«Me vuelvo al bar»

BarUn amigo periodista, y borracho, acudió a un congreso en Logroño hace algunos años. Salió de Madrid con un par de días de antelación para perderse por la región y dar rodeos como un idiota, a fin de conocer algunas bodegas. Pero la cosa salió mal. Al llegar al primer pueblo en el que le gustó lo que vio, bajó la ventanilla para preguntar en qué bonito lugar se había perdido. «Esto es Logroño, señor», le explicó una vecina. Mi amigo se llevó el disgusto de su vida por haber alcanzado su destino sin incurrir en un miserable extravío. Ni que decir tiene que subió la ventanilla –hacía un invierno que pelaba, aunque era abril– y arrancó con enorme determinación en su Seat Ibiza. Condujo con los ojos vendados para no cometer otra vez el mismo acierto. Cuando se detuvo para hacer pis, y advirtió que estaba en San Sebastián, sonrió con fruición (artículo completo en El Progreso).

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Categorías:Bares, Cine, Literatura, Vida diaria

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6 respuestas

  1. Cómo me ha gustado este artículo, felicidades…

  2. Brillante, señor Tallón. Hay que huir de las simplificaciones engañosas. Le contaré una anécdota: en el instituto en que yo trabajo, nos ofreció el jefe de estudios instalar en el ordenador de nuestras casas un programa informático que nos permitiría realizar la labor tutorial (pasar faltas, pedir o dar información sobre los alumnos, mandar sms a los padres, etc) sin necesidad de hacer cola en los ordenadores de la sala de profesores. Cuando acudí entusiasmado a jefatura para que me proporcionaran el software de marras, el jefe de estudios, al entregarme el pincho, me dijo que “lo único” que tenía que hacer era doble click sobre cierto archivo que me proporcionaría un número de clave. Una vez tomada nota del número, tenía que volver donde él para que me proporcionase el número de clave definitivo, con el que ya podría instalar el programa en mi ordenador. No sé ni dónde tengo el pincho. Le ruego la máxima discreción, no vaya a ser que la cuestión se convierta en vox populi y servidor pase a engrosar la abultada lista de funcionarios incompetentes.

  3. Qué sería de nosotros sin las perífrasis, los preámbulos, los circumloquios, los extravios, los rodeos alrededor de la casa a ver si recordamos lo que no queríamos hacer. Me siento redimida por las mil y una veces que he sido víctima de mis extravíos y me han zaherido por ello. Es usted como un calmante, vitaminado, y encima remata con Woody Allen. Jo, no se puede escribir mejor.

  4. Superar la visión de un progenitor en chándal, es algo para lo que casi nadie está preparado. Siempre quedan secuelas.

  5. lo que mas me gusta del viaje, es el trayecto. Llegar me entristece.

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