Jódete

Durante una época estudié en un colegio privado, y desde esos días experimento un extraño y salvaje placer cuando alguien dice “Jódete” o “Vete a la mierda”, incluso cuando lo digo yo. No son la clase de frases elaboradas que te permitían emplear los frailes para dirigirte a ellos con educación, aunque por dentro las pensabas todo el rato. Aquel exceso de buenos modales que nos enseñaban delataba, en el fondo, una falta absoluta de modales. Nunca hay que rehuir un improperio porque sí.Cash En ciertas circunstancias sirven para respirar por el orificio que abren en la conversación. Si se pronuncian bien, y en el minuto adecuado, constituyen una modalidad de música, como el silencio.

Hace algunas semanas, en una fiesta de Navidad a la que me llevó un amigo, me presentaron a un señor de unos cincuenta años, cordialísimo, y algo antipático, que no dejaba de decir “hay que joderse”. No costaba demasiado concluir que, en general, consideraba que el mundo era una puta mierda, aunque no le importaba en absoluto porque había bebida de sobra. Estaba ligeramente borracho, aunque me pareció una de esas borracheras perpetuas, tradicionales, equivalentes a la sobriedad total, en las que el tipo se manejaba con la naturalidad del que está en casa, durmiendo (artículo completo en El Progreso).

Foto: Johnny Cash

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Categorías:Bares, Literatura, Vida diaria

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9 respuestas

  1. Me encanta este texto. Tiene la lucidez de un vaso vacío. Hay que joderse.

  2. Caray Tallón… Hoy has sembrado las perlas con generosidad. ¡Qué profusión de bellas frases! Me lo voy a leer otra vez detenidamente antes de ocuparme de mis asuntos.

  3. Cordial y antipático… La diferencia la marca el joder o el irse a la mierda? Si se daba por jodido normal que fuera antipático, lo que no entiendo es la cordialidad…o es un atisbo de esperanza o quizás no había tanta bebida.

  4. Menos mal que no le preguntó: “¿Cuáles son tus principales influencias literarias?” Me pone de los nervios semejante impertinencia. Es como preguntarle a una mujer la edad, o a un cocinero por su receta, con el agravante de que, encima, no tengo ni puñetera idea. La pregunta referente al tipo de libros dejaba traslucir, en el fondo, su falta de interés. Un mero pretexto para darle conversación a la copa. Lo peor que podría haberle pasado es que se llegara a interesar de verdad por su arte. Créame que fue usted afortunado.

  5. Sólo era por filosofar un rato

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