Fracasar de maravilla

En el sitio en el que yo empecé a jugar al futbol sólo había una posibilidad remota de chutar de puntera y que el remate saliese del recinto, rompiese un cristal y se colase por la ventana del váter de don Pepe, que, curiosamente, siempre cagaba de campo. Eso me ocurrió tres veces (romper el cristal, no cagar de campo). No permití que pasase una cuarta. Cambié el fútbol por el baloncesto, que al poco cambié por el Winston de contrabando, que me salía a 175 pesetas el paquete. Así se escriben las vidas, tratando de huir de los fracasos fáciles. Eran otros tiempos. Te decías a ti mismo lo que Margaret Sullivan a Robert Taylor en Tres camaradas: «Esto es el filo de la eternidad. Quedémonos aquí para siempre». Tenías la refrescante sensación de que era verano a todas horas, incluso en enero. No existían los problemas. SullivanEl país estaba por exprimir, virgen. Nadie te pedía el carné para entrar en aquella orgía que se llamaba España, y cualquiera podía fracasar. Hasta yo. Incluso podías tener éxito, casi por el mismo esfuerzo. Qué más daba. Total, no ibas a morirte nunca. Era verano, no tenías problemas, y siempre serías joven.

Hace algunos meses, escuché a Jorge Verstrynge hacer el relato perfecto de aquella época en la que daba igual fracasar que triunfar. Todo se confundía porque todo era bello. En el fondo, sólo importaba follar. Verstrynge hablaba del dinero B que manejaban en Alianza Popular, y de cómo éste llegaba a su partido a través de las eléctricas, la industria pesada, la banca, los particulares. En una ocasión, precisaban 40 millones de pesetas para una campaña electoral en Galicia, y Manuel Fraga le pidió que fuese a tal compañía eléctrica y hablase con Fulano. «Llamo a Fulano y me dice que mandemos una secretaria con escolta y una maleta. Y me dice que necesita un informe sobre una cuenca hidrográfica, pero no lo teníamos. Así que, me dice: ‘Coge el último número de Interviú y ábrelo por la página X’. Allí había un reportaje de un crimen en Albacete: La maté porque era mía. A continuación, me pide: ‘Le dices a tu secretaria que copie el artículo y arriba ponga Confederación Hidrográfica del Duero’». El sistema funcionaba así. Interviú era como un informe de la Confederación Hidrográfica del Duero. Esa es la metáfora de aquellos días. Todo el mundo podía encender un cigarro con un billete de mil pesetas. Había más en el bolsillo. Ese poder te permitía creer que el dinero no lo era todo. Como mucho, era mejor que la salud. «A fin de cuentas –sostiene Woody Allen– no puedes ir al carnicero y decirle: ‘Mira qué moreno estoy, y además no me resfrío nunca’, y suponer que va a regalarte la carne».

El despilfarro estaba a medio inventar. Nadie intuía el fin de la orgía. Qué más daba fracasar. No significaba nada. Por eso después del Winston, cuando me cansé, fumé Ducados, y bebí whisky Dyc, y estudié Filosofía, y escribí una novela bronca, que un día arrojé a la chimenea, cuando estaba encendida. Me olvidé de la literatura durante algunos años. Pasó el tiempo. Fracasé bien. En realidad, unas veces bien y otras sólo regular. Me parecía a Guti, cuando se consolaba de un buen partido en el Bernabeu corriéndose una farra que lo relegaba tres meses al banquillo. Entonces me hice periodista. Quería fracasar a lo grande. En cuanto vi el percal, supe que mi derrota sería rotunda. En efecto, me fui antes de que me echasen, haciendo un corte de manga. Un buen día me presenté en Madrid, dispuesto a fracasar como en los buenos tiempos, arriesgándome incluso al éxito, y como era tan feliz, escribí dos novelas. En ese momento, llegó la crisis. Todo cambió. De pronto, ya no se podía ni fracasar. El fracaso estaba sólo al alcance de unos pocos. Ahora sobrevivo en Ourense, y soy tan desgraciado, que creo que voy a publicar aquellas dos novelas.

Foto: Margaret Sullivan.

