La traición del reloj

No uso reloj, aunque tengo tres o cuatro. Me gusta mirarlos de vez en cuando, para saber que están parados, en el dique seco, muertos, y que pese a todo se encuentran bien. Un reloj sin respiración, varado siempre en la misma hora, simboliza un lugar recóndito e inexpugnable. Es una isla desierta, paradisíaca, en la que tienes a tu alcance cuanto necesitas, y la tranquilidad Keatonde que nadie te molestará con chorradas. En movimiento, sin embargo, los relojes me ponen nervioso; me recuerdan que tengo cosas que hacer. Son la voz de tu madre preguntando si has hecho la cama, si has bajado a tirar la basura, si has limpiado los pies antes de entrar en casa, si has acabado los deberes, si has llamado a la abuela por su cumpleaños, si has puesto la mesa, si te has cepillado los dientes…

Su ‘tic tac’ fingido te asfixia con una especie de llave de artes marciales. Un reloj es la cuerda alrededor de tu cuello, tal vez con aspecto de joya, decorativo, bellí- simo, pero que antes o después acatará su naturaleza, igual que un escorpión. En secreto, un reloj siempre conspira contra su dueño. Te rodea lentamente, con enorme sigilo, y cuando pareces distraído, cae sobre ti con todo tu peso. De pronto, con el reloj encima, y sus horas acumuladas —en un reloj se agolpa todo el tiempo transcurrido desde el día que lo compraste—, ya solo eres un mequetrefe a merced de las prisas. (columna completa en El Progreso).

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Categorías:Vida diaria

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4 respuestas

  1. Magnífico texto. De todas formas, en lo referente a perversiones contemporáneas, nada más infame que disponer de una agenda, mil veces peor que el más criminal tictac. Un cordial saludo.

  2. Das en e clavo. Si no llevas reloj te miran como a un adolescente (o no) que no lleva movil de ultima generación. Ademas a mi me ocurre lo mismo con el calendario………

  3. Su anécdota del despertador de los abuelos me recuerda cierta perversión a la que se entregaba mi hermano los domingos, poniendo el despertador para darse el gusto de apagarlo. Por lo que respecta al ámbito de la ficción, me viene a la mente la memorable escena de “Hook”, cuando el Capitán Garfio se recrea “escuchando” el silencio de los relojes parados. Memorable.

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