Una fiesta sin fin

La tarde avanzaba a pequeños pasos, para no tropezar con la luz. Esa melan-colía con la que sucedían las cosas en Francia fascinaba a Jay, que encendió un cigarrillo y reclamó otro whisky canadiense con vermut rojo y una gota de angostura. Lo hizo con un gesto americano, sin traducción al francés, pero que el camarero Gatsby-Bovarydel Ritz entendió a la primera. En espera del whisky ojeó Le Petit Journal y reparó en una de esas noticias pequeñas que escondían a propósito para que no pasasen desapercibidas. El ilustre tenor Edgar Lagardy, según la nota, cantaba al día siguiente en Ruán, al noreste de París. No habría más que una función, y después se iría con Lucía de Lammermoor a Inglaterra, donde estaba contratado “por unos grandes emolumentos”. El magnate estadounidense había leído historias increíbles sobre Lagardy, del que decían que viajaba con tres amantes y un cocinero, y que disfrutaba tirando el dinero y la salud por la ventanilla. No podía perder la ocasión de escucharlo y lo organizó todo para salir esa misma tarde (artículo completo en El País).

Anuncios


Categorías:Sin categoría

2 respuestas

  1. Gran homenaje al maestro FitzGerald, aunque también percibo algunos ecos del gran José Luis Alvite. Su prosa hiende con la precisión del bisturí, Tallón.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: