Es bonito comer ratas

La improvisación tiene detractores y tiene partidarios. En la misma medida provoca menoscabos y otorga ventajas. Depende. Hay gente que no puede vivir sin ensayar, organizar, prever cada factor de cambio con adelanto, porque la idea de enfrentarse a algo nuevo sin una bala, como quien dice, siempre en la recámara, equivale para ellos a caer al vacío desde un edificio de trescientas plantas de altura. Digo trescientas porque, sinceramente, aborrezco cuando me quedo corto en las comparaciones. En el lado opuesto se hallan los que inventan una salida quincy-jones1en cada minuto de la vida, o de lo contrario los días le sabrán a plástico viejo y quemado. Lo digo desde ahora: yo estoy con estos. Lo estoy en tal medida, que desconozco de qué demonios tratará esta columna.

Entre los personajes que improvisan me vuelve loco Emil Cioran, un hombre que solo tenía la sensación de resultar eficaz, de estar haciendo algo positivo, cuando se tumbaba en el sofá para interrogarse indefinidamente, sin objeto. Nada de planear. Si hay que hacer algo, ya se hará en su momento. También es la línea de Bogart en Los violentos años veinte, cuando el gánster al que interpreta aconseja que «si tienes algo que hacer, lo mejor es que lo haga otro». La gente que prevé, calcula, mide, es partidaria del trabajo ímprobo, y nada más dañino para el organismo. En cambio, los individuos que no prevén nada en absoluto, ni siquiera qué van a comer este mediodía –pongamos que cuando usted lee esto son las 13.35 horas–, es partidaria de cierta dosis de tedio, y por lo tanto de sofá. Prever cansa. No tienen plan, pero están tumbados.

No hay como estar desesperado, decía Quincy Jones, y tener que comer ratas de desayuno. No tardas demasiado en encontrar otra cosa para la cena. Las ratas están bien solo para una vez. Mi admiración se inclina hacia esos individuos acorralados por las circunstancias, capaces de inventar siempre una salida a una situación agónica. Se niegan a comer ratas. Produce gozo ver cómo se las ingenian, aunque sea con un gato estofado (artículo completo en El Progreso).

Foto: Quincy Jones.

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Categorías:Cine, Literatura, Vida diaria

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3 respuestas

  1. Yo también soy del equipo de la improvisación. De hecho, cuando el enlace me ha dirigido al periódico, me he quedado mirando la foto de Kim Kardashian y ya no he seguido leyendo.
    Un saludo.

  2. Como hubiese dicho Eugenio: ¿Leyendo? ¿Había algo que leer?

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