El efecto del whisky

Mirar la clasificación en busca de tu equipo representa uno de esos lujos descabellados y baratos que te permites un par de veces a la semana. Es mejor que fumar. En mitad de un lunes terrible, la clasificación funciona como un reducto, a semejanza de un after a las diez de la mañana, o de un club privado en el que sus duras normas de comportamiento te consienten poner los pies sobre la mesa. Bill Shankly, que era esa clase Bogartde entrenador que sabía cómo ganar un partido con una frase, confesaba que cuando no tenía nada que hacer, miraba debajo de la clasificación para ver cómo iba el Everton. A un maravilloso cabronazo como él, que disfrutaba con las desgracias de sus vecinos, esas vistas le proporcionaban felicidad.

Cada uno encuentra en la clasificación su placer implacable, cortado a medida. Algunas semanas la consultas para comprobar si ya has muerto. Hace la vez de esquela. Ocurre en esas temporadas gélidas, cuando a mitad de otoño tu equipo tiene tres pies en el descenso. No son vistas agradables, pero te surten de mesura. Recuerdan a cuando el papa Inocencio IX encargó un cuadro en el que aparecía representado en su lecho de muerte, y que contemplaba antes de adoptar decisiones críticas (texto completo en El País).

Foto: El sueño eterno (1946), Howard Hawks.

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Categorías:Fútbol

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4 respuestas

  1. Su artículo me recuerda a cierta respuesta dada por John Lennon cuando en una entrevista le preguntaron si le interesaba el fútbol: “Solo los resultados”. Yo soy un poco de la misma escuela. El equivalente deportivo de los que prefieren que les cuenten una película o una novela, en vez de comprar el libro o ir al cine. Cuestión de economía, supongo. Y de tiempo.

  2. Entiendo que no viene a cuento porque en esta ocasión (El sueño eterno) se bebe moderadamente, apenas para empapar el píloro, o un poco más que el píloro, pero no mucho más. Faulkner y los otros guionistas, puestos a las órdenes de Hawks, se comportaron para que Marlowe llegara al final del rodaje de la película sin perder los papeles (por lo menos los periódicos no dijeron lo contrario). Pero esa botella de whisky, que es lo que importa,, amigo Tallón, invita a bailar el tango con Simeone, sin olvidar que, como nos advirtió el tanguista Virgilio Expósito jamás perdurarán los poemas de los bebedores de agua.
    Que dure la salud para seguir viviendo momentos de gloria.

  3. Entre los mejores momentos de la vida de alguien hay siempre uno en que estabas acodado en la barra del bar, hojeando un periódico deportivo, supongo. La barra del bar es la verdadera patria del ser humano. Sospecho que Aristóteles ya lo intuyó. Imagino que es consciente de que a su Atleti le queda todavía trabajo que hacer. No irá a creer que el repaso aquel fue todo. Saludos Tallón.

  4. A propósito, voy a tapar el sol con un vaso de whisky. Que con algo habrá que hacerlo.

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