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Categorías:Bares, Cine, Fútbol, Literatura, Vida diaria

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35 respuestas

  1. Las cosas no han cambiado mucho desde entonces. En el fondo, sólo sigue importando follar.

    El verano que relatas me ha recordado al de la película ‘Barrio’ o al de ‘Historias del Kronen’. Grandes españoladas ambas.

  2. Sr. Tallón, al menos Ud. conoció una verdadera orgía. De donde yo vengo se vive siempre en crisis y si la vida sonríe, algo poco frecuente, se puede llegar a experimentar algo así como un placer semi-orgiástico que uno tendía a calificar, por aquel entonces y en esas latitudes, como de baja intensidad. La resaca de una de esas crisis sumada a hartazgos más personales me dejó en heladas latitudes donde todo es, verdaderamente, de baja intensidad. Y si existen las orgías no se nota. Siga fracasando de maravilla, Sr. Tallón. Lo invito a un gin tonic.

  3. Usted ha sido un virtuoso del fracaso. Si le hubiera dado por el violín habría provocado el olvido de Paganini. Las cosas hay que hacerlas a lo grande. Nada de medias tintas. El calamar entero y con toda la tinta. Mi fracaso más fabuloso fue follando. Luego lo arreglé. Ahora me las voy arreglando con pequeños fracasos domésticos. Pero al menos mantengo la afición. Deseando estoy de leer sus dos novelas. Lo mismo no se ha dado ni cuenta y, como esperamos los demás, tuvo usted la desfachatez de escribirlas con éxito…… Seguro…..

  4. Ha hecho bien en fracasar porque mirando a los triunfadores de nuestra reciente etapa del despilfarro, dan ganas desumergirse en el retrete de Don Pepe, con la certeza de salir de él más dignamente que de sus despachos, palacetes, consejos de administración, yates, aviones privados y cmas con dosel y sábanas de satén negro. Había que tener tragaderasprofundas para digerir tanta bazofia aunquese acompñase de Cardhu.Sé de más de uno que casi se bañab en él mientras miraba el mundo con ojos de experto en todo sin saber que se le ponía hocico de porco celta eso sí, ataviado de Armani. Siga apostando por es fracaso sin desmayo, revise concienzudamente sus novelas, seguro que aun puede mejorarlas y darse el gusto de romper los cristales más rutilantes con ellas. Y esta vez,no deje de lado la filosofía, no la deje en la estacada, aunque sólo sea porque le queda divinamente a su fracaso y acaso le permite sobrevivir en este pueblo sin perder la clase y la decencia.Un abrazo

  5. Decía yo en el Twitter que está empezando usted a concebir el fracaso como un oficio, lo que es una forma de sacarle rendimiento. Lo malo es que acabe triunfando.

  6. Tallón, para fracasar tendrá que cambiar de oficio. En éste no es capaz.

  7. Yo simplemente quiero leer las dos novelas, siempre fui mucho de postmodernidad, ya se sabe.

  8. Así que usted estudió Filosofía. Y luego se dedicó al Periodismo. Los paralelismos siguen trazándose entre usted y yo. Aunque ya está de regreso y yo de momento no he alcanzado el punto de retorno (todo se andará). Eso sí, en lo de follar no estoy de acuerdo. Aunque lo estuve muchos años 🙂

    • No me diga que se dedica al periodismo? Dónde? Cómo? Y sobre todo, por qué?

      • En un pequeño diario económico (¡y de provincias!) que vive con la certeza de que no celebrará la próxima cena de Navidad. Aunque así lleva dos décadas. Al “cómo” habría que responder que “con cuidado”. Con cuidado de no volverse loco y sacar la recortada de la gabardina el día menos pensado; al final el periodista siempre se enfrenta a la tentación de querer convertirse en la exclusiva, ya sabe. En cuanto al por qué, que evidentemente es la mejor pregunta de todas, uno podría presentar en su defensa un enorme abanico repleto de argumentos. Pero usted y yo sabemos que no son más que tonterías. Así que, sinceramente, habrá que reconocer que por inercia.

      • Respuestas impecables. La última, para enmarcar. La inercia, esa cobardía tan nuestra a saltar de un tren en marcha que se dirige al terraplén.

  9. Señor Tallón, vaya usted con cuidado porque, aunque usted no se lo crea, puede que no conozca el éxito en vida, pero quién sabe si, una vez muerto, sus herederos se tienen que disputar una herencia millonaria a raíz de un éxito de ventas postmortem, recuerde a John Kennedy Toole (http://en.wikipedia.org/wiki/A_Confederacy_of_Dunces). No sería usted el primero, por lo que no desfallezca, el éxito le puede llegar incluso cuándo menos se lo espere, es decir, de cuerpo presente, ausente o incinerado. Personalmente, creo que tiene madera para ello. Un saludo.

    • Rodolfo, a los herederos les tengo yo preparadas sorpresas menos interesantes. No quiero descendientes que vivan a mi cuenta. Sobre todo si estoy muerto. Mi filosofía es: ‘Tierra quemada para el que venga detrás’. Por otra parte, muy mal se tienen que dar las cosas para que yo tenga éxito. No soy tan pesimista. Un gran saludo.

  10. Recuerdo aquellos tiempos que usted menta. Y lo especialmente duro y laborioso que era revolcarse en el fracaso, camino mucho más largo y tortuoso que el que conducía a engrosar las filas de la mayoría silenciosa. Más allá de la elección del plumaje (cuero o tejana, badgets a juego, pelos para arriba o pelos para abajo), Incapaz de dar el pego en el modelo “bad-good guy”, (que exigía una hábil mezcolanza entre dureza que no rudeza y cierta melancolía en la expresión, características ambas de las que ya entonces carecía), acabé por definirme bajo el disfraz “I’m a loser and I’m not what I appear to be”, que durante años me sentó mejor que a Cindy Crawford la lencería rusa. Con los años, como bien sabrá, uno se deja de subterfugios y abraza el fracaso con la mayor humildad del mundo. Es entonces cuando da por buenos el oficio de pregonero y los cuernos de la parienta con el amo, se deja de milongas de blogs y literatura de estar por casa y acaba votando por el Partido Podrido con cara de gilipollas satisfecho. En fin, un cordial saludo y feliz fracaso nuevo.

  11. Juan: mientras leía su texto, me lo imaginaba vestido de legionario romano, alzando su estandarte, que en este caso había borrado el consabido SPQR, sustituyéndolo por la palabra FRACASO, y me lo imaginaba, no con un aspecto de derrota, todo lo contrario, altivo y sonriente paseándose entre centurias, populus y vírgenes vestales. Lo que quería indicar con mi, posiblemente desequilibrada imaginación, es que si el éxito o el fracaso son situaciones que nos obligan a cerrar balances de situación al final de cada etapa de nuestras vidas, hay un indicador que opaca el resultado final de nuestras cuentas, es la dignidad. Llevar el éxito o el fracaso, con o sin dignidad, a mi modo de ver, es el rastro que vamos dejando en nuestro camino y el bouquet que saborean de nosotros los que nos rodean. Considero que sus fracasos, los ha llevado con bastante dignidad, felicidades. Esos otros, a los que se refiere en su texto, han llevado sus éxitos y llevan actualmente sus fracasos sin ella. Por cierto, las lecturas de Interviú, a ésos, no les sirvió para grandes ideas que mejoraran el mundo, otros sin embargo, las han encontrado en el papel de periódico manchado por el aceite del bocadillo de atún, que envolvía dignamente. Reciba un afectuosos abrazo.

    • Estimado Ángel, ha dado en el clavo. No se trata del triunfo, ni del fracaso, sino de la dignidad con la que se afrontan. Conviene siempre andar con ella de la mano. Lo llevará a uno lejos, aunque no lo mueve del sitio. Nadie podrá reprocharle nada. Ni podrá reprochárselo él a sí mismo. Gracias por pasarse por aquí. Un gran abrazo.

  12. Tallón, yo sólo te deseo la mejor de todas la suertes. Si cobramos, no tengas la menor duda que te comprare el e-book. Si haces galas, aquí en Valencia cuenta con un colega. Y del fracaso te digo lo del maestro Fuller; “lo importante es sobrevivir”. Fdo: Uno que ha vivido como el Ray Liotta de Scorsese, eso sí. Nunca he delatado a nadie. ¡Odio a los chivatos, al paredón con ellos! Un fuerte abrazo

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