«Voy a echar la partida»

En este país, durante años, sólo hubo una partida. La partida de cartas. La Partida. Y era sagrada en millones de casas, como el brasero o como la copita del desayuno. La echaba tu padre, la echaba tu abuelo, y si sabías lo que es bueno, un día la echabas tú. Podías licenciarte en Derecho jugando una partida tras otra en la cafetería de la facultad. Sólo tenías que levantarte de vez en cuando para fotocopiar apuntes. En realidad, aquello no era tanto una partida de cartas como una misa. O una orgía. O el acogedor infierno. No faltabas a la cita por una enfermedad, ni por una celebración familiar, ni porque naciese tu hijo. En Vilardevós (Ourense), hablamos recurrentemente de aquella partida en la que a Indalecio Yáñez le llegaron, en mitad de subastado, con la nueva de que había nacido su cuarto hijo. «Arrastro», dijo sin levantar los ojos del tapete, metiendo un triunfo en la mesa, para allanar el horizonte.Jugando a las cartas en El Entrego, San Martín del Rey Aurelio. Año 1920 (asturias.es) El bar aguantó la respiración y el tiempo palpitó en la atmósfera. Cuando Indalecio recogió la baza y contó los puntos de cabeza, se volvió y preguntó, apartando un segundo el palillo de la boca: «¿Niño o niña?». Y, naturalmente, continuó la partida. A eso me refiero cuando digo «sagrada».

El jugador de cartas primitivo, que un día, hace mucho tiempo, entró en el bar y pensó «este es mi hogar», estableció entonces sus valores: partida, trabajo, familia. Por este orden. Tampoco es que se precisen más ideales. Con tres valores así, firmes, recios, se puede escribir la Fundamentación de la metafísica de las costumbres, de Imanuel Kant. Ni un tipo como Kant, ahora que lo citamos, supo sustraerse al embrujo del billar, como detalla James Boswell en Visita al profesor Kant. Hay que desconfiar de la gente sin vicios, que nunca encuentra una razón para llegar tarde a casa, incluso para no llegar. Allá ellos, claro. Pero conviene saber que acostarse temprano y levantarse temprano, como advirtió James Thurber, hacen de un hombre alguien saludable, próspero y muerto (artículo completo, aquí).

[Publicado en Jot Down]

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Categorías:Bares, Cine, Literatura, Vida diaria

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16 respuestas

  1. Oiga, don Juan -disculpe que mi comentario no tenga nada que ver con su entrada, pero confío en que me perdone-: ¿hasta cuándo se queda en Barcelona? Me fue imposible asistir a la presentación de su libro, cachislá…

  2. Señor Tallón, aquí o único que cumpre son eu. O último en chegar e o primeiro en cumprir. O único que, facendo un esforzo inmenso e desafiando os kilos e os meniscos, percorreu os cincocentos metros que separan a miña casa da Central del Raval e se presentou alí como un reloxio de precisión detectivesca. Un chisco antes de comezar o acto, para que tomen nota os incumpridores. A rebosar, señor Tallón, a rebosar, estaba o galiñeiro da Central, que alá arriba, nas alturas, foi onde se fixo a presentación. E que luxo teren con vostede ao Martí Gómez, que eu ao ler que un dos participantes no acto era José Martí, escritor e periodista, non tiña claro que fose el, porque aquí é Martí Gómez e que eu saiba non é o seu forte presentar libros tan “postos ao día” como o de vostede. Lamento que o noso fose un saúdo efémero, dada a “cadea humana” que se adiantou ao 11 de setembro para lle pediren que lles asinase o libro. Ten vostede capacidade de convocatoria. Merecida, todo hai que o dicer. Eu, vendo como ía a cousa, pedinlle permiso á muller que estaba diante de min para que me deixase pasar, que só quería saudalo a vostede, e deixoume pasar mui amábelmente. Home, cuando vin que levaba tres libros como tres váteres de Onetti, pensei que había que pedir paso; iso si, cívicamente, civilizadamente, como se fan as cousas por aquí. O que non me quedou claro, porque cuando vostede se referiu a el non me virei e porque logo ao sair comentámolo cuns amigos que estaban na mesma que nós: Asistiu ou non asistiu Vila-Matas? Eu creo que foi un “guiño” novelesco que lle fixo o señor Tallón a un dos personaxes da novela. Entre metaliteratos e metaliteraturas anda o xogo. Ou, ao mellor, asistiu, vai ti saber.

