Todo irá mal, y nos gusta

En otros tiempos yo hoy estaba en cama, gritando que me iba a morir, como cuando te hacen un penalti inexistente. Fuera de eso, todo iba bien, bajo los cuidados paliativos de mi madre, que cree que su hijo no bebe. Yo era joven e idiota, y aún suponía que había que celebrar la felicidad a toda costa, y que en todo caso, la felicidad eran los días especiales, como Nochevieja o Reyes. Y al final vomitar. Era idiota completo, y jugaba a ser feliz, como cuando juegas a que la cerilla se consuma entre tus dedos. Sólo ahora empiezo a saber que, con el país en demolición, la felicidad es caerte muchas veces por tu bar con tu desgracia a cuestas, buscando el modo de aligerar el peso, vagamente. Norm PetersonTe conviene cerrar los ojos de vez en cuando, no saber toda la verdad, incluso ignorar quién eres por momentos. «Si te conoces demasiado a ti mismo –decía Gómez de la Serna– un día dejarás de saludarte».

No tardas en encontrar consuelo en celebrar que no hay nada que celebrar, y que en las calamidades existe al menos un minuto de gozo al día para todos. A mí me basta. A la vida empiezo a pedirle sólo que mi camarero siga adivinando qué bebo. No sé qué daría por que la clientela, cada vez que entro al bar, me saludase al unísono, como a Norm Peterson en Cheers. Todos necesitamos un instante así, fugaz, coral, por el que asomar la cabeza, reír, beber algo y luego caer otra vez a nuestros abismos, que es una cosa que nos lleva casi todo el tiempo. En realidad, si te guías por el cartel de «país en demolición», te pasarías las horas dando pésames, cabizbajo, sin tiempo siquiera para un trago. Y no es eso.

Hace algunos años, precisamente durante un velatorio, un grupo de amigos, jóvenes e idiotas, acudimos a presentar nuestros respetos a la familia. Habíamos salido y bebido a ultranza la noche anterior. Nos conjuramos para que no se notase. Pero algo salió mal. Ignacio le extendió la mano al viudo con una seriedad muy loable, y, errático, sin fundamento, le susurró: «Felicidades». Le clavamos la mirada por la espalda, como vulgares matones. Por suerte, el viudo estaba ausente, y en cuanto a Ignacio, ni siquiera sabía qué había dicho. En cuanto pudimos, huimos del tanatorio, y dedicamos el resto del día a convertir aquel error en algo divertido. Nos costó, pero de madrugada convencimos a un tuno para acompañarnos al cementerio, y despedirnos como dios manda de la difunta. En fin, nos espera un año fascinante y terrible. Me hace ser optimista sobre mi pesimismo.

Foto: Cheers.

[Publicado en La Voz de Galicia]

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Categorías:Bares, Vida diaria

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21 respuestas

  1. Los tanatorios son lugares por los que me dejo caer con cierta frecuencia, como usted ya sabe. Recuerdo que en una ocasión me despedí de la familia del difunto con un sincero: “Pasadlo bien”. A diferencia de Ignacio, yo ni estaba bebido ni había bebido. No lo necesito; nací resacoso.

    Feliz Año, amigo Tallón.

  2. Totalmente de acuerdo, me hace rememorar tiempos pasados.
    Feliz calamitoso o provechoso año 2014!

  3. Querido Tallón.

    Presente mis respetos a Don Ignacio….

    Aplaudo su artículo una vez más y me congratula observar que sigue siendo un optimista.

    Cuídese mucho hágame el favor y evite los velatorios.

    Un fuerte abrazo

  4. Magnífico, como de costumbre. Por lo demás, y como solía decir Coll, “cuidadín, no vaya a ser que nos quiten lo bailao…” Saludos y salud, Juan.

    • Ese es mi miedo, Julià, que un día aparezca un sargento de la Guardia Civil con una orden por escrito del subdelegado del Gobierno y me requise las borracheras, incluso las resacas. Sería un drama. No sería nadie sin mis viejas resacas. Imagínate.

  5. Quién sabe, tal vez el viudo era feliz habiéndose sacado de encima a su cónyuge, tenga en cuenta que un divorcio sale caro.

  6. Esto último me recuerda que el día que falleció mi marido, recibí la llamada de una conocida dándome un saludo de “enhorabuena” con voz muy compungida. Lo peor es que le dije “Muchas gracias” y en cuanto colgué me asaltaron varias dudas en las que he prefrido no profundizar.
    Es mejor seguir en la superficie de la inconsciencia, porque tal como está la cosa, o desentierras el viejo fusil, o buscas un árbol bien ubicado, o te tapas la nariz y procuras no respirar. Con todo, estimado Tallón, le deseo salud y el mismo humor para aligerar el abismo.Abrazos.

  7. Debe ser por eso que los “filántropos que nos gobiernan han desterrado la filosofía. Como nos cuidan…

  8. La felicidad, ser joven y los días especiales están sobrevalorados. 2014 será perfecto si sólo nos levantamos de la cama lo imprescindible. Para beber y ver a los amigos. ¡Salud!

  9. O caso é que os parroquianos do blog, mal que ben, saludámolo todos ó unísono. E ademáis, xa vamos adivinando que nos vén a falar do de sempre.
    Eso ten que valer de algo, digo eu.

  10. Grandes verdades, Juan. Yo odió la Navidad y creo que de un modo directo por todos los convencionalismos que acarrea. Si estas jodido en noche vieja, pues estas jodido. Pero no, hay que poner buena cara y estar feliz por narices. El mejor día de la Navidad es el 7 de enero.

  11. Buenas. Parece ser que el último texto que estaba escribiendo Mark Twain cuando murió versaba sobre la etiqueta. Uno de sus consejos acerca del comportamiento en un funeral era no llevarse nunca al perro cuando vas a uno.

    Como siempre, un magnífico texto. Saludos.

  12. A los funerales hay que ir siempre bebido, estoy de acuerdo, es lo único que evita que me dé la risa floja.

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