Quemaremos todo el dinero

En la vida llega una tarde vertiginosa, cuando tienes mucho dinero, en especial si no es tuyo, que el dinero te tiene a ti, y te arrastra de un lado a otro a gastos pagos, acaloradamente. Pobre. No hay defensa posible contra un dinero que te busca, desesperadamente, como pareja de baile. shirleyEse dinero tiene amigos, que a su vez tienen más amigos, que son unos hijos de puta, y te acorralan. No puedes escapar. La única salida es gastar toda la pasta que puedas, como los consejeros de Caja Madrid. A Gene Fowler, el periodista de la época dorada de Hollywood, le gustaba arrojarlo desde el vagón de cola del tren, con las dos manos. Puedo imaginar pocos gestos de una clase tan moldeada y sutil como lanzar billetes al viento. Si quitas esta vía, hay pocas más alternativas. Tal vez puedas emplearlo en alcohol, mujeres y coches, y el resto simplemente despilfarrarlo, como hacía George Best. Acorralados contra la pared, es también lo que hicieron los consejeros: pagar comidas, viajes, ropa, y quién sabe si algún que otro libro. Te da apuro, aunque te gusta, supongo. Solo con que te esfuerces vagamente, y pongas algo de tu parte, descubres que es inmoral permitir que un inocente se quede con su dinero. Le haces un favor.

Ni que decir tiene que la imputación de 78 directivos es un mazazo supremo. ¿Cómo esperar algo así? Si de alguien podías fiarte, justamente, era de unos tipos que dirigían una entidad financiera. Ahora ya nunca sabes quién te va a decepcionar, ni a qué hora. El mundo ha cambiado. Shirley Temple, sin ir más lejos, dejó de creer en Santa Claus a los seis años, cuando su mamá la llevó a verlo a unos grandes almacenes y el tipejo en cuestión le pidió un autógrafo.

Todos esos señores de Caja Madrid parecían también los últimos de quienes podías desconfiar, aunque nadie ignorase que estaban enfangados hasta las rodillas. Una cosa no guarda relación con la otra. En ocasiones, la putrefacción es un secreto, y algunos secretos salen indemnes del tiempo gracias a que todo dios está al corriente y no se los revela a nadie más. Creo que Shirley Temple se hubiese sentado también en las rodillas de los imputados. Eran hombres buenos. Simplemente no supieron hacer frente a los peligros, como en el pecado original. Los placeres mundanos te acarician siempre con suavidad, te engañan, y tú caes rendido. No es culpa tuya, que en el fondo eres un santo. Sí, la Visa acarrea sus incomodidades, pero te acostumbras. Quién dice que la vida sea fácil. Estos gastos con tarjeta te duelen más a ti que a nadie, joder.

Foto: Shirley Temple.

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Categorías:Cine, Vida diaria

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1 respuesta

  1. Ya lo explicaba muy bien Tolkien en “El señor de los anillos”: si te lo pones, estás perdido. Acabarás siendo tan malo como el mismísimo Sauron. Creo que solo hubo dos directivos que no hicieron uso de las famosas tarjetas. Los Frodo Bolsón de turno (lo de Bolsón no pretende ser una ironía por lo de la salida a bolsa de Bankia). Le diré que yo también dejé de creer en los Reyes Magos a edad muy temprana, cuando me di cuenta de que la barba que lucía uno de ellos (creo recordar que Gaspar) era, en realidad, postiza. Algo parecido me ha pasado recientemente con Podemos. Y con Gaspar Llamazares.

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