La belleza del cero profundo

Todo procede de la ignorancia. La literatura, el arte, todo lo grande, inteligente y bello parte del cero profundo. Somerset Maugham poseía una interesante teoría según la cual, para escribir un buen libro, existen tres reglas que hay que cumplir. Desgraciadamente, nadie sabe cuáles son. Así se avanza en las creaciones humanas: ignorando cómo se construye el camino. Forjar toda gran creación, sea en el ámbito literario, artístico, social, económico o etcétera, requiere cierta densidad de niebla.

Tal vez no lo parezca, pero nuestra existencia consiste, en esencia, en una búsqueda Pavesede la manera de definir nunca en más de tres instrucciones cómo se conquistan los sueños. En la vida, cualquier posibilidad de alcanzar la solución de un problema pasa habitualmente por seguir al pie de la letra unas instrucciones que a menudo no existen. He ahí la gran putada.

No comprender, no saber, no explicar, son operaciones en las que conviene invertir mucho tiempo. Sólo mientras las partes de la realidad me resultan oscuras e inintelixibles permanezco frente a ellas concernido. Gracias, de hecho, a que no accedo a ellas siento que me hablan. Nunca cómo en la oscuridad avanza mejor el hombre hacia sus propósitos. La incomprensión despeja los caminos. Tal vez por eso llevo años dándole vueltas al célebre comienzo –sencillo, muy sencillo, pero indescifrable– de aquel texto de Pavese: «Le llamaban Pedro porque tocaba la guitarra». ¿Quién puede explicarlo? Ni Pavese.

La ignorancia produce grandes obras. Un autor tiene que ignorar. Una idea clara nunca puede ser superior a una duda, incluso a un error. César Aira sostiene a menudo que cuando se comete un error, cuando algo sale mal, no hay que cambiarlo, no hay que corregir, sino seguir hacia delante. A veces, siguiendo adelante los errores se capitalizan y dejan de ser errores.

Un escritor, por ejemplo, debe acometer novelas que no sepa escribir, que lo aboquen al fracaso. Hay que fracasar de nuevo cada vez. Ese es el programa del verdadero escritor. En algunos oficios hay que encontrar la determinación y la fuerza necesarias para tomar siempre caminos de perdición. La dirección correcta es siempre la dirección equivocada. Entre dos caminos, elegir lo que no es. Los aciertos que se siguen del conocimiento no deparan a menudo más que aburridas emociones.

Es imprescindible que un autor, en cada momento, sienta que no tiene nada que ver con el que está escribiendo. La filosofía sería que, en ese instante milagroso previo a redactar las primeras palabras, el novelista declare la intención de escribir la novela que no sabe escribir. En literatura, como en otras facetas de la vida, no conviene disponer de plan. Y si existe un plan, es imprescindible salirse de él. Juan José Becerra mantiene que escribir «es una secuencia donde uno escribe con la mano y borra con el codo». El hecho de borrar, en el sentido de escribir contra lo que uno sabe, le parece una operación obligada para un escritor. Es en el naufragio, en la ignorancia frente a las decisiones que se deben tomar,  donde el hombre está más seguro y próximo a acertar.

[Artículo publicado en Vozed]

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Categorías:Literatura

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13 respuestas

  1. La vida es, en gran parte, las indefiniciones. Casi como dividir por cero, algo que crea paradojas matemáticas y de todo tipo pero que estimula a seguir buscando. Lo que sea, pero buscar.

  2. A esta hora le acompaño el brindis con café. Salud.

  3. Tal vez la belleza pueda sr el propio enigma, el misterio, lo que se sustrae a un mirar presuntamente lúcido, o lo que se revela a la inocencia que no sabe de verdades y está disponible para abrirse a lo inesperado.. Me sumo al brindis, si se me admite, con un zumo.Salud

  4. Creo que ha dicho ya usted la palabra precisa; “incertidumbre”. El puro acto creativo tomado como “cero” profundo es un reflejo de cómo se toma uno el devenir de la propia vida. Cómo acepta uno, de una vez por todas, que hay un planteamiento y un desenlace (irremediable) y que tomar cada día, cada capítulo, según nos viene es el gran triunfo de la obra. Sin resignación, mirando el abismo sin miedo, con la paz del que sabe descubrir la belleza precisamente en la certeza de la incertidumbre.
    Una valentía, vaya.

  5. Hasta una mil millonésima dividida por cero da infinitas soluciones, por eso le llaman Vida: todo un misterio.

  6. Pues me sumo al brindis, aunque sea por este bello artículo: ¡salud!

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