Pero aféitate, mamarracho

Era hermoso hacer las cosas sin ninguna razón, al tuntún, porque sí, porque estabas pensando en otra cosa, o tal vez en nada. Hay gente que todavía puede decir que dejó de fumar porque era domingo, estaba en casa descalzo y fuera llovía y el día anterior le habían robado el paraguas en la peluquería, y le producía una pereza barroca salir a comprar cigarrillos bajo el aguacero, así que sin valorar si sería bueno para su salud, se alejó del tabaco para toda la vida, entre bostezos, sin un porqué.

Ahora nuestras acciones transparentan casi siempre una compleja cadena de porqués. Todo es mensaje. No puedes vestir una camiseta sin que esa camiseta signifique algo que sirve para reafirmar tu identidad. Ni puedes Kingsley-Amisir a un bar sin sugerir que estás ahí porque ahí están los tuyos, y sois como sois. Ni siquiera puedes beber espontáneamente, con la cabeza hueca, y por eso reclamas a tu camarero «lo de siempre», como si hubiese una bebida especial para cada uno, y no todas.

Si teníamos alguna esperanza en que el mundo no tuviese un sentido, empecemos a perderla. La falta de sentido cayó en un lento desprestigio, como el bicarbonato. Nos pasamos la vida perdiendo cosas, diciéndole adiós con la mano, dándonos un besito en la punta de los dedos para despedirnos de nuestra madre, del verano, de la belleza, del trabajo, de la estupidez juvenil… Hace algunos años, mientras estudiaba en la universidad, dejé de afeitarme durante un par de meses. Atravesaba una depresión profunda, consistente en beber a lo loco, drogarme y pasármelo de puta madre a todas horas. «Cada uno se entristece a su manera», es mi teoría (artículo completo en El Progreso).

Foto: Kingsley Amis

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Categorías:Bares, Vida diaria

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9 respuestas

  1. Conforme en todo, amigo Tallón. Bueno, en casi todo. Voy por partes.

    Coincido en que es cierto que las barbas sirven para marcar distancias, para establecer jerarquías, y ahí están los conserjes barbados de las cajas de ahorro, que van barbados para diferenciar su cara de las caras rasuradas como culitos de niño que acostumbran a lucir ahora los integrantes de los Consejos de Administración de esas mismas cajas.

    Mírese, como ejemplo, la cara de Miguel Blesa. O la de Rodrigo Rato al que solo se recuerda que haya perdido la compostura durante un breve espacio de tiempo en que se dejó perilla para que se le reconociera poco, no vaya a ser, cuando saliese de paseo por la calle. Pero cuando don Rodrigo se enteró de que sus temores eran infundados (él nunca pasea por la calle, lo suyo son los pasillos de mármol cubiertos con alfombras de karakul tejidas a mano y las iglesias donde se verán imágenes piadosas), volvió a afeitarse con maquinillas de cuatro hojas platinum desechable.

    Sin embargo, no resulta tan cierto que el bicarbonato haya perdido prestigio.

    El bicarbonato, amigo Tallón, lo que ha perdido son aplicaciones. Ahora se cuecen pocos garbanzos en las casas. Esa es la razón, y no otra, por la que ha bajado el gasto en bicarbonato, cuyas propiedades para combatir el ardor de estómago se mantienen inalterables, tan inalterables que incluso ha subido de forma desorbitada su precio en las farmacias y no se descarta que pronto empiece a cotizar en bolsa ese producto, si como parece la CNMV le franquea las puertas.

    Por lo demás, el artículo glorioso, tan glorioso como el pipermín que se bebían los ingleses para acompañar el rodaballo.

    Por cierto, ese Amis, no es el Amis que aparece en Libros peligrosos, ¿verdad?

    Ah, gracias por avisarnos de que tiene Vd. nuevo libro en el mercado

    • Si me dice que el bicarbonato está a precio desorbitado me da una alegría, porque eso impedirá que desaparezca. Habrá ricos que lo adquieran por toneladas. En cuanto a Amis, el que aparecerá en ‘Libros peligrosos’ es Martin, el hijo de Kingsley.

  2. El mundo, el sentido del mundo, la pura filosofía… Joder, Juan, que largo se nos va a hacer hasta el próximo Mundial.

  3. Sigamos confiando en que no lo tenga, y por ello no sea verdad ese tenebroso pálpito del que parece estar teniendo, porque no habría bicarbonato bastante para aliviarlo.
    En cuanto a la barba, es una, pero se dice de muchas maneras, a mis hijos les digo que prefiero dares los besos en la cara limpita de pelos. Tonterías de madre.

  4. Ves, yo opino lo contrario que Keith Richards: las culturas cambian las barbas del mundo. Lo que antes eran barbas revolucionarias y hoy mismo son barbas Yihadistas, ahora las hemos reciclado en barbas hipster. Todo dios se quiere parecer al del anuncio de Trivago. Hay que joderse. Más que nada porque a mis 50 tacos solamente he podido cultivar una perilla de chivín y ya no voy a poder seguir la última modernidad. Hace unos años, por lo menos, “cuando todo era hermoso porque todo se hacía al tuntún”, podía decir que la llevaba en honor a Lenin, y encima quedaba la hostia de bien

  5. Yo antes me dejaba barba de dos días, imitando a Sonny Crockett en “Corrupción en Miami”, porque pensaba que ello me daba cierta prestancia de individuo atormentado por un pasado inconfesable. De paso, era el pretexto ideal para encubrir la pereza que me daba el tener que afeitarme todas las mañanas. Ahora resulta que han descubierto las verdaderas intenciones de los que pertenecíamos a ese gremio, y lo que antes era un toque de distinción, ha pasado a convertirse en señal inequívoca de dejadez y vagancia. Así pues, afeitarme a diario y sustituir el bicarbonato por la coca-cola como lenitivo para las digestiones pesadas, son mis dos mayores concesiones al siglo XXI.

  6. Juan, confieso que apenas ha pasado una semana desde que te descubrí. Pero, desde entonces, no he podido dejar de leerte. Tus artículos (o lo que se suponga que sea todo eso que escribís) me resultan geniales. Quizás impropios o inmerecidos para alguien que se llame Juan Tallón. Pero bueno, quién demonios es Cristian Rodríguez para juzgar tal cosa.

    Al grano. Como dije: no he podido parar de leerte. Pero me he topado con muchos escritos tuyos en los que en la parte de abajo (del escrito, claro) aparece el enlace para seguir leyéndolos en El Progreso u otros sitios que ahora mismo no estoy en condiciones de recordar. Pero cuando doy click me sale que el artículo (o lo que se suponga que sea todo eso que escribís) ya no está disponible.

    ¿Dónde los puedo encontrar completos? ¿En alguna taberna gallega?

    Por cierto, soy consciente de que este, llamémoslo artículo, es del 13 de octubre del año pasado. Y en realidad no sé qué putas anda haciendo Cristian Rodríguez escarbando tanto en lo que ha escrito el tal Juan Tallón. Me gusta suponer que porque ando en busca de una genialidad más de un gallego que se dedica a escribir, digamos artículos geniales.

    Saludos desde Honduras.

    P.D.
    En Twitter acabo de descubrir que también te llamás Xoan. Suena mejor, te diré.

    • Estimado Cristian, gracias por la visita. Me temo que de unas semanas hacia atrás, con motivo del cambio de web de El Progreso, las columnas anteriores han dejado de estar accesibles. Es cierto que podría subir al blog todos esos artículos incompletos, pero solo pensar en el trabajo ímprobo, me entran sudores y pensamientos suicidas. Y, aunque acabas de conocerme, seguro que no quieres que me muera.

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