    • Amigo detective, hai xente que asegura que non estaba, pero tamén hai xente que porfiaba que o vira. Quen sabe. Se cadra o máis fermoso é que o misterio non sexa revelado, e que a verdade fique na neboa. Como xa lle dixen en La Central, fiquei moi agradecido coa súa presenza e a da súa muller. Así da gusto. Agardo que a non moito tardar poidamos saudarnos “en condicións”.

  3. Pues yo sí que estuve en su presentación en Barcelona, Tallón, y la verdad es que me encantó. Sólo usted es capaz de aunar el buen humor, la ironía y un cierto sarcasmo indolente con el tono pausado en el hablar adecuado para dormir a una criatura de cuatro años como mi hija mayor, a la que no dudé en empujar -no hay canguro que la resista- al acto. Ahora más en serio, la verdad es que me alegré por su evidente éxito de convocatoria y por supuesto, de conocerle en persona y oírle hablar. Un abrazo.

  4. Estimado don Juan: yo quiero Fin de poema. ¿Es fácil de encontrar?

    (Está en La Central, y eso? Es que no me he pasado, aún… Ande, ande, cuéntenos de este libro, que tengo muchas ganas de que nos cuente de él, y de echarle más que un vistazo)

    • Estimada MT. El lunes estuve en Laie, la que hay en el CCCB, y Damiá, el increíble gestor de todo aquello, me dijo que había solicitado ya “Fin de poema” y “A pregunta perfecta”, y creía que podían llegarle ambos textos en breve. No creo que lleguen demasiados ejemplares, así que llame, por si acaso.

  5. ¡Qué de momentos viendo de chico jugar a los viejos! ¡Qué eternidad de partidas incabables en la mili, o en los día de lluvia en los agostos del Norte! ¡Qué nostalgias! Aquí, donde vivo, no hay costumbre de echar la partida. ¡Dios, cómo lo echo de menos!

    Una vez más, gracias, porque me has sentado a la mesa y he vuelto a oler el aroma de farias mezclado con coñac barato. Me has colocado en pie, de “miranda”, viendo fascinado a mis viejos vigilantes, concentrados, hacerse señas, hablar en clave, pedir otra copa, repantingarse sobre la silla cuando ganaban, enfadarse con el compañero, encender la faria de nuevo, porque se había apagado…

    Deberían de clarar “la partida” patrimonio UNESCO. Por cierto, ¿no te has preguntado por qué se utiliza el verbo “echar”, cuando se habla de jugar una partida?

    • La irresistible atracción de las cartas. No sé por qué nuestros filósofos todavía no han aprovechado esa veta. Hay mucho que reflexionar. Me alegro que el texto lo haya llevado de viaje al pasado. En cuanto al verbo “echar”, no sé qué decirle. Pero imagíneselo.

  6. ¡Qué partida ni qué partida! ¡Lo mejor del artículo son las moscas!

    Me he descuidado estas vacaciones y se me acumula el trabajo. Cuánto ha escrito usted, carallo.

  7. Querido Tallón, en mi barrio se jugaba al dominó en los bares. Y sí, los hombres ocupaban sus mesas y mi madre y otras vecinas me mandaban a llamarlos para la cena y yo iba sabiendo que volvería sola y podía entretenerme mirando el escaparate de la papelería, siempre lleno de deseos infantiles, que lo sepa, hay que deshacerse del seis doble.

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