Mi pistola y yo

Me pregunto cómo sería de emocionante, incluso de insulsa, mi vida si tuviese una pistola cargada. Es una de tantas preguntas estúpidas, extemporáneas, a las que en ocasiones se debe hacer frente sin querer, como si atracasen a uno por detrás, a la salida del banco; ante la posibilidad de morir acribillado, cualquiera preferiría responder. No me refiero a tener una pistola, digamos, y usarla de vez en cuando, para pasar una tarde amable, aunque sólo sea contra una lata de tomate triturado. Me refiero simplemente a tener una pistola oculta entre un juego de sábanas, en el armario de invitados, yBorroughs que nunca sacas de paseo, por miedo precisamente a agarrarla con la mano. Está ahí, en ese sitio oscuro y olvidado, y no quieres saber nada más. No la usarías ni loco, tal vez ni siquiera sepas para qué sirve, pero jamás te desprenderías de ella. Repito la pregunta, por si la he olvidado: ¿cómo sería mi vida si tuviese una pistola en casa? ¿Sería una historia de miedo? ¿Tal vez de suspense? ¿O una historia de amor?

Todos nos enamoramos algún día de un objeto inofensivo, como un reloj, una novela triste, o un sofá comodísimo y feo. Pero de vez en cuando no podemos sustraernos al amor por un objeto peligroso, que nos hará felices y desdichados. Pienso en un cigarro o una curva tomada a toda velocidad. Hay también casos de ciudadanos desesperados que se hacen abstemios hasta la extenuación y se enamoran de una pistola. Hablamos de un amor medieval e intacto por la misma pistola que seguramente un día sirva para que los maten. Pero es difícil sustraerse a un dolor (artículo completo en El Progreso).

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Categorías:Vida diaria

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7 respuestas

  1. Gran artículo. Un placer leerte.
    (Por cierto, William S. Burroughs acojona con ese rifle.)
    Un saludo.
    José Yebra

  2. Me he reído muchísimo con el “¿a dónde dice este subnormal que va?”. Seguro que era una madre la que preguntaba. Muy bueno todo el texto.

  3. Deliciosa la caracterización de la panoplia de armas como foco de actividad social, como si se tratara de una bandeja con pastas. Pero debo confesar que discrepo de usted en algunas cosas. Porque siempre me han inspirado cierta aprensión las personas aficionadas a las armas. Una vez perdí la oportunidad de tener una aventura con cierta señora que estaba de muy buen ver, pero que me contó que siempre dormía con una pistola debajo de la cama, por si acaso. Me vinieron a la mente escenas de “Atracción fatal” e “Instinto básico”, ambas protagonizadas por Michael Douglas. Me intrigó el tono con que dijo “por si acaso”. ¿Por si acaso no quedaba a gusto tras la faena? En tales circunstancias, bajo tanta presión, creo que es inevitable tener un gatillazo. Y nunca mejor dicho.

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