Era poco matarlo

Tuve una camisa color salmón. Y me la puse. No mucho, pero incluso una vez, fue bastante. Resultó uno de esos crímenes de juventud, como cuando telefoneas al instituto, diez minutos antes del examen, para alertar de que has colocado una bomba. Nunca me arrepentí. En aquellos días yo salía con una tía de clase y no sabía cómo romper, pero a raíz de la camisa, ella me dejó a mí. Habíamos durado dos semanas. En ese tiempo me permitió copiarle en matemáticas y desabrocharle el sujetador. Cuando rompimos, ella fue tan elegante, que simplemente me dijo que necesitaba tiempo para estudiar. Ni una sola mención a la camisa salmón. Ese sábado, ni que decir tiene, me la encontré a las seis de la mañana en una discoteca, estudiando a un tipejo con una camiseta de AC/DC. Bien por ella. Yo rehíce mi vida y me compré una camisa blanca.

Algunas veces este patético episodio regresa, como si fuese un tic. No hace tanto me encontré en Vigo a un compañero del instituto. Teníamos un millón de cosas importantes por las que preguntarnos: el trabajo, los hijos, los divorcios, la muerte. Pero en un momento dado, después de tres cervezas, él mostró curiosidad por saber si aún guardaba en el armario «aquella camisa salmón. ¿No te acuerdas? Hiciste furor». Me encogí de hombros y sonreí como un idiota, con ganas de ahogarlo. CardeñosaEn mi defensa alegué –como si lo mío tuviese defensa– que a William Faulkner le gustaba estar descalzo, mal vestido y con los pantalones amarrados con una cuerda, y aún así le cascaron el Nobel de Literatura.

No puedes ponerte una camisa salmón, aunque sólo sea dos veces, y esperar que la gente te olvide. Cuando haces una vez el ridículo, lo estas haciendo, en realidad, toda tu vida. Es lo que le pasó a Julio Cardeñosa, que falló aquel gol clamoroso contra Brasil, en el Mundial del 78. Era poco matarlo.  Me temo que desde entonces casi nadie recuerda, salvo unos pocos aficionados del Betis, cuya camiseta vistió durante once años, si alguna vez incurrió en un acierto. El pequeño error adquiere gran difusión a poco que se facture con cierta belleza y dramatismo. No digamos ya si se ve favorecido por circunstancias geofísicas. Recuerdo cuando Henny Youngman decía que su padre era el borracho de la ciudad. «La mayor parte del tiempo eso no es tan malo, pero ¿de la ciudad de Nueva York?» Todo es peligroso y nada transcurre en balde. A veces ni siquiera los aciertos, como cuando Samuel Johnson le aconsejaba a un autor coetáneo leer de nuevo sus ensayos (los del coetáneo), «y siempre que encuentre un pasaje que piense que está particularmente bien, elimínelo».

Foto: Julio Cardeñosa.

Anuncios


Categorías:Fútbol, Literatura, Vida diaria

Etiquetas:,

32 respuestas

  1. Su pasado lo condena, Sr. Tallón. Pero a quién no. Cuente cómo le fue con la camisa blanca, le sirvió para conocer señoritas faltas de clase ? Confiese.

    • La camisa blanca me de devolvió aplomo. Pero a quién no le favorece una camisa blanca? Lentamente me recuperé. Había caído muy abajo. Imagínese. El salmón ni para comerlo. Hay que ver cómo deja la casa. Apestando varios meses.

      • Quite, quite, quite. Estimado don Juan, usted no sabe lo bueno que sabe el salmón noruego comido en Noruega y traído desde Noruega a golpe de interraíl. Y si encima va acompañado de caviar ruso del de verdad -no esa bazofia que nos venden aquí-, comprado y traído de Moscú por la hermana de una en un avión que daba bastante miedo subirse en él -últimos estertores de la era Gorbachov-, vamooooooossss… sabe a gloria.

        De la camisa no opino, pero exijo foto.

        (Por pedir…)

      • Yo ya me suicidé cuando me la puse en su momento. No me pida ahora que me suicide otra vez, en diferido. Pero fíjese, le suelto una exclusiva: o mucho me equivoco, o acudí a una boda con aquella camisa, a la que es posible que le añadiese una corbata a la altura de las circunstancias.

  2. Estimado Juan, como dice la voz popular “lo importante es que hablen de uno, aunque sea bien”. Cardeñosa y usted son unos privilegiados. No como yo mismo, que hace años me presenté en la boda de un primo con una corbata de Mickey Mouse, y en las inevitables y navideñas reuniones familiares, aparece en la conversación la dichosa corbata; por no sé que extraño misterio, en la memoria de todos los contertulios, el ratón de la Disney, colgaba del cuello de mi hermano mayor… nunca me he atrevido a corregirlos; opto por irme a la cocina a preparar mojitos con Agua del Carmen…

  3. Cuando ayer me comentaba que estaba seco, ya me heimaginado que se refería a su situación económica o a unas inoportunas vacaciones de su barman de guardia. Gracias por esta nueva y delirante dosis.

  4. La moda de finales de los 80, principios de los 90 fue muy dura con nuestros yo adolescentes. Yo recuerdo aún mi primera entrada en la discoteca más concurrida de Torremolinos con una minifalda negra de tubo, botas militares negras, y una camiseta blanca de rejilla. Aún conservo el modelito para no olvidar nunca que la moda y la antimoda van de la mano. Esa noche ligué mucho, huelga decirlo, las camisetas de rejilla es lo que tienen, pero lamentablemente, no ligué con el que a mi me gustaba, que no llevaba camisa color salmón, pero sí una camiseta muy vieja y muy gastada con el cuello completamente cedido y lleno de pequeños agujeritos tipo carcoma, y todo ello cuando aún nadie había escuchado hablar del estilo grunge. Mi amiga lo apodó ‘El pobre’, y yo me enamoré al instante (o venía ya enamorada de casa). Hay que amar a los inadaptados cuando se les encuentra, no me cabe duda, camisetas de AC/DC hay demasiadas.

    • He imaginado que usted y yo nos casábamos por la iglesia, y cada uno acudía con sus mejores galas de los ochenta-noventa. Usted absolutamente ridícula, con el uniforme que tan hermosa y espeluznantemente acaba de describir, y yo más absolutamente ridículo que usted, con mi camisa salmón y con unos zapatos de charol con hebilla plateada que me prestaría David, que nos los presenta en un comentario a este post. Sería el mejor día de nuestras vidas.

  5. Lo importante es que sólo fuese una camisa. Conozco a un tipo que colecciona camisas excéntricas, supongo que con ganas de llamar la atención y perdurar en la memoria colectiva. Ha logrado lo contrario: sus amigos han olvidado hasta su número de teléfono.

    Abrazos, señor Tallón.

    • No hay que abusar. Cuando tienes una camisa suficientemente ridícula, debes darte por satisfecho. Esa es la que te proporcionará el éxito. Lo de su amigo simplemente es de coleccionista zoquete. Si me permite el insulto, palurdo. Hace bien en negarle una llamada telefónica. Pero una cosa le digo: tenía que haberme visto con mi camisa salmón. Se estaría riendo incluso el día de su muerte.

  6. Jajajaja. Y lo mejor es que el día que uno se viste esa camisa y se pone frente al espejo, carallo, se ve guapo.

    Yo pocas veces estuve más convencido de la existencia de dios que un día que decidí ponerme unos zapatos (de turbio origen que no vale la pena comentar) negros muuuuy brillantes, de hebilla dorada y con tres dedos de tacón. Tenía 18 años y mucha clase de dios. Hasta me pareció que combinaban con unos vaqueros, fíjese. Fue salir por la puerta para ir a la facultad y, al bajar el segundo escalón, me comí la hostia de mi vida. Creo que aún me duelen las costillas. Pero es un dolor de costillas mucho más llevadero que lo que aquellos zapatos podrían haber provocado. Qué le voy a contar.

    Un abrazo.

    • Ojalá hubiese podido verlo. Con los zapatos, me refiero, aunque admito que también disfruto de lo lindo con las desgracias ajenas, con lo cual su hostiazo en las escaleras me hubiese hecho muy feliz. Qué bonito era hacer el ridículo cuando te quedaba toda la vida por delante. Desgraciadamente, crecemos y el miedo nos embarga. Mi consejo es que un día me llame, y nos vamos a tomar un cerveza con nuestras “mejores” galas. Seguro que hay algo en el armario de lo que estemos avergonzándonos todavía.

      • Lo de las cervezas está hecho, pero igual debe usted replantearse lo de la ropa. Es que no me gusta abusar.

      • El mundo se acaba, abusemos de algo.

      • Amenazo con apuntarme, porque puedo presumir de que mi modelito aún me cabe holgadamente. Si les gusta, tengo más, las camisas de leñador que nos poníamos con un cuello vuelto debajo también las conservo, y un vestido de lentejuelas doradas de plastiquete cual burbuja de Freixanet barata que usé para un fin de año de 1995, ahí es nada!

    • Uf, espadas en todo lo alto. Igual echo un vistazo a la foto de fin de curso de C.O.U. Para sacar ideas.

  7. Nunca es tarde para dejar por aquí un comentario. Una vez que ya tengo mi dosis de risa de la semana bien cubierta con su ” Era poco matarlo…”, le diré que en mi caso no fue una camisa, fue un pantalón de pana morado y tornasolado…… ¿ Cómo pude ponerme aquello ?……Como no había para mucho más, cuando reaccioné lo llevé a una tintorería para convertirlo en negro. A partir de entonces tuve un pantalón de pana, negro, con reflejos morados y tornasolado……. Todavía me dan escalofríos recordarlo. Si al menos yo hubiera sido un “artista”…… Nuevos abrazos desde el Sur y mi agradecimiento reiterado por los buenos ratos que me hace pasar.

    • Si nos reunimos todos los que hoy hemos confesado en este foro nuestras peores vestimentas, podríamos no sé si montar una banda, pero sí abrir un circo. Todos payasos, claro. Un gran abrazo, y gracias a usted, por leer estas paridas.

      • Para mi suerte los años y los kilos de más no perdonan. Las prendas míticas de quedan en la memoria (creo haber quemado todas las fotos). Me queda una asignatura pendiente: la camisa hawaiana tipo De Niro, o Nicholson (pero en calvo barriguitas). Si mi mujer sale conmigo a pasear de esta guisa , sabré que me sigue queriendo ( …o que pasa de mí totalmente)

      • No ponga a prueba a su mujer con esa camisa. Seguramente le quiere, y mucho, pero no creo que lo tenga en un altar, como para retarla a elegir entre usted y la dignidad. Ándese con ojo. Advertido queda.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: