Búsquese un amante

Un mundial de fútbol es un lugar hosco y resbaladizo por el que, si tienes cierto aprecio a la vida, no debes caminar a solas con tu equipo. Hay alimañas. En un exceso de confianza, cualquier selección muere de un pírrico gol. O de varios. Es facilísimo. Un córner, un pase en profundidad cuyo trayecto discurre en parte por túneles, o un contraataque salvaje, pegando tiros al aire, como en un western de Sam Peckinpah. Incluso una combinación Pirlode toques cortos tan larga y exquisita que, cuando uno se da cuenta, descubre en el campo un tapiz flamenco del siglo XIII.

De una forma u otra, la eliminación siempre se abre paso, y te deja en la calle con la maleta sin hacer. El fútbol está repleto de historias de selecciones a punto de ser campeonas, eliminadas en primera ronda. Para cuando llegue ese instante penoso, es importante poseer un plan de fuga, y saltar en movimiento a otra selección. Vivimos en un mundo de historias que empiezan y no acaban. ¿O qué vas a hacer? ¿Irte a casa con los perdedores, precipitadamente, y fin de la historia? Cualquiera vagamente sagaz sabe que lo mejor que cabe esperar es evitar lo peor. Interesa encontrar un motivo para quedarse hasta la final y, si es preciso, ayudar a barrer a los operarios todo lo que ha dejado detrás el torneo (artículo completo en Icon).

Foto: Andrea Pirlo.

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Categorías:Fútbol, Literatura

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12 respuestas

  1. Franqueza, señores y señoras: todos sabemos de qué es capaz un italiano apuesto, estiloso y simpático cuando sale de su país de vacaciones.

    …ay! sono una peccatrice!!

  2. Su artículo ha resultado ser terriblemente agorero, tras el desastroso resultado de ayer. En fin, siempre nos quedará Sudáfrica para recordar. Hasta será entretenido evocar el balanceo de las caderas de Shakira, acompasándolo imaginativamente al ritmo de nuestra mecedora en el asilo de ancianos.

  3. Sin la culta Britania, con Italia pendiendo de un hilo, qué nos queda, Xoan. ¿Parece sensato acaso asirse a una Alemania sin Rummenigge? Uno está por pactar con el diablo y apostar por Costa Rica o por Hungría aunque no juegue. Le confieso que me siento completamente desnortado. Vago frente al televisor cual alma en pena y no acierto a comprender lo que sucede. Hace un rato al ver a Francia tuve la misma sensación que al leer el prólogo de la Fenomenología del Espíritu. Por cierto, ¿qué partido es el siguiente?

    • Lo importante, en estos minutos de zozobra, en los que todo lo seguro se tambalea, es agarrarse a la barra y seguir pidiendo de beber, aunque sea por gestos. Pronto todo volverá a su sitio, incluyendo el cura a sus misas. Siempre habrá un segundo perfecto en el que saltar al barco ganador y abordar el puesto de mando. Afilemos los machetes, porque habrá que sacar a alguien de su sutio para tomar su puesto

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