El mejor escritor del mundo

Nada se parece al miedo de un escritor a no ser el mejor. En la noche de todo autor existe un sueño temido en el que atisba que es flojucho, de segunda división. De pronto, presiente que nadie se acordará de él pasado mañana. Se trata de un miedo evanescente, como de humo de cigarro, que dura unos apáticos segundos, que son como los días rojos a los que se refiere Audrey Hepburn en Desayuno con diamantes. En un día negro se está triste «porque se ha engordado o porque llueve. Pero los días rojos son terribles. De repente, uno tiene miedo y maquinano sabe por qué». Cuando despierta de ese temor borroso, el autor sigue escribiendo, por si acaso al final fuese el mejor escritor del mundo. Es sabido que a veces los sueños no se cumplen.

El escritor de verdad, atrapado en su vocación de infelicidad, sabe que lo más importante es escribir, aunque se autodestruya. Desea seguir escribiendo aun cuando la derrota esté cantada. Tal vez nunca sea el mejor, pero querrá escribir como si ya lo fuese. En su cabeza lo es. No sería escritor en caso contrario. Ferrater Mora afirmaba que un escritor «está condenado, lo sabemos todos, a caer un poco por debajo de su meta. Por ejemplo, si yo pretendo ser Musil y caigo un poco más abajo, pues ya es bastante más arriba. Pero si pretende ser como un autor de cuarta fila…» (artículo completo en Jot Down).

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Categorías:Literatura

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6 respuestas

  1. “En este sentido, un escritor debiera acometer libros, en la frontera del fracaso, que no sepa escribir.” De hecho esa siempre ha sido la literatura que más me ha interesado, la del texto que guía la mano del escritor (y no al revés), un escritor que, a la manera del lector, avanza por los versos y páginas como a través de una espesura eternamente enigmática e indómita. Un cordial saludo.

  2. Enhorabuena, Tallón. Su artículo tiene claros efectos terapéuticos. Ayuda al escritor mediocre a reconciliarse con su mediocridad. Y a saberse necesario. Del mismo modo que no todos los médicos son Fleming y, sin embargo, siguen haciendo falta. Donde haya un escritor, aunque sea de segunda fila, siempre habrá un inconformista en potencia. Y eso para mí lo justifica todo. Gracias por dedicarnos al oído estas hermosas palabras de aliento.

  3. Sí, eso decía Bolaño, que el escritor es como el gladiador: se ve obligado a salir a la arena aunque sepa que va a perder la vida.

    Yo soy mediocre, porque no arriesgo, porque no me dejo la vida en el empeño. O porque soy consciente de que, aunque arriesgue la vida, no voy a dejar de ser mediocre. Esa es mi tragedia

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