Queremos tanto a Gilda

Esta noche mi perra pasó por la piedra doce novelas, en silencio y lentamente. No tiene misterio: los libros estaban a tiro, encima del sofá, y los destrozó con verdadero gusto. Cuando eres perro, la destrucción también produce deleite. Entre las obras arruinadas había un poco de todo: material interesante, bazofia y ni fu ni fa. Ya sabemos que existen novelas que están sólo destinadas a ser escritas, nunca leídas. Gilda, que es un cachorro y todavía no comprende conceptos tan nacionales como «ni fu ni fa», les dio el mismo tratamiento a todas y las redujo sin cuartel, como si estuviese en guerra. Por si acaso. Cuando entré en el salón, por la mañana, la perra me miraba fijamente, desafiante, casi con aborrecimiento, como reprochándome aquello que Josep Pla le soltó a Joaquín Soler Serrano en su programa de entrevistas, allá por los setenta: Gilda«El hombre que lee novelas a partir de los 35 años creo que es un cretino. ¿No lo cree usted?».

Confieso que mi primera reacción fue de espanto. Había dejado inservibles Si una noche de invierno un viajero, Relámpagos, El mapa y el territorio, El buen salvaje, El diablo a todas horas, Todo OK, Diario de invierno o El abrigo de Proust, entre otros títulos. Francamente, quise defenestrarla y olé, aprovechando que vivimos en un tercero. Después de todo, Gilda sólo lleva una semana en casa. Es una extraña, en cierto sentido. No tenemos aún eso que se denomina lazos, afectos, si bien yo seco su pis y recojo su caca a todas horas. Por momentos, siento que me desprecia y que se comporta como la verdadera Rita Hayworth en la película de Charles Vidor, cuando le dice a Johnny Farrell, a quien lo unió algo en el pasado, ya enterrado, que «Johnny es un nombre difícil de recordar y fácil de olvidar». En realidad, con tanto pis en casa, y la indiferencia, casi puedo oír esa otra fase, menos sutil, en la que la verdadera Gilda le dice a Farrell: «¿Te interesa saber lo mucho que te odio? Te odio de tal modo que buscaría mi perdición para destruirte conmigo».

Por fortuna, mi rabia dura sólo un oscuro e hirviente instante, antes de desvanecerse. Pasados esos segundos, ninguna tragedia me parece nunca trágica, como mucho cómica. Eso incluye los libros interesantes y, con más razón, los ni fu ni fa. Enseguida advertí que todas aquellas tripas esparcidas por el salón sólo eran novelas. Nada más. Hasta yo había escrito alguna. No se acababa el mundo porque desapareciesen algunos ejemplares. De hecho, su pérdida podía resultar beneficiosa para ellos. Tal vez, después de todo, Gilda y yo podamos entendernos. Máxime ahora que publico nueva novela.

Foto: Gilda, de Charles Vidor (1946).

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Categorías:Cine, Literatura, Vida diaria

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30 respuestas

  1. Cuanto más le leo, más me gusta. Cuenta usted con una nueva adepta. Le costará librarse de mí , mientras siga escribiendo así. Saludos.

  2. A ver, me habría gustado más su entrada si la hubiera titulado: ‘Queríamos tanto a Gilda’, en pasado. No me preocupan las novelas, tiene usted razón en que su pérdida no es determinante, pero no soporto a los canes en los pisos (en realidad, a ningún tipo de animal en los pisos que no sea humano). Le diré más, hay algo que me parece significativo con los anmales de compañía: ni siquiera dejan que los suban a la Giralda.

    • Ahora tengo una razón firme para no ir a la Giralda. Yo tampoco creía en los perros viviendo en pisos. Pero un día dejé de creer en todo, y ahora creo en cualquier cosa.

      • No se deje engañar por las creencias, que luego queda uno atrapado. Hace poco leí en la novela ‘A propósito de Abbot’ algo que me parece muy al hilo: “Abbott parece haber sido abducido por la paternidad, aunque no puede dejar de ponerse en entredicho ni de percibir las implacables paradojas de su vida. Y así, mientras limpia el vómito de la sillita de su hija se dice: «Las dos proposiciones siguientes son ciertas: (a) Si tuviera la ocasión, Abbott no cambiaría ni uno de los elementos fundamentales de su vida, pero (b) Abbott no soporta su vida»”. Ya sé que no es lo mismo la paternidad que la adopción de un perro, yo sólo le advierto y me hago la lista.

      • No veo con malos ojos lo que dice Abbott. Pero sinceramente creo que Gilda me recuerda cada día el principio básico de la vida: recoge la mierda, y continúa tu camino.

  3. Usted Mr. Tallón, como siempre, a lo suyo, bordándolo y tal… Para mí que Gilda cuando lo miraba estaba pensando aquello de “No se imagina lo fiel que puedo llegar a ser, por un buen sueldo” .

  4. Toda tragedia que se precie es, al mismo tiempo, una comedia. Y viceversa, claro. La clave está en la percepción.

    • Y en el tiempo que pasa. Y a quien le pasa. Y si tiene remedio la cosa.

      • Sí, sí y sí. Pero no dejan de ser las dos caras de una misma moneda. Por ejemplo, el otro día dos retrasados mentales se enzarzaron en la piscina que frecuento, soltándose alguna que otra hostia en el proceso. A mucha gente aquello le produjo una sensación de lo más desagradable, como de tragedia local, por el hecho de que aquellos muchachos hubiesen decidido resolver sus diferencias como las personas normales. A mí, sin embargo, me hizo bastante gracia. Tanta que me echaron del lugar, con la mirada.

      • Yo todavía estaría riéndome, probablemente con un par de dientes menos, con la camisa rota. Pero y qué, el caso es echarse unas risas.

  5. Bueno, imagino que Gilda se debe interesar más por Ud que el tigre de bronce. Además le está generando espacio para acumular libros nuevos. Cuándo sale su nueva novela?

  6. Una cosa Mr., algo había visto por el ‘hiperespacio’ sobre su novela, pensaba que era en galego y la lengua de Cunqueiro no la domino; pero parece ser que también saldrá en castellano, aclaremelo por favor. Un cordial saludo.

  7. a ratos, la cabeza da chispazos y no carbura como debiera. el 95% de los mortales oyen el nombre “Gilda” y visualizan a la Hayworth quitándose el guante. quien huniera sido Welles para verle quitarse otras cosas. pero los discapacitados como yo, leemos Gilda y pensamos en la hija de Rigoletto. hasta ese punto tenemos la neurona hecha unos ciscos.
    conserve la perra. se presta a ser excusa para desastres domésticos propios y ajenos. y así usté pasará por un individuo sensible, si caso quiere engañar a alguien con eso algún día.

  8. Inventa mucho. Y empiezo a sospechar que escribe para mujeres solitarias con fiebres uterinas janesausten si esto cabiese que fuese un síndrome tallonasimo o cómo se diga a tenor de los ardientes comentarios . O se lo hace mirar y cambia de registro o todavía no le pillo el cuento

    ¿es guapo?

  9. Tengo una amiga, zaragozana, cuya perra se llama Gilda, también. Se decidió por ese nombre porque el animal tenía las patas delanteras blancas, y parecía que llevara guantes.

    ¿Y usted, mi estimado don Juan, por qué decidió bautizarla de ese modo…?

  10. Creo que he sido un poco grosera y le pido perdón. Lo que me llevó a escribir esas lineas es que también lo estoy pasando mal con una mascota. Por otra parte admiro su talento natural para escribir, es bueno, muy bueno, pero lo quiero más desgarrado, más desnudo y descarnado. Despójose de los clichés que tanto gustan y escriba de verdad, que usted sabe. Y ahora sí puede mandarme a la mierda si gusta. Después de todo quién coño soy yo para decir lo que tiene o no que escribir. Tal vez por que atisbo talento en sus párrafos me lo permito. Y no, no soy una Annie Wilkes fan fanática numero 1ª aunque estoy pensando en alquilar una cabaña en algún lugar de los bosques Maine… 🙄

    A sus pieses.

    • Cuando alquile esa cabaña haga una copia de la llave para mí. En esos bosques creo que me saldrá una novela desgarrada y auténtica. Le pido que le cabaña tenga algo para apagar el fuego, tipo whisky o ginebra. También le digo no me han sentado en absoluto mal sus comentarios. Al contrario. Esa actitud la agradezco mucho, porque a la larga hace bien. Te abre los ojos y te ayuda a mejorar. Así qué muchas gracias, Tereixa. Es un placer.

      • Pues a mí me ha dejado intrigada lo de los ‘ardientes comentarios’, espero que no se refiera a los míos, porque, secretamente, yo le veo el mérito a la Austen… No es que me sienta aludida, no, es la costumbre desde el instituto, ya que como el 90% de mis amigos eran chicos siempre tenía que andar explicándome, qué pereza. Por suerte Tallón sabe que sin duda mi único interés es leer periódicamente sus peripecias y llevarle un día a la Giralda y que reconozca que es bonita esa mierda de una vez, y si no lo hace, amenazar con un paseo en coche de caballos por el casco histórico; que nuestra señora del chaleco de pana le libre de hacer una presentación por estos lares.

      • Ja jajajaja. Esos caballos me acaban de poner los dientes largos. Empezamos a acumular deudas pendientes. Recuerde también los gintonics. Lo que no deja de ser ardiente.

      • Tengo un amigo (sí, con o) de la carrera, periodista, que siempre que bebe gintónics conmigo me dice: ¡quema como fuego!!!!, emulando un antiguo anuncio de Ricola, así que sí, algo de ardores puede darte si no has tomado previamente unas ricas tapillas…

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