«¡Golpe de Estado!»

Hubo en mis años de instituto una presencia muy importante: Jorge Ubiaga. Era una institución. Pequeño, pelirrojo, listo. Podía dirigir el instituto, Bankia, la General Motors. Lamentablemente, le gustaba suspender. Cuando llegué a tercero de bachillerato, él llevaba un par de años en aquel curso. Yo sabía lo que me convenía y me senté a su lado. Ese año nos aliamos al menos un par de veces. La primera fue para robar un examen de latín. Nos ocultamos en el salón de actos, hasta que el instituto se vació, el bedel cerró las puertas, oscureció. No sé cómo, pero Ubiaga tenía las llaves del departamento de lenguas clásicas. En realidad, tenía las llaves de todos los departamentos. También las del instituto. Conseguimos el examen. Esa noche lo preparé a conciencia. Estudié cada respuesta con entusiasmo, hasta las tres de la madrugada. Al día siguiente, naturalmente, lo bordé. Me permití hacer el gesto de la victoria al entregar el ejercicio. Fue como aquel partido de Ronaldinho en el Santiago Bernabeu, del que salió aplaudido por los aficionados madridistas. A la semana siguiente la profesora publicó las notas: Ubiaga sacó un 1 y yo un 2,5. Todavía no lo entiendo.

Aquel suspenso fue una lección que no me dio ningún aprobado. Tengo que agradecérselo a Ubiaga, como tantas cosas. Su intervención volvió a ser crucial, meses después, durante los exámenes finales. Me presenté al de literatura sin mirar los apuntes. Ni siquiera tenía apuntes. El verano se acercaba a gran velocidad, aventuradamente. Andaba yo nervioso. Era 1991 y estaba a punto de descubrir el gintónic. Toda la clase estaba en silencio, y el profesor, Rafael, repartía el examen, cuando se abrió la puerta y apareció un Ubiaga desencajado, excitadísimo, gritando «¡Golpe de Estado! ¡Golpe de Estado!». Sentí el frío metálico en los ojos del profesor. «Los militares han asaltado el Congreso. ¡Han matado a Felipe González!», aseguró Ubiaga. Mi cara de felicidad contrastó con el azoramiento de Rafael, que se tragó la patraña. Era muy sensible. Nos ordenó que no nos moviésemos y salió corriendo hacia la sala de profesores. Cuando nos quedamos solos, Ubiaga facilitó nuevas órdenes: «¡Todos fuera!». El caos fue feroz y bello, se contagió a otras aulas, y el examen se pospuso tres días.

Años después recordé este episodio de recreación histórica cuando el presentador Xosé Ramón Gayoso anunció en su programa que había muerto El Fary, que después de eso, aún demoraría varios meses en fallecer. La fuente de Gayoso –muy sintomático– habían sido Los Chunguitos, que esa noche actuaban en el programa, y muy afectados, le dedicaron un tema al difunto. «¡Para él!, que ya está con Dios arriba en el cielo», dijeron. Cuando Luar finalizaba, y pasaban los títulos de créditos, Gayoso apareció de la nada, mandando parar: «Un minuto, un minuto, por favor. No se marchen. A mitad de programa recibimos la noticia tremenda de la muerte de El Fary. Nos acaban de anunciar que no se ha producido. Mil disculpas desde aquí…». Mi teoría es que este señor nunca repitió.

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Categorías:Vida diaria

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47 respuestas

  1. Usted lo que tenía que haber hecho habría sido haber seducido a la profesora de latín.

    Otro gallo le habría cantado, estimado don Juan.

    Un día de estos escríbanos un post sobre sus delirios onírico-onanísticos con las profes de su cole, que seguro que dan para mucho. Lo de las compañeras de pupitre ya está muy visto.

  2. Macho, debemos ser coetaneos , porque me hablas de lo que he vivido! Enorme, como siempre, enhorabuena!, Juan!

  3. No conozco a un sólo periodista que haya repetido nada nunca jamás, ya sabe, la tiranía de la nota de corte, así nos va, querido Tallón, que el que no ha desertado y escupe sobre el título se ha convertido en la prensa que tenemos todos, y olé.

  4. Sr. Tallón, veo que compartimos experiencias similares. Yo también era de las que sacaba buenas notas, la clase de chicas por las que adolescentes como Ud. nunca suspiraban. Pero la vida compensa Sr. Tallón, y cómo (además los nerds ahora estamos de moda). Coincido con un comentario anterior en que me gustaría leer de sus asuntos con la profe de latín. O tempora, o mores.

  5. Qué genialidad!
    Curiosamente, yo soy de las otras: pese a considerarme (humildemente, claro!) una alumna brillante y haber terminado tanto el instituto como la carrera con un expediente impecable (benditos comunicadores vendehumos), tuve la suerte de repetir un curso durante el instituto (por vaga).
    Y digo suerte porque, aunque el fracaso siga sabiendo a acelgas y la vida todavía nos tenga preparados a cada uno un buen manojo de sopapos, la cura de humildad que supuso para mi ego de alumna de recursos y poco esfuerzo tener que verme metida en una clase de imberbes un año menores, no lo han conseguido años de recta educación en el hogar, formación musical de primera o lecturas recomendadas por la bibliotecaria del pueblo. No, no. Nada azuza tanto como la humillación a los 16 años. Desde entonces, valoro más el esfuerzo que mi estúpida memoria fotográfica.

    Creo que también podríamos compartir recuerdos sobre repetidores, profesores y desvirgar compañeros de clase juveniles xD

    • Ese año perdido suyo fue un año ganado. Hay que teorizar más y mejor sobre el fracaso, me temo. El fracaso a veces es un éxito agazapado, que se verifica con el tiempo.

      • Totalmente de acuerdo, por lo menos en mi caso. Antes era una alumna repelente y marisabidilla, que vivía de rentas. Después era igual de marisabidilla, pero currándomelo (y con un baño de humildad de los gordos). Por eso lo considero suerte y no fracaso.
        Además, parezco un año más joven y empiezo a valorarlo ahora xD

      • El instituto nos dejó las últimas lecciones importantes. La universidad nos engominó.

  6. Es verdad, nunca lo había pensado: qué de cosas aprendí yo de los repetidores: a faltar a clase, a jugar a los futbolines, a escuchar heavy metal, a tomarme la vida con más calma. Aprendí también que se puede convivir con la infamia, la infamia de ser repetidor o cualquier otra, porque en el fondo “nunca pasa nada”.
    Me gusta lo que escribes. Te copio. Un saludo.

  7. Si he de confesar, debo decir que no, no me gustaban los repetidores. Mi target de ese entonces eran los nerds o los que se la pasaban leyendo: gente, en apariencia, aburrida. Sólo en apariencia. Yo me volví mala niña con el tiempo, hice el camino inverso. Lo recomiendo 😉

    • Mujer, Lucinda. Seguro que hay niños y niñas que leen este blog.

      • Qué pena que no la tuviera yo de compañera, Lucinda, pues en mi clase había un sólo nerd de verdad (había otros intentos, pero sólo uno genuino), y le habría venido bien alguien como usted, o alguien que no fuera tan maligna como yo. Y es que yo lo habría matado, sólo para que no sufriera. Le diré que sigue soltero y espanchurra sus frustraciones en la enseñanza, me reafirmo en que quizá debimos darle muerte a tiempo.

    • Yo leía un montón y era un repetidor de campeonato. De hecho, creo que fue la lectura la que me llevó, por medio del engaño, a cosechar suspensos sin parar. Iluminó el camino de la frustración.

      • Se nota que supo perder bien el tiempo, aprovechándolo. La luz, por otra parte, siempre oscurece. También de eso va la vida: de encender la luz y no ver nada, y avanzar a hostias contra la pared.

  8. Diva querida, que triste la historia de su nerd. Una pena no haberlo conocido en su momento, yo habría sabido desarrollar todo su potencial. Demasiado tarde ahora para él y yo ya he ampliado mis horizontes más allá del mundo intelectual. Una verdadera pena.

  9. Joder Tallón, es que ni copiando… ¿No robariais el misal en lugar del examen?
    Yo también he confesado mis aventurillas patrulleras robaexámenes. Tengo por ahí, en la reserva, alguna escaramuza más
    ¡Abrazos!
    PD. me lo paso muy pero que muy bien leyéndote. Me gusta mucho tu estilo, ese modo a medias entre lo canalla y lo ingénuo. De perdedor amoral que filosofa sobre la vida acodado en la barra pagajosa del peor bar del barrio. De solitario que se agarra a sus recuerdos, aunque tampoco le sirvan de mucho. Cual fan histérico entregado te grito: ¡quiero una novela tuya!
    Tiembla, que cualquier día de éstos te retrato

  10. ¿Què tenemos que hacer para que salga en pocas semanas?

  11. Repetir dos veces me enseñó que no es tan importante fracasar en esta vida como saber que lo has conseguido. Ahora, cuando paso tres días seguidos sin malas noticias, empiezo a sudar en frío.

    Abrazos, señor Tallón.

    • Mr. Macbean: su testimonio es lo que estaba esperando este blog. Me temo que en todo el día sólo se han registrado comentarios de personas que se han limitado a triunfar en el bachillerato. Bah. Usted es aire fresco. Y además, corrobora mi teoría: gente como usted es la que sabe de que va la vida. La vida va de sudar frío cuando las cosas parecen sonreírte.

      • Yo soy aire fresco para su bitácora y su bitácora es aire viciado -justo el que voy buscando con un anhelo demencial- para mi cabeza. Nos compenetramos bien, y eso me alegra mucho. Tendré que apuntarme lo que he leído por ahí arriba de una novela suya. Para pagar lo que sea por tenerla, evidentemente.

      • Si hubiese dos más como usted por ahí, podíamos dar el golpe de estado que prometió mi amigo Jorge Ubiaga. Empieza a estar justificado.

  12. Esto está tomando todos los visos de una adicción, si bien me siento un extraño especímen entre tantos seguidores y seguidoras que presumo más acordes con su generación y vivencias
    que quien como yo, podría ser una de esas viejas profesoras a las que copiaba….Vaya por Dios,
    es posible que la de latín quería que repitiese y por ello pasaba por alto sus estupendos exámenes tan exhaustivmente preparaba.
    Una ya casi olvidó su experiencia como alumna, cosa no difícil porque las monjas no eran lo más
    idóneo para proporcionar otra cosa que cierta náusea.En cambio, como profesora, he de confesar que, no sé si desparramé mis frustraciones en la contienda, pero de lo que doy fé es de que en ella obtuve las xperiencias más bonitas de mi vida. A muchos y muchas les sigo la pista´
    me gratifican incluso con su amistad, su correspondencia, sus éxitos y su fracasos, crecieron conmigo´pero sé que yo también crecí gracias a ellos y les debo seguramente mucho más que ellos a mí. He de confesar, casi avergonzada, que mi camino profesional fue una aventura inolvidable. Debe ser que usted, admirado Tallón, me recuerda a muchos de ellos.

    • Me temo que su aventura profesional todavía se está gestando, Eugenia. Mañana aparecerá uno de esos jíbaros como Ubiaga y la hará reír un rato, que es el único modo de ser feliz. Por cierto, esta mañana algunas malvadas comentaristas han solicitado un post de mis frustraciones eróticas con mis profesoras. Esto no es una adicción, amiga, esto es Sodoma. Que, por otra parte, debía ser una adicción.

  13. Ya me río de antemano pensando en la que estará urdiendo. Ande con ojo, que puedo conocer a alguna “beneficiaria” y…Pero no se lo contaría,no le voy a dar esa satisfacción.Así que póngase a ello porque estamos todos expectantes.

  14. Todavía siento envidia insana.
    Yo no puedo contar casi nada de nada de mi pasado de estudiante. Y no digamos de universitario, que ni lo fui.
    Somos cuatro hermanos, tres matemáticos y “ el otro “….. El “otro” soy yo. A otros les da por chupar candados o lamer esquinas. A mis hermanos les dio por las ciencias exactas…..
    La poca experiencia que tuve como alumno ( mi corazón delicado presagiaba que iba a durar muy poco ) lo fue nada menos que en los Escolapios de Granada. Pero – afortunadamente- en los gratuitos……que imprimía un carácter especial. Los niños por un lado y las niñas ( en otros colegios ) por otro. Los ricos por un lado y los pobres por otro.
    Aprender, aprendí poco. O a lo mejor mucho, que ya no lo sé. Eso sí, me quedó un cierto resquemor que creo que no he superado. Fueron muchas más las hostias físicas que las consagradas…..
    Hace muchos años. Pero todavía han pasado más cosas que años.
    Una vez más, muchas gracias por su blog.
    Abrazos desde esta Granada. Desde este Sur.

  15. Buenas tardes, un lujo de blog con sabor a pan con manteca y que suena a radio que ha llegado a mi a través de twitter…. Yo ya soy de otra generación, de la LOGSE, aunque no tenga faltas de ortografía. Yo tampoco repetí nunca y nunca me hizo falta estudiar para ser uno de los mejores de la clase. Centraba mi rivalidad con ellos en los trabajos de clase en física o filosofía y ver como siempre el profesor siempre me daba la razón, aunque luego no me importara que ellos sacaran un 9 y yo un 8 en el examen. Al final en selectividad conseguí la nota suficiente como para estudiar arquitectura y que el gobierno me diera una buena beca para hacerlo fuera de casa. Y aquí llegó el gran desastre, me tiré a la mayoría de los de la universidad pero no aprobé ni una. Ahora dos años mas tardes estoy en Amsterdam con 20 años, trabajando en zara, con un buen nivel de inglés y aprendiendo neerlandés, pero aún preguntándome que me deparará el destino (me gustaría volver a estudiar). Una cosa está clara, no me veo como periodista jajajaja

    • Nunca será un mal sitio Amsterdam para recalar. Desde ahí se defiende uno mejor de un país tan destructivo como España. Aguante. Y no se haga nunca periodista, en efecto. Ya ve cómo acabamos, escribiendo blogs que nos hacen felices, y que no nos dan un duro a ganar.

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  1. Un mal día | Cumbres sin ecos

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