Planchar calcetines

Algunos días, como el 26 de diciembre, plancho. Plancho todo. Calzoncillos, sábanas, trapos de cocina, calcetines, corbatas, dinero. También plancho camisas, aunque no me gusta. Pero como Scott Fitzgerald dice que hay que plancharlas, yo las plancho. «Se puede llevar una camisa que esté un poco sucia –decía en Suave es la noche Dick Diver–, pero una camisa arrugada, jamás». Nunca parecen suceder cosas importantes el día 26. La exuberancia de Nochebuena, incluso el desierto que nos alcanza la vista al día siguiente, al que llamamos Navidad, dejan el día 26 reducido a un guiñapo, como esa bola que haces con los calcetines sucios, para que no se pierdan. Por eso plancho. Sin embargo, creo que la vida real sucede intensamente el día 26, cuando la felicidad total vuelve su sitio, en el sótano, y la familia se ahuyenta en hermosa estampida. En fin, como canta Serrat, «con la resaca a cuestas vuelve el pobre a su pobreza, el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas». Eso no pasa ni en Nochebuena ni en Navidad, Las fronteras del crimensino el 26. Cuando las luces se apagan, y el comedor se queda en silencio, significa que es 26 de diciembre y las promesas vuelven a incumplirse, como a ti te gusta. Al fin todo está bien, después de dos días de gloria atroz.

Hay una torpeza en los días normales, en los que comes otra vez sobre platos rayados, y vuelves a beber agua del grifo, que le hacen a uno amar la vida más que en cualquier fecha señalada y redonda. Nunca te fíes de un número perfecto, aunque sea un millón de dólares. Ford Madox Ford sostenía que para saber si merecía la pena gastar tu tiempo con un libro, sólo tenías que abrirlo por la página 99. «La calidad de toda la obra te será revelada». El 99 es feo, anodino, como esas ventanas a las que te asomas y las vistas son una caldera humeante y una paloma muerta. Supongo que ese número está demasiado cerca del 100, hacia el que todos miran como si fuese un letrero de neón, anunciando que hay camas libres.

En el mismo sentido, el 26 de diciembre es la jornada a la que caes, casi expulsado, después de vivir, durante cuarenta y ocho horas, como si no existiese el mañana. Chet Baker contaba que, después de un día de Navidad, se había emborrachado sin nostalgia, como si sólo fuese una costumbre horaria, y se había llevado una chica a casa, constatando un milagro. Fue el día más feliz y triste de su vida. En la oscuridad del dormitorio, Chet se deslizó apenas un minuto al lavabo, y cuando regresó, su chica jadeaba y exclamaba «Oh, Chet, sí», mientras el compañero de piso de Chet le hacía el amor. Esto es la vida. Y ocurre en días como hoy. Feliz 26 de diciembre.

Foto: Las fronteras del crimen (1951), de John Farrow.

(Publicado en La Voz de Galicia)

Anuncios


Categorías:Literatura, Música, Vida diaria

Etiquetas:, ,

25 respuestas

  1. Pues no había caído yo en la cuenta. Nada extraño por otra parte. Casi nunca caigo en la cuenta hasta que no cae otro. Por eso soy un don nadie. Lleva usted razón Sr. Tallón…¿ Qué pinta ahí el 26 de diciembre ?…En realidad se debería de pasar del 25 al 31 y así evitar agonías innecesarias. Todo seguido. Y, si me apura, del 1 al 5 de enero por la tarde. Menos mal que ya mismo tenemos aquí los carnavales y luego Semana Santa y luego…la primavera, las flores y el puterío, que decía un amigo mío.
    Cordiales saludos desde esta Granada que me consta que conoce… aunque esté en la otra punta ( con perdón ) de donde vive.

  2. Ciertamente es un alivio contar con el día veintiseis como con tu sillón favorito cuando regresas de haber sufrido un espectáculo pretencioso y cutre en el que te han metido a la fuerza. Esas situaciones patéticas en las que deseas dar un alarido y decir unas cuantas impertinencias, pero el pudor y la educación recibida te llevan a resistir con una mueca puesta y a desear qu no te vean los “artistas” correr despavorida en cuanto se baja el telón y te faltan arrestos para felicitarlos o mascullar un “estupendo” procurando mirar al infinito. A mí me da por fregar el baño y ordenar compulsivamente los armarios mientras juro que las próximas me iré a Cabo Verde.Lo de planchar los calcetines no creo que me funcione porque siempre están desparejados. Tampoco está mal tirar a la basura algunos de los imposibles regalos con que te obsequia la parentela y que ni el gato tiene fuerzas pra cargarse.
    Encima, para mayor oprobio, en la cena del instituto de este año, repartiendo tremendos vasos de plástico para degustar los increíbles Gin Tonics el director, nos ningunearon a una compañera y a mí, un jovenzuelo del departamento d literatura, al que piropeé con entusiasmo. El cabrón nos pasó a las dos por el arco de triunfo y nos quedamos sin el jarabe. Acabamos pidiéndole un vasito para el sintrón y un orinal por aquello de la incontinencia senil.

    Por cierto, la compañera, jefa del dep.de lengua me dice que le encantó su libro. Que ya repartió varios ntre los profes del club de lectura y que los tiene a todos atrapados. Enhorabuena.Y que tenga
    mucos veintiseis en su vida. No olvide que en abril será su intervención estelar.Un abrazo.

  3. La verdad es que para mi el día 26 de diciembre era un día tan anodino como para Juan hasta que hace trece años nació mi hijo mayor en este día. Desde entonces, la vorágine se prolonga un día más y mejor. Felicidades Javier!

  4. Un pequeño homenaje a Coppini, aunque supongo que éstas moscas ya las tiene Mr. Tallón atadas por el rabo; aprovecho para desearle un Feliz 26 de diciembre 🙂

    ‘Colecciono moscas’: ¡Mira que están locas estas bichas tan gordas! ¿y qué? Escenas macabras te brinda mi caja. Festín que preparo todas las mañanas, estos insectos voraces no se conforman con nada. Se roban bocados quedándose hartas.

  5. Lo peor del 26 es, sin duda alguna, decidir qué va a hacerse uno de comer. Después de los excesos de los días anteriores se diría que una sopita, pero, ¿a quién coño le apetece una sopita? Una sopita no pega con los restos de turrón y el vino del bueno, anda ya. La sopita para las viejas, a mí dame gambones.

    • No lo va a creer, pero ayer por la noche, es decir, Navidad, cené una sopita. Y después una ensalada, y para rematar la decadencia, un yogur. Me faltó irme al garaje, encender el coche y esperar mi hora. Pero ni siquiera tengo garaje.

  6. A la insignificancia del día 26 súmele el calor que hace aquí abajo del mundo: no lo recomiendo. Siga planchando.

  7. Y yo que pensaba que Suave es la noche era el directo más salvaje de sus vecinos los felinos del gato enfadado.

  8. Es de mala educación decirlo, pero el tipo se apellida Diver.

  9. Lo mejor para este tipo de días es que toque trabajar. La rutina evita planchazos emocionales.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: