Una buena novela

EN SECRETO, la realidad posee estructura de ficción. Tal vez por desesperación, a veces alcanza un punto en el que abandona su realismo con un portazo e imita a una buena novela. ‘Buena novela’ en un sentido amplio, incluido el de mala novela, lógicamente. Se trata de un movimiento escapista, brusco, instintivo, como el de un perro que se sacude al salir del agua y lo deja todo perdido. La Canettirealidad a secas resulta casi inhabitable. Nos acostumbramos a ella porque nos acostumbramos a todo. Pero en su peor versión, no posee mucho más tono que un chicle que se mastica durante horas.

Tengo un amigo que en sus peores días, cuando las horas adquieren textura medieval y deshabitada, solo encuentra consuelo en la novela policiaca. Lee una o dos por día, casi como un tic. Me hace pensar en Elias Canetti, cuando se preguntaba, muy atormentado, qué pasaría si un día leyese todos los libros. Supongo que la atmósfera del género, su ética, los cadáveres, esa gente que se desplaza de un lado a otro con pistola, es lo que le provoca alivio. Gracias a él supe de La huella del crimen, de Raúl Waleis, la primera novela policial en lengua española, publicada en Buenos Aires en 1877. Hay una clase de hastío que solo se supera agarrándose a algo tan firme y fiable como una novela negra. Es el último clavo ardiendo al que te aferras antes de ser absorbido por la cruda realidad.

Pero a veces, como digo, no se necesita acudir a un libro. La propia realidad asume su aspecto y copia sus mecanismos internos. Un ejemplo perfecto es la muerte del fiscal Nisman dentro de la bañera de su casa, en Buenos Aires. Causa emoción la manera en que todo se embrolla, como cuando un gato impone su ley sobre un ovillo de lana, y lo destroza. Por momentos, los hechos parecen llegados directamente de la habitación de los guionistas, que a su vez parecen llegados directamente desde la barra del bar (artículo completo en El Progreso).

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Categorías:Literatura

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4 respuestas

  1. Decía Juan de Mairena que qué importaba para la credebilidad de un poema si la amada existía o no, si existe el amor.

    Creo que lo que explicas de Borges y Bioy es una práctica habitual por parte de la crítica, y de los profesionales de la edición, y de los lectores de patilla. Ocurre que ejecutado por ellos, por los B B, hace gracia, pero tiene bien poca.
    Eh!, que lo digo sin bilis, que tu entrada me han encantado

  2. Ya veo que el comentario no te ha hecho ni puta gracia, ¡qué le vamos a hacer!

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