Correr para nada

Algunas mañanas salgo a correr porque ese es el único modo, cuando regreso reventado a casa, y cojo, de sentarme a escribir plácidamente. En cierto sentido, corro para hacer otras cosas. Casi corro sin querer, por equivocación, porque me informaron mal. Cuando me cruzo con uno de esos conocidos que bajan por la calle fumando un cigarro apagado, y me dice que el otro día me vio haciendo deporte, me veo obligado a corregirlo. Gil de Biedma«Querrás decir –le explico con buenos modales–, que me viste escribiendo. Yo a veces escribo por otros medios».

Estas confusiones en las que incurren los conocidos no hay que dejarlas pasar como si fuesen aciertos. Es bueno que sepan, para que no se hagan la idea de que escribir es de cantamañanas, independientemente de que lo sea, que escribir constituye una empresa tan compleja y sutil, que cuando no estás escribiendo, en realidad no paras de hacerlo. Le pones un ejemplo para que lo entienda: ¿sabes cuando un detective espía los movimientos de alguien, y entretanto aparenta leer un periódico en una terraza, o hacer una llamada anacrónica desde una cabina de teléfonos? La escritura requiere muchas veces que disimules su maniobra.

Esto todo no quita para que haya gente que corra para correr, precisamente. Escribir se la refanfinfla. «¿Escribir para qué?», preguntarían algunos, y con razón. Ellos corren a propósito, con toda la intención; si es preciso a lo largo de dos horas seguidas. Se llaman a sí mismos ‘runners’, y se toman el ejercicio tan en serio, en términos de salud y competición, que de algún modo te recuerdan que tú fumas, bebes, y en general llevas una vida sanísima, o al menos divertida, que por nada del mundo querrías cambiarla por otra mejor. No existe nada más bonito que toser de vez en cuando, padecer resacas pensadas para osos, o leer novelas debruzado en el sofá, en lugar de ir a trabajar (texto completo en El Progreso).

Foto: Gil de Biedma.

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Categorías:Literatura, Vida diaria

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7 respuestas

  1. Yo no corro para escribir, pero tampoco corro por correr… me ha llamado la atención caer en la cuenta de que siempre se corre por algún motivo, y la mayoría de las veces, este motivo no es el correr en sí mismo.
    Besos!

  2. Uno se casa para tener un testigo de su vida. Alguien agrafo, por supuesto, que pueda dar fe. Con salir a correr, ahora ocurre algo parecido. Uno lo hace porque los demás deben saber que lo haces. Antes era diferente, como usted muy bien ha dicho. Se corría porque sí, incluso porque no. Y eso es tan absurdo e interesante, como decirle a una chica a las tres de la mañana si quiere subir a ver tu colección de sellos.
    Un saludo.

  3. Cuando se enteren todos esos de que correr es malo…donde esté un buen sofá que se quite el trote sin sentido.

  4. El correr de los adultos carece de autenticidad. Suele responder a un plan y requiere preparativos. Y abluciones tediosas cuando regresas de la peripecia. Mas tarde surgen dolores imprevistos. Echo de menos las carreras espontáneas de los niños, como una manera natural de desplazarse, sin explicaciones, sin destino al tuntún.

  5. Un amigo corría para hacer reseñas de discos. Lo mio era el ciclismo lento, que ahora va hacia el abismo a velocidades alumínicas. Del maillot amarillo, me temo, solo queda literatura.

  6. Tallón, aínda que nada teña a ver con correr, onte dei no mercat de Sant Antoni con esta “metamorfose” traducida por CÉSAR AIRA e da que nada sabía. Que me desculpen os corredores do blog e que comprendan que hai cousa de 15 anos tiven que deixar de correr por culpa da “tendinitis” e xa non che digo agora cos meniscos “pulverizados”. Que sigan disfrutando do bon correr, que outros non podemos.

    http://www.canallector.com/4732/La_metamorfosis

  7. Yo corría. Y la verdad es que solo me sentía bien cuando paraba.

    Mailer, que también lo hacía, no había oído de ningún escritor al que le gustara correr. ¿Quién deseaba descargar la brillantez mental a través de los tobillos?, se preguntaba. Una noche se presentó en una casa africana a las tres de la mañana, espero una hora, y con la sopa de pescado y el bistec flotando en su estómago, más la tónica con ron, el helado, el vodka y el zumo de naranja como guarnición, salió a correr con Alí. 5 kilómetros.

    Tenía cincuenta y un años; mi edad. Ni en cinco vidas que uno viviera encontraría un momento así.

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