Un placer barato y vulgar

Hubo un tiempo en que el fútbol era un placer barato y vulgar, no exento de clase, que se jugaba en domingo, igual que la misa. No costaba nada encariñarse con él. Las ganas de ir al estadio, y coronar la semana con noventa minutos gloriosos, no chocaban con el precio que había que pagar por la entrada. Creo que por los mismos días, esta vez en una modalidad de éxtasis vulgar y barato, los cubatas costaban doscientas pesetas, y tenían un sabor rudo y auténtico. Como para no aficionarse. A veces incurrías en los dos placeres de una El apartamentotacada, en un gesto táctico; apenas dejabas las gradas, te dirigías al bar con tu dineral casi intacto, y pedías dos copas, una para beber rápido, sin sentimentalismos, y otra más despacio, mientras desgranabas el partido a gritos, pues cuando finaliza, el fútbol continúa por otros medios.

Pero los días se fueron encareciendo. Murieron las pesetas. Los fichajes se desmadraron. Se despedían entrenadores, se contrataban y se volvían a despedir. Los periódicos deportivos, como si hubiesen dado una vuelta entera al diccionario, repetían en sus portadas las palabras “fantástico” y “extraterrestre”. Murió el suspense en los carruseles de la radio. En algunos casos moriste tú también. Cuando nos dimos cuenta, el fútbol ya estaba en manos de hombres de negocios (columna completa en El País).

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Categorías:Bares, Fútbol

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