Continúen durmiendo

Me encontré con Salcedo a primera hora, en la calle Progreso. Él bajaba fumando, con el cigarro apagado, y yo subía dándole patadas a una lata de coca-cola, como en la infancia. Era tempranísimo. Por lo menos, las once. Noto yo que cada vez me cuesta más madrugar. Adónde voy a ir, me digo. No hay necesidad de destrozarse los nervios saltando pronto de la cama. A veces no hay suelo, y cuando te incorporas buscando las zapatillas, caes directamente a la calle. Más desde que sabemos, por boca del presidente, que de aquí a tres años España mejorará una barbaridad, pero no tanto como para que, al levantarte, tengas unas zapatillas al pie de la cama. Esta clase de dramas, como puede deducirse, se amortiguan durmiendo.

Cuando te piden paciencia te dicen, en el fondo, que te des la vuelta y duermas un ratito más. GuardiolaTal vez, de modo inconsciente, al posponer la hora de levantarme, yo sólo deseaba parecerme a Gómez de la Serna, que en sus tarjetas de visita, junto al número de teléfono, ponía: «Después de las tres de la tarde».

Salcedo apartó el cigarro apagado de lo labios y yo lancé la lata fuera de banda, para hablar tranquilamente. Empezamos por darnos los buenos días, aunque ya no faltaba demasiado para que oscureciese. Cuando no tienes gran cosa que hacer, sin saber cómo, es verano, y muy pronto diciembre, y al día siguiente mayo. De momento, volvía a ser invierno, pero en abril. Mi amigo comentó que se dirigía a Zara para devolver una falda. Enseguida precisó que la falda era de su madre. Curiosamente yo, con esa prisa lenta que tenemos los individuos en paro, iba a Sigma Hogar a buscar un recambio para la máquina de coser. Añadí que la máquina de coser también era de mi madre. Esto ocurría sólo un día después de haber estado comprando una broca y tacos del cinco para mi padre, que resultaron ser grandes y tuve que cambiar por otros del número cuatro. De pronto, víctima del pánico, pero en silencio, até cabos y averigüé que en este país de mierda los hijos volvíamos a estar para hacer recados.

Este era el panorama cuando nos despedimos y retomé el encargo de mi madre. Entretanto, me consolé pensando que Pep Guardiola había llegado a entrenador del Barça, y obtenido quince títulos, desde el puesto de recogepelotas, que era una forma más de hacer recados. Ni mejor ni peor que llevarle brocas a tu padre. Desgraciadamente, camino de Sigma Hogar, continué haciendo averiguaciones dramáticas en voz baja. No había caído, hasta ese minuto, en que hacía semanas que no buscaba trabajo. Supuse que bastante lío tenía ya con buscar recados. Me acordé de Max Aub. Había empezado así, llevando de aquí para allí peines, gemelos, cubrebotones, antes de vivir de la literatura. Su padre distribuía e importaba artículos de caballeros, y mientras el hijo no se hizo escritor, hizo recados para él.

Yo estoy también en esa fase. Escribo, pero no como trabajo, sino como recado. En las últimas semanas, de hecho, he recibido al menos dos interesantes ofertas para escribir gratis en dos revistas. Es decir, recados. Cuando te llama la directora, o el redactor jefe, o el de mantenimiento, y te dice «escríbenos un artículo para el siguiente número», notas enseguida la familiaridad del tono. Al principio no sabes por qué te suena. Estás tan contento porque te encarguen un artículo, aunque no te paguen, que no caes. Esa noche, con la emoción, ni siquiera cenas, como cuando pierde el Atlético. Vives en una nube. Después de todo, vas a colaborar en una revista prestigiosa, y no te refieres a llevarle el café al jefe, corto de café, con leche desnatada y sacarina, sino a escribir en ella. Cuando pasan las horas, y echas cuentas, y esas cuentas no te salen, se te revela el misterio. Ya está. Cómo no lo advertiste antes. Ese tono del redactor jefe es justamente el mismo que usaba tu madre cuando tenías diez años y te decía: «Niño, toma cinco duros y ve a buscar el pan junto a lo de Paquita. Y rápido».

Foto: Pep Guardiola.

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Categorías:Bares, Fútbol, Literatura, Vida diaria

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31 respuestas

  1. De mis tiempos de desempleada, hace unos pocos años, recuerdo que me sentaba al borde de la cama y éste se sentía como el borde de algún abismo en el cual no terminaba de caer. Cuando, finalmente, conseguí trabajo tenía un miedo atroz a perderlo que me duró hasta que me liberé de él (del miedo, no del trabajo) cuando decidí que si ése iba a ser mi último trabajo rentado por lo menos me iba a divertir haciéndolo. Ah, y gracias por la foto de Guardiola, uno de los hombres más hermosos que existen.

  2. Se me ocurre un escenario interesante, al hilo.

    Podría resultar que una persona que busca aislamiento total tuviera que escribir sobre planes de ocio familiar. Es más, propongo que este sujeto fuera soltero sin perspectivas y tenga que adoptar la voz ora de una amorosa madre ora de un instructivo padre, al momento de escribir.

    Pudiera redondearse la situación admitiendo que los ingresos económicos de la familia que sustenta a nuestro antihéroe fueran escasos, que la editorial no contemplara pagar sobre estos artículos de puericultura, y, además, cada vez que se levantara de su lecho tuviera que desayunarme una montaña de lomos de libros clásicos clamando ser leídos.

    Una situación, por extrema, envidiable. Cada mañana lo pienso.

    Continúe escribiendo, mientras quiera.

  3. Ayer leí un artículo en el que preguntaban qué me gustaría hacer si el dinero no fuese un problema. Lo primero que pensé fue: escribir y cocinar. Se me olvidó dormir. Si el mañanero es el mejor.

  4. Cómo me jode trabajar gratis, yo, que cobro 700 euros escasos al mes, pagas prorrateadas incluidas, casi que estoy jodida a diario, porque si eso no es gratis a ver qué es. Yo intenté disfrutar con el trabajo, pero con este sueldo sería delito. Disfruto al menos, del horario, porque en el fondo soy una soñadora. Me da asco el rollo periodístico al que pertenezco, pero ya si hablamos de las colaboraciones literarias ni le cuento, igual deberíamos hacer nuestra propia publicación de prestigio hipster y explotar a otros, que es la única manera de progresar en este país, a ojos vista, ¿no le parece?

    • Tiene razón Diva , trabajar por 700 Eur ya es hacerlo gratis. Y hasta nos convencemos de que es algo que hay que agradecer porque otos están peor lo que es la mejor manera de desmovilizarnos. Coincido en cuanto a la Belucci: a mí me gustaría verme como ella. De Guardiola que digan lo que quieran mientas él se vuele más lindo cada día.

  5. Con la condición de que invitemos a Guardiola ( y que venga, claro).

  6. Efectivamente. Cuando a uno le piden paciencia lo que en el fondo le están pidiendo es que siga durmiendo. Con gusto me aplicaría yo a colmar deseos ajenos de ese modo si no tuviese que venir a esta puta oficina a perder el tiempo (cobrando).

    Abrazos, señor Tallón.

  7. Paciencia, paciencia, que los brotes verdes no crecen por generación espontánea! Hay que llamar al profesor Bacterio e iniciar la catálisis! Únicamente nos faltan los brotes!
    Además,no hay cosa que abunde más por nuestro cuaternario patrio que las latas de coca-cola! Es el perfecto fósil postmodernillo y la pelota del futuro! Hay que premiar a esa gran multinacional por sacarnos del sopor!
    Prosperos brotes/botes?Los Verdes!!

    • Ojalá me encontrase todos los días una en la acera, para marcar gol contra un portal.

      • Sr.Tallón, ni que ho digui! Xutar pel carrer llaunes o pedres és una meravella per a les neurones! A més a més, és l’esport per excel.lència dels que no tenim un horitzó laboral clar!
        A veure si en el proper llibre no s’amaga darrera de tantes cites! I com el tema va d’armes; crec que li agradaria llegir un autor sicilià que feia noveles sobre la mafia. No recordo el seu nom,però era professor de filologia a Palerm…ara fa no gaires anys babelia li va dedicar un parell de planes!
        El seguiré llegint i ,si us plau , espero que segueixi aplicant aquest to de “malvadillo”.

      • Haremos lo que podamos, Sonia. Y sobre todo lo que sabemos. Y la estaremos esperando.

    • Leonardo Sciascia. El día de la lechuza, Barcelona, Tusquets, 2007.

      Hasta que la hidráulica y las plantas me dejen un ratito!…que me recuerda usted a mis veranos en la escalerona de San Lorenzo. Aunque, sigo pensando que los astures son algo más guasones que los galegos ! ¿Será a causa de los chigres y de la sidrina ? Tal vez, sea ese hablar cantarín!

      Qué les fades el visitin aviat, inspector Clouseau !

      La amiga de Pierre Nodoyuna.

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