Parecía una tontería

Desconocemos qué ocurrirá esta noche, salvo que todo lo que ocurra será espeluznante. Hace ya tiempo que el Atlético se volvió un equipo terrorífico. Quizá no combine con fatal belleza, ni golee con las manos en los bolsillos. Pero, y qué. También en sus emboscadas habita cierta forma de esplendor. Retorno al pasadoHay noches que el exceso de virtuosismo constituye un lastre. «Yo no sé nada de música. En el género que toco no hace falta saberlo», decía Elvis del rock. En ese sentido, para ganar una eliminatoria que tienes perdida, sólo precisas un instante de oscuridad, y que el Mal actúe de fuente de placer. No importa que la suerte sonría momentáneamente al rival, ni siquiera que Messi esté de su parte. Cuando un equipo encarna el terror, le basta uno de esos minutos en que el Barça parece decirse a sí mismo «ay, pero qué feliz soy y qué guapo», para caer sobre él. Las cosas horribles desbancan a uno cuando vive instalado en lo mejor (texto completo en El País).

Foto: Retorno al pasado (1947), de Jacques Tourneur.

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Categorías:Cine, Fútbol, Literatura

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5 respuestas

  1. Até onte era de “partido en partido” e agora xa é “Hay que vivir cada minuto como si fuera el último”. Preparémonos para os noventa infernais e últimos minutos de hoxe no Calderón. Síntoo muito polos colchoneiros, pero a vantaxe é muita (con un goliño xa case estades liquidados, e temos quen os marca de tres en tres, non é por desanimarte) e se queredes pasar vades ter muito que bregar. En fin, que sigas en El País, que xa che lin tamén o do Alvite. Unha aperta.

  2. Carallo, se non me aparto. Pasáronse de intensidade. “Hay que vivir cada minuto como si fuera la última oportunidad de romperle las piernas al contrario.” (Próxima frase do Cholo).

  3. Cuando habla usted de fútbol me deja sin palabras, aunque lo mezcle con la muerte, que es uno de mis temas fuertes de conversación. Seguramente ya le conté que en los tiempos de la Universidad hacía fotos de bodas para sacarme un dinero (y ahora sospecho que jamás debí abandonar aquello como profesión), y en una ocasión el abuelo de la novia murió en el convite, en el brindis inicial. Se quedó tieso de la emoción, el pobre hombre. Lo suspendieron todo, pero las caras eran más de fastidio que de pena, lo juro. Una lástima que no me atreviera a echarles una foto a escondidas.

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