Comida sucia

Estaba en una esquina de la barra leyendo el periódico al revés. Fuera del bar era invierno y verano a la vez. Yo removía el azúcar del café con una mano, y con la otra pasaba páginas hastiado, como si todos los gestos de la vida albergasen un gran sinsentido. Me enfrentaba a uno de esos momentos anodinos e inexistentes en los que no piensas en nada, y te sientes liviano e inútil. Tal vez eso es lo que me permitió reparar en que al camarero, un tipo delgadísimo, con aspecto de leer a Kierkegaard, se le caía Margaret Thatcheruna croqueta de un plato al salir de la cocina. En un movimiento fulgurante, como desprendido de un rayo de luz, se agachó a recogerla. Sin más devolvió la croqueta al plato y continuó. Me fijé en que servía la ración en una de las mesas del fondo. Qué genio, pensé.

A punto estuve de sonreírle, en un tímido gesto de censura, pero de pronto me vi a mí mismo soplándole a un trozo de queso que se me había caído en la alfombra, y comiéndolo. El pasado está lleno de instantes sucios que nunca nos mataron. Hace algunos meses, científicos de la Universidad de Aston (Inglaterra) difundieron un estudio según el cual el 87% de nosotros comería un alimento que acabase de caerle al suelo. Y lo haría felizmente. Basta con que todo se haga muy rápido, para borrar el recuerdo del suelo.

Remover el pasado, como hice yo con el queso, no es algo que pase en balde. Puede dar pie a la formación de aludes. Enseguida recordé, como un castigo que se me imponía por casi sonreír al camarero, mis años de interno en un colegio de mercedarios, cuando me tocaba servir la comida a los frailes. Aquel escupitajo que dejaba caer en la fuente, durante el trayecto entre la cocina y el comedor, me parecía siempre un gesto insignificante y balsámico. Representaba mi respuesta pueril a las hostias que recibía. Me ayudaba a dormir (artículo completo en El Progreso).

Foto: Margaret Thatcher.

Anuncios


Categorías:Bares, Literatura, Vida diaria

Etiquetas:, , ,

15 respuestas

  1. El hombre que puso en funcionamiento sus cinco dedos para obsequiar con su semen a la lideresa tory debía ser un laborista equivocado y, además, debía ser diabético, seguro. Ignoraba que el semen, según avala el doctor John D. Moore (Universidad St. Austin de Carolina del Norte), hidrata la piel, alivia las jaquecas, el dolor de ovarios y las infecciones urinarias, facilita el crecimiento de las uñas, consigue que las permanentes de pelo sean más duraderas (acordémonos de los peinados imposibles de la Thatcher, o para no forzar la memoria conformémonos con ver la foto que lo demuestra) e incluso corrige la miopía. Si a todo esto, añadimos que Gordon Gallup y Rebeca Burch (Universidad Estatal de NY) sostienen que el semen resulta un antidepresivo natural, llegaremos a la conclusión de que Doña Margarita iba al restaurante referido en la crónica por todo eso y por algo más: ¡era una golosa!
    Por cierto, amigo Tallón, cuando vuelva al bar donde empezó todo pregunte al camarero con qué leche hacen las croquetas.

  2. Mantener esa fidelidad a un restaurante, hace sospechar… A mí siempre me pareció un tanto viciosilla… No le dé pistas a la Aguirre.
    No sé si es adecuado, pero me pareció maravilloso el obituario que dedica a Alvite. Merecer tal joya hace más liviano el tránsito.

  3. Su texto me recuerda cierta anécdota de escoceses (famosos, sabe usted, por su tacañería). A un escocés al que acababan de servir una cerveza le entraron ganas de ir al baño. Pero recelaba de que alguien, aprovechándose de su ausencia, le diera un tiento a la birra. Así que optó por dejar una nota al lado de la jarra: “He escupido en esta cerveza”. Cuando regresó, sintiéndose probablemente orgulloso de su ingenio, se encontró con que alguien había escrito algo debajo: “Yo también”.

  4. Mientras se cumpla la “regla de los 5 segundos” (avalada por prestigiosos estudios científicos), no tengo ningún problema en comer algo que haya caído al suelo. Aunque, arriesgándome a sonar finolis, haría alguna excepción. En el caso de que toque ciertos elementos, como por ejemplo semen, creo que no me lo comería. Por otro lado, tampoco lo he probado nunca, y la Thatcher parece que se aficionó bastante.
    Me reído mucho en el final, muy bueno. Saludos.

  5. Buenas Juan. Podrías indicarme la referencia bibliográfica de las entrevistas inventadas de Alvite que señalas en tu artículo de El País. Como sabes, también lo hizo Vila-Matas, influenciado por Truman Capote, que hacía sus entrevistas sin tomar notas, como la que le hizo a Marlon Brando y luego éste dijo que cuando lo viera simplemente lo mataría.
    A ver si puedes ayudarme. Me gustaría leerlas. Gracias

  6. La regla de los 10 segundos 🙂

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: