Tu coche y tú

Durante muchos años quise tener un Volkswagen Golf GTI MkII. Comenzaban los años noventa, entrabas en la universidad, y unos días soñabas con tener ese coche y otros con comprarte tu primer ordenador, para volverte un escritor diferente al que eras cuando escribías a máquina, más silencioso, y sangriento, con inclinación a pulsar la tecla “borrar” y suavemente eliminar frases enteras. Después de todo, a los 20 años Cocheescribir consiste en llenar páginas sin parar, maravillosamente escritas, para luego arrojarlas a la basura, porque no se puede escribir peor. Aquel Golf GTI MkII era ‘el coche’. En una determinada etapa, para mi generación, ese vehículo representó lo máximo a lo que se podía aspirar. Ni las zapatillas Air Jordan, ni entradas para Depeche Mode o Bruce Springsteen, ni el hachís de Marruecos. Nada se comparaba a tener un Golf GTI MkII. Acababas estableciendo con el vehículo una relación filial, de hermanos. Incluso de pareja.

Aún transitábamos por esos años en los que podías fiarte de tu coche. No importaba si una tarde te dejaba tirado en mitad de la nada, en una carretera secundaria, viendo salir humo del motor. Los coches representaban todavía un símbolo al que rendir pleitesía. No necesitabas bandera, ni escudos, ni patrias, pues tenías tu vehículo. El Golf de los noventa era una nación, casi un Estado (columna completa en El Progreso).

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Categorías:Vida diaria

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4 respuestas

  1. ¡Qué proverbial lucidez, señor Tallón! Tan solo superada por la de cierta canción de Queen, en cuya letra el autor declara su intención de, puestos a elegir entre su novia y su coche, decidir a favor de este último. Motivo: “los coches nunca discuten.”

  2. En mi época suspirábamos por uno de esos Ford Munstang de que presumían sin parar los emigrantes a Alemania que volvían al pueblo por las fiestas. Pero el que más podía se conformaba con un Mini Morris de esos que como te descuidases te abollaba el culo una piedra suelta de cualquier camino de Galicia…

  3. Pues sí, yo adoraba un Mini Cooper que mi primo traía de Madrid (trabajaba en un Banco – ya desaparecido). El mini, creo era de tercera o cuarta mano, y siempre había problemas con las humedades que afectaban al “delco” y el coche empezaba a fallar, tardábamos de Verin a Madrid seis horas, si el “delco” no se humedecía por la lluvia. Parada obligatoria en “el Padornelo”
    Por cierto “Almacenes Recaredo Romero” tenía unos mostradores impresionantes que proporcionaban al dependiente un conocimiento y autoridad capaz de convencer con solo entrar. Allí en el año 69 mi madre me compro mi primer “tabardo” de piel con cuello de borrego (un dineral para la época 2500 pts. ……………… )

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