entender qué es un periodista deportivo. La primera concernía a un viejo redactor de mi ex periódico que compaginaba su trabajo con el arbitraje. Pitaba en segunda regional, y cuando finalizaba el encuentro, se duchaba, se vestía y elaboraba la crónica para el diario. Después de un domingo aciago, sintió que debía ser honesto con el lector, y comenzó la crónica declarando: «Desastroso arbitraje en el estadio del Malecón…» ¿Qué quieren que les diga? A un tipo así yo le prestaría dinero. La otra historia es menos ejemplar, pero igual de fascinante. En esta ocasión, el redactor trabajaba en Faro de Vigo y mantenía malas relaciones con un delegado de La Voz de Galicia. Cierto domingo, después de desplazarse a Cangas con el equipo al que seguía habitualmente, elaboró una crónica que no tenía nada de particular, salvo el apartado reservado a incidencias. Ahí, podía leerse: «Campo en mal estado. Día lluvioso. Menos de media entrada. Presenciando el partido se encontraba el delegado de La Voz de Galicia acompañado de una mujer que no era su esposa».

Foto: Mildred y George Roper.

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Categorías:Bares, Fútbol, Literatura, Periodismo, Vida diaria

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33 respuestas

  1. Estimado don Juan (me ha gustado, de ahora en adelante será don Juan, si no le es molestia): odio profundamente todo cuanto tenga que ver con el deporte, especialmente el fúngos, pero el tipo de artículos que parece-que-sí-pero-que-en-el-fondo-para-nada-hablan-de-fúngos me fascinan, porque hay que ser muy bueno para saber redactar algo así, de modo que me saco el sombrero. Por usted y, ya puestos, por otro periodista deportivo que tampoco lo es strictu sensu y que también me asombra cómo escribe: Enric González.

    Dicho lo anterior, vayamos a las cosas serias:

    a) Una vez dejada la bata de lado por su parte ¿cuál fue su sustituto? (Apuesto por un buen polar).

    b) Lo del árbitro-cronista es genial, pero anda que el redactor del Faro de Vigo no los tenía bien puestos. Cuéntenos qué fue de él, ande, ande, ardo en deseos. Ardemos, imagino. Me atrevería a insinuar que no sólo yo, que el resto de sus lectores, también.

    • Por supuesto que sí. Y de la novia. Lo primero que me pregunté, según iba leyendo, fue si se deshizo de la novia con la misma rapidez que se quito la bata.

    • La bata es insustituible. Cuando la dejas sientes un vacío equivalente al de perder un miembro, y pese a todo, notar de vez en cuando su presencia vacua. Es cierto que yo no era un “hombre de bata” nato. Para eso hay que tener clase. Y yo, como se ve, no tengo nada.
      En cuanto a esos nombres que reclama, esas cartas boca arriba… podría revelárselos, pero a cambio de matarla. No creo que le compensase. El conocimiento no vale tanto.
      Me halaga esa comparación, pero me temo que lamentablemente me queda grande. Enric es un gigante. Yo una mosca. Eso sí, las moscas a veces tienen encanto. Por lo demás, estoy de acuerdo con usted: el fútbol es un coñazo, pero cuando lo usas para hablar de otra cosa, es un gran medio de transporte.

  2. Fantástico, Juan. Me he echado unas buenas risas. El último párrafo es perfecto

  3. A las novias atroces y oscuras nunca se las deja del todo; bien pudo usted deshacerse de la bata, pero estoy segura de que no del todo del influjo de aquella arpía. Yendo a temas más mundanos, no sé qué tienen algunas cohetaneas mías en contra de que el hombre de la casa se pasee por ella en camiseta interior con la churra al aire asomando por debajo. A mi siempre me ha parecido fascinante esa imagen, tan hogareña que en sí misma rebosa confianza y familiaridad, así que si las batas se idearon para cubrir esta maravilla de la pareja, quemémoslas todas. A la voz de ya.

    • Por supuesto, quien dice camiseta interior dice camiseta descolorida y destrozada que el hombre de pelo en pecho se coloca para estar en casa y/o la mayor parte de las veces para ponerse debajo de los jerséis cruzando los dedos para que nadie tenga por qué verlas. He dicho.

    • Hubo un tiempo en que aquellos calzoncillos de floja pernera, en efecto, se atenían a sus ensoñaciones sexuales, y dejaban asomar la chorra. Existen, todavía, me temo. Pero la tendencia es que todo se apriete, para que nada se mueva. La minga que se mueve no sale en la foto. ¿Esto no lo había dicho un paisano suyo?

      • ¿Quién habló de calzoncillos? Yo hablo de darle libertad completa al asunto, esto es, y sé que la imagen le costará, pero haga un esfuerzo. En pelotas excepto por la camiseta raída o interior (que no tiene por qué ser de manga lasisa, no me sea, la manga corta también me vale, que parece que no es usted del norte), y es por eso que la churra asoma por debajo. Siento haber puesto esa imagen en su cerebro tan temprano.

  4. Debería replantearse lo de la bata, es uno de los mejores inventos del hombre, yo sin ella en mi casa no soy nadie, aunque ahora que lo pienso, con ella tampoco lo soy.

    • Uno piensa que sin su bata no vive, y que tampoco lo hace sin sus zapatillas de andar por casa, o sin su camiseta de sisa, o sus sábanas de franela, o su calzoncillo favorito, o su crema de pelo, y al final, aún con todo eso, no tiene donde caerse muerto. Pero tiene razón, cualquier día me planto y me compro una bata como la de Tony Soprano, para el desayuno y la piscina.

  5. Batas de franela, jamones virtuales, camisetas interiores (‘always’ abanderado), chorras colgando… y la utopía de que ‘otra redacción de deportes es posible’. Como no tengo la posibilidad de darle al ‘me gusta’, te lo digo en persona, y renuevo ánimos para que sigas apareciendo cada mañana en pantalla con este tipo de historias.
    Como conozco el ganado, dicho con todo el cariño hacia los otrora compañeros, la anécdota del final me provoca carcajadas cada vez que la recuerdo. Vivimos tiempos difíciles, my friend, pero siempre nos quedará la posibilidad, en esta guerra de guerrillas, de las pequeñas satisfacciones que nos brindan escaramuzas así.

  6. Permítame felicitarle una vez más por su brillante y lúcido artículo, que me atrevo a considerar una metáfora del mucho me temo casi extinto periodismo deportivo, hoy sustituido por lo general por el forofismo emborronador de cuartillas que puebla habitualmente la todavía llamada prensa deportiva (obviamente, con algunas excepciones -pienso ahora en la barcelonesa revista Panenka-). Añoro al respecto -llámeme nostálgico si quiere- otros tiempos, también de excesos (me vienen a la memoria aquellos abusos del estilo épico, con epítetos incluidos, alrededor de “hazañas” poco menos que cidianas -el Celtic-Atlético del 74, el Yugoslavia-España del gol de Rubén Cano)-, pero tiempos definitivamente en que una crónica de fútbol, baloncesto o ciclismo era poco menos que un pedazo en bruto de filosofía de la vida, y el periodismo deportivo una verdadera escuela, incluso del lenguaje. Un cordial saludo.

  7. Una pequeña joya, amigo Tallón, de principio a fin, no se puede contar con más chispa y elegancia.
    Es increíble lo que da de si perder de vista a una novia turbia. Si al menos le hubiese regalado un albornoz, podría aprovecharlo para la piscina mientras degustaba la idea de jamón que propició su
    desencuentro con el jefe de ese indescriptible periódico que hemos de sufrir los ciudadanos de este pueblo.Le recomiendo una túnica, hace también las veces de camisón y deja en holgura las zonas nobles, si bien la sugerencia de Diva Calva,me parece interesante. También apuesto por la camiseta de manga corta, sudada como la de Marlon Brando en Un tranvia…
    Sé de un cura absolutamente pintoresco que daba las clases en la cama y al tiempo ingería un tazón de leche con sopas.
    El cronista del final merece una novela, incluyendo un duelo a espada con el rival, por cierto, bastante
    tosco ¿A quien se le ocurre llevar a la querida a un partido? Si al menos fuesen a misa, pongo por caso´
    siempre podría alegar que iba camino del arrepentimiento. Genial, Juan Tallón.

    • La túnica es una prenda ambivalente. No sabes si con ella estás vestido o estás desnudo. Ahora en Carnaval seguro que puedo comprarla en cualquier sitio. Necesitaría una de invierno y otra de verano. He de reflexionar.

  8. Una novia realmente atroz le hubiese regalado una confortable batamanta…(y posiblemente seguiría ahí atrapado,ya no sé si por la confortable novia o por la atroz batamanta). Seguramente entonces escribiría menos y peor,así que ya nos viene bien…

  9. Yo batas no, pero me gustan los albornoces. Y los pijamas masculinos. Respecto a los gustos erótico-estéticos de doña Diva, casi que no me apunto. Yo soy más del poquito de pundonor, me temo.

  10. No sé si me fascina más el artículo o la elegancia y pulcritud con que están escritos todos y cada uno de los comentarios que me preceden. Es una satisfacción encontrar este recóndito lugar en la inmensidad de internet en el que la gente aún se habla con educación y respeto. Mis felicitaciones a todos.

  11. Ay, las miserias del periodismo, qué pintorescas serían si no fuera porque son públicas…
    Voy a copiarle el piropo a otro comentarista. Estupendo último párrafo. Esa es la maldición del periodista, que a veces sólo es capaz de componer un párrafo digno en un fárrago a cuatro columnas. Es como el escritor que sólo se luce en un capítulo.
    No quiere decir esto que el artículo en su totalidad no esté bien, no me malinterprete, querido Tallón.

  12. Me pregunto si usted encajaría como periodista deportivo en programas basura de fútbol actuales,donde se gritan e insultan como norma. Y apareciendo en bata. Y taciturno .Y con un corazón.
    Yo soy muy de bata, tanto, que no dejo que ni familiares ni por supuesto novias, las elijan por mi. También soy de calzoncillos largos en invierno, en homenaje a La leyenda de la ciudad sin nombre.
    PD. La foto de “los Roper” me lleva a una frase hecha que se dice por aquí para menoscabar el orgullo varonil de alguien en particular : “que follas menos que los Roper”.

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  1. Lecturas de Domingo « Maven Trap